Es el director del documental "La vida después de Guantánamo"

Esteban Cuevas y la crónica de una liberación a medias

El mediometraje, que se puede ver actualmente a través de la plataforma Cont.ar, aborda la odisea de Jihad Diyab, que tras estar trece años detenido sin juicio en la cárcel de Guantánamo, fue a parar a Uruguay por un acuerdo, pero allí tampoco se respetaron sus derechos. 
Cuevas es también codirector de Latinoamérica, territorio en disputa, que realizó junto al actual ministro de Educación, Nicolás Trotta.Cuevas es también codirector de Latinoamérica, territorio en disputa, que realizó junto al actual ministro de Educación, Nicolás Trotta.Cuevas es también codirector de Latinoamérica, territorio en disputa, que realizó junto al actual ministro de Educación, Nicolás Trotta.Cuevas es también codirector de Latinoamérica, territorio en disputa, que realizó junto al actual ministro de Educación, Nicolás Trotta.Cuevas es también codirector de Latinoamérica, territorio en disputa, que realizó junto al actual ministro de Educación, Nicolás Trotta.
Cuevas es también codirector de Latinoamérica, territorio en disputa, que realizó junto al actual ministro de Educación, Nicolás Trotta. 

Jihad Diyab estuvo casi trece años detenido en la terrorífica cárcel de Guantánamo, eufemísticamente denominada como campo de detención estadounidense de alta seguridad para acusados de terrorismo. En 2014, por un acuerdo entre el entonces presidente de Uruguay, José "Pepe" Mujica, y su par de Estados Unidos, Barack Obama, Diyab llegó a Uruguay junto a otros cinco ex detenidos, conocidos como “Los 6 de Guantánamo”. La libertad no fue lo que esperaba. Su situación en el país oriental se volvió cada vez más delicada: el dinero otorgado por el gobierno uruguayo no era suficiente, vivía hacinado junto a los cinco compañeros y no pudo reencontrarse con la familia. “Los 6 de Guantánamo” fueron capturados en Pakistán y estuvieron detenidos desde 2002 sin ser juzgados y sin pruebas que los inculparan. En Montevideo, Diyab deambulaba bajo un estatus legal indefinido. Su madre es sirio-argentina y a él le gustaría venir al país. Tiene 43 años, es sirio y dice que vendía miel en Afganistán cuando Estados Unidos comenzó con los bombardeos.

Su historia es contada en La vida después de Guantánamo, documental surgido como un proyecto de la Revista Anfibia, que fue dirigido por Esteban Cuevas, conducido por Gisela Busaniche y que contó con la dirección general de Cristian Alarcón, a comienzos de 2016. Este mediometraje se puede ver actualmente en Cont.ar, la plataforma pública y gratuita de contenidos audiovisuales, que depende de la Secretaría de Medios y Comunicación Pública. Cont.ar creció de manera exponencial en el transcurso de 2020 con su propuesta de películas, documentales, series de ficción y programas científicos y educativos de origen nacional. Y tiene más de un millón de usuarios.

"Nos llegó la noticia de que seis ex detenidos de Guantánamo habían sido recibidos por el gobierno uruguayo. Hasta ahí era una noticia que había llegado a los medios de comunicación, a los noticieros de la Argentina. Nosotros consideramos que había un tema para contar cuando nos llegó la información de que esos seis ex detenidos no estaban transitando la realidad que ellos esperaban”, explica Cuevas en diálogo con Página/12. Es que, según expresa el documentalista, se habían incumplido los arreglos que habían acordado los dos países una vez que los detenidos fuesen liberados.

Al comenzar a investigar y ponerse en contacto con una red de personas que estaban ayudando a los ex detenidos en Uruguay, el equipo vio que la liberación de estos hombres "era una liberación a medias", según relata Cuevas, codirector de Latinoamérica, territorio en disputa, que realizó junto al actual ministro de Educación, Nicolás Trotta, (actualmente también disponible en Cont.ar). "Ellos salieron de Guantánamo, después de estar trece años detenidos, sin pruebas que demostraran su culpabilidad y se encontraron en ese momento en Uruguay y no podían salir de ahí. Sus derechos eran muy limitados", afirma Cuevas.

