PLASTICA. "Las flores del volcán", pinturas de Marcela Duluc

Remembranza del paisaje abstracto

Detrás de la muestra en Gabelich Contemporáneo se esconde una gran historia de amor latinoamericano.
Marcela Duluc: Pintura en tela. Marcela Duluc: Pintura en tela. Marcela Duluc: Pintura en tela. Marcela Duluc: Pintura en tela. Marcela Duluc: Pintura en tela. 
Marcela Duluc: Pintura en tela.  

Una apasionada historia rosarina y latinoamericana jamás contada se esconde tras las pinturas abstractas en gran formato que Marcela Duluc expone desde el viernes en la galería de arte Gabelich Contemporáneo (Pasaje Corvalán 448, Refinería, Rosario), en una muestra cuyo título, Las flores del volcán, remite al paisaje caribeño de El Salvador. 

En la tradición del expresionismo abstracto a la que pertenecen estas recientes pinturas all-over field en mediano y gran formato, realizadas en tela y sobre papel, la abstracción no deja de expresarse. Con gestos pictóricos sígnicos de action painting, al modo de una escritura sin letra, Duluc construye espacio y sugiere paisaje. Que no es cualquiera sino el que resplandece aún en su memoria. Su pintura de acción inmersiva hizo resurgir, en el aquí y el ahora de su taller rosarino en casa, la experiencia vivida de los veranos australes transcurridos al norte del Ecuador en el territorio materno de su infancia. Aquel fulgor es, en versos de la poeta Claribel Alegría, el de una “claridad suspendida en el eterno instante del presente”. Esa luz que Marcela Duluc da a contemplar en sus obras, y que viene abriéndose paso y alumbrando desde allá lejos y hace tiempo, brota desde el sol que pintaba leopardos de luz en las hojas de café de la finca Santa Dolores. 

Frutos de café en la finca Santa Dolores.

Es novelesco el modo en que el cantor de tangos Dardo Duluc, “rosarino de pura cepa” (como lo describe su hija Marcela), conoció a Martha, una mujer salvadoreña de dulce belleza, hija de los propietarios de un cafetal de altura en la ladera del volcán Ilamatepec o Santa Ana, cuya cima se encuentra a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar. No lejos de allí quedaba la casa de la abuela materna de Marcela, Concepción, en la ciudad de Santa Ana, en El Salvador, a unos 14 grados al norte del ecuador y 9 al sur del Trópico de Cáncer. Entre Santa Ana y el cafetal trascurrió para la futura artista cada invierno boreal o estación seca desde comienzos de la década del '60 hasta que dejó el nido familiar y comenzó sus estudios superiores, primero en Estados Unidos y luego en Argentina. 

Entre las décadas del '50 y del '60, un dúo de músicos rosarinos se lanzaron al mundo con sus tangos en una gira aventurera por el continente latinoamericano que no tenía nada que envidiarle, al parecer, a los Diarios de motocicleta de Ernesto Guevara, luego conocido como el Che. Dardo Duluc y Abel Reynoso cruzaron el ecuador y despertaron el interés de la prensa y la televisión salvadoreñas, que los siguió en sus espectáculos musicales. La pinta y la simpatía de Dardo fueron un amor a primera vista para Martha, y ambos pasarían la mayor parte de los años de matrimonio (es decir, el resto de sus vidas) yendo y viniendo entre los dos países. En 1980, la familia se estableció en El Salvador, huyendo de la sartén de la dictadura argentina para caer en el fuego de una Guerra Civil donde las fuerzas militares del Estado arrasaban con el campesinado. 

Muchos años más tarde, los Duluc regresaron a la ciudad cuyos cafés (en plural) Dardo extrañaba. Venía con ellos la abuela Concepción. Marcela ya se había establecido en Rosario en 1986, y añoraba aquella luz tropical. "Cuando le puse a la muestra Flores del volcán, quise rendir homenaje a las mujeres salvadoreñas, siempre presentes, siempre invisibles", relata la pintora, quien después de la muerte de su madre se anotó en Bellas Artes (UNR). Al principio sus obras sugerían un espeso litoral gris plata de esteros neblinosos y verdes fosforescentes, evocando el impresionismo de los Nenúfares de Monet. Lo que siguió luego, en la estela de las atmósferas de William Turner, fue una incandescencia del paisaje, un cintilante vértigo de sol. Y siempre, unas flores de sangre. En el arte contemporáneo, una figura influyente para Marcela Duluc fue la de la artista británica Tracey Emin. 

La muestra podrá visitarse jueves y viernes de 14 a 18 y sábados de 11 a 14 (otros días y horarios, con cita previa). Cumpliendo las medidas de prevención del COVID-19, antes de asistir hay que enviar whatsapp al 341 5661753. 

 

 

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