-¿Por qué cree que se incumplió lo previsto?

-No hay evidencias que puedan comprobar por qué se incumplió. Cuando empezás a recolectar diferentes casos que ocurren a través de todo el mundo de ex detenidos de Guantánamo que son liberados, empezás a encontrar un patrón. ¿Cuál es? El 90, 95 por ciento de los ex detenidos son llevados a lugares que nada tienen que ver con su nacionalidad, ni siquiera con su cultura. Los dejan en un lugar donde les es muy difícil desarrollarse. Culturas completamente diferentes. Y cada vez que uno de ellos intenta salir de ese país, inmediatamente es detenido. Lo mismo les pasaba a los seis ex detenidos de Guantánamo. Algunos de ellos intentaron salir del Uruguay pero no pudieron. Y no pueden porque no hay ningún país que los reciba. Entonces, uno empieza a notar que hay ciertos acuerdos extra verbales, implícitos, no hay documentación de eso, pero se forma un patrón de que son alojados en esos países y no pueden salir de ahí.

-Según los documentos oficiales estadounidenses filtrados por Wikileaks, el departamento de Defensa de Estados Unidos afirmaba que Jihad Diyab era colaborador de la red global de Al Qaeda desde fines de la década del ‘90, algo que él siempre negó. ¿Considera que su caso no fue una excepción sino que así era el modus operandi en Guantánamo?

-Guantánamo es un campo de detención en una base naval norteamericana que quedó en territorio cubano tras un atentado que hubo en la isla después de la independencia. Se venció el contrato para que la base estuviera y Estados Unidos la sigue ocupando ilegalmente. ¿Por qué la base está ahí? Porque no es suelo norteamericano y no rigen las leyes norteamericanas. Entonces, las personas pueden llegar a esta situación de estar trece años detenidas sin ser sometidas a juicio. El 90 y pico de los casos de los detenidos que están en Guantánamo no fueron llevados a juicio. Fueron llevados muy poquitos, y de esos, tres o cuatro fueron declarados culpables.

-Si se tiene en cuenta que la idea de la creación de la cárcel de Guantánamo fue la de construir una zona donde las leyes estadounidenses y el derecho internacional no pudieran aplicarse, ¿en la práctica esto significaría, entonces, un agujero negro en lo legal?

-Exactamente. Ese es el motivo de por qué ocurre en Guantánamo y no lo llevan a Estados Unidos, porque no se podría llevar a Estados Unidos. Guantánamo tiene dos grande roles. Uno, el miedo: que se filtren las imágenes de la cárcel y que se filtren las historias de allí no es casual. Las filtran porque Guantánamo se convirtió en el gran monstruo con el que atormentar y dar miedo por lo que les podría llegar a pasar a los que llegaran allí. Y, por otro lado, porque es también en Guantánamo donde hacen interrogatorios y torturan. Nuestro protagonista, Jihad Diyab, desde el primer día que llegó hasta el último fue torturado todos los días.

-¿Por qué cree que no se cerró la cárcel de Guantánamo, a pesar de la supuesta firmeza de Obama al respecto, más si se sabe que se violaron los derechos humanos de los detenidos?

-Obama intentó varias veces cerrar el campo de detención. Fue una de sus promesas de campaña, pero nunca le dio el quorum en el Congreso de Estados Unidos para poder hacerlo. El Partido Republicano no apoyaba esa moción. Y ahora sigue estando abierto. Hoy en día, tantos años después de 2001, que dio inicio a lo que Estados Unidos llamó "la guerra contra el terrorismo", sigue abierto y continúa teniendo detenidos en las mismas situaciones que las que estamos hablando: gente que no fue llevada a juicio según el debido proceso.  

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