Todos los cuerpos cuentan

¿Qué pasa con el 35° Encuentro feminista en San Luis?

Como cada vez en octubre, el año pasado en La Plata se eligió por aclamación la sede para el siguiente Encuentro Nacional de Mujeres. Y también por aclamación y en el mismo escenario, después de tres días de discusiones en talleres, se aprobó el cambió de nombre: Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans y No Binaries. La pandemia suspenderá el aquelarre este octubre pero ésa no es la única tensión que atraviesa uno de los espacios de debate y fortalecimiento más importante de los feminismos.
Imagen: Jose Nico

“Lo que coronavirus quita, sororidad non presta”, dice riéndose una comunicadora popular que intenta desentrañar el futuro de este 35° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Intersexuales, Bisexuales y No Binaries, cuya sede sigue siendo San Luis, este año o el próximo. Las opciones no son una provocación a la ligera: en el abrazo imposible de las dos comisiones organizadoras -una empecinadamente nacional, la otra Pluri con disidencias y algunos cortocircuitos-, se dirime esa condición citada al principio: por ahora nadie está dispuestx a acordar políticamente la forma de celebrar esta reunión histórica y multitudinaria de los feminismos.

Abramos las redes: mientras la Comisión Organizadora (CO) de la versión 35° ENM confirma que se realizará en 2021, sin acciones previas y en reuniones con intendentes locales, funcionarixs y legisladorxs mediante para concientizar sobre la necesidad y urgencia de que San Luis siga siendo “próxima sede”, la CO del Encuentro Plurinacional (nominación aclamada en asambleas y en los cierres de Chaco, Trelew y La Plata 2019, pero jamás admitida ni registrada oficialmente), sigue organizando el encuentro en los territorios, para este año, sin fecha a la vista, en formato virtual y evaluando algunas instancias semipresenciales. Fueron buen laboratorio de ensayo las siete asambleas semivirtuales y semipresenciales que entramaron diferentes localidades en una provincia donde los feminismos no son mala palabra pero cualquier semejanza con una escena de Stranger things no sería coincidencia.

"Estamos pensando actividades virtuales para octubre 2020 pero sosteniendo el acuerdo asambleario de que la virtualidad nos va a encontrar de manera simbólica, para que esta fecha tan importante para les encuentreres no pase desapercibida, porque la cuestión digital y tecnológica sigue siendo un privilegio y no todes van a poder ser parte de un encuentro virtual", dice la activista socorrista e integrante de la CO Plurinacional, Noelia Aguilar. "Pero seguimos trabajando para realizar el Encuentro presencial cuando pase esta pandemia y el estatus sanitario nos permita encontrarnos a asamblear y a acordar este 35° Encuentro, que va a ser en 2021 en territorio huarpe, comechingón y ranquel." Parecen siglos, pero en junio el comunicado de la CO ya rechazaba de plano cualquier atisbo de cancelación, apelando a otros modos de neutralizar el colapso sanitario, con la centralidad de las palabras circulando. "La crisis que trae aparejada la pandemia nos está atravesando también a las mujeres y disidencias que somos parte de la organización del Encuentro", advierte Aguilar. "No queremos dejar de mencionarlo, porque por eso es que seguimos luchando y resistiendo quienes podemos sostener la virtualidad en diferentes sectores hacia adentro y hacia afuera de la Comisión Organizadora."

San Luis no encabeza los rankings de provincias infectadas, aunque la escalada de pacientes con coronavirus ya asciende a 311 casos y un fallecimiento, con regiones en Fase 1. El otro mal, conservador y antiderechos, dejó ver la hilacha tras el fallecimiento de Verónica Bailone, viceintendenta de Villa Mercedes. El cura del pueblo, Juan María Casamayor, “el padre John”, publicó en redes sociales que Dios le había abortado la vida a Bailone por estar a favor del derecho al aborto legal, demostrando la intolerancia y el odio que sigue impulsando la Iglesia contra los derechos de niñas, adolescentes y personas con capacidad de gestar.

Casamayor, lejos de ser un elemento aislado del catolicismo local, sintetiza generosamente el mapa antiderechos de una provincia donde la Educación Sexual Integral brilla por su ausencia, donde el acceso a salud sexual reproductiva y no reproductiva debe mendigarse, la mayoría de las veces en un calvario burocrático; donde los hospitales no extienden recetas para adquirir misoprostol o pastillas del día después y las farmacias definitivamente no las venden. Los peajes a una ligadura de trompas son una consulta psicológica y un paso por la Iglesia para rezar y estar segurx de querer realizar la práctica. Las violencias se tramitan a puro esfuerzo de las redes de militancia feminista; las líneas telefónicas de atención abundan, pero todas derivan a la comisaría, que a su vez manda a la víctima a la casa con el victimario. La Justicia no dispone medidas rápidas y efectivas, y el Estado provincial no acompaña. “En San Luis no se han visibilizado los femicidios como parte y consecuencia de una estructura machista y patriarcal, y no cuenta con un registro ni observatorio de femicidios”, dice la comunicadora social Daniela Aranciva en su estudio “Ellas nos faltan”, que da cuenta de los 31 femicidios ocurridos entre 2008 y 2019, y pone en tensión la necesidad de crear y sostener políticas públicas que brinden respuestas.

“En San Luis hay escasísima formación política y un binarismo radical-peronista. Es un pueblo desmovilizado, no hay centros de estudiantes, la mayoría de las mujeres desconoce qué son los Encuentros y los movimientos políticos y sociales cuentan con pocas herramientas de organización”, describe la periodista Majo Corvalán, integrante de la Asociación por los Derechos de las Mujeres (Adem) y de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Seguro, Legal y Gratuito. “Creo que hasta ahora no hubo capacidad de establecer acuerdos entre las dos comisiones organizadoras. Mucha gente prefirió dar un paso al costado por las situaciones violentas que se vivieron en los debates, algunos sectores partidarios trataron de deslegitimar las asambleas e incluso algunas compañeras sufrieron escraches o fueron expulsadas. Lamento que a veces estemos a dos palabras del patriarcado.” 

Aguilar remarca que esa forma esencial de nombrar la plurinacionalidad en toda su diversidad, es la llave para terminar con cualquier factor de ruptura y poder avanzar en la redacción de una agenda urgente. "Debemos reflexionar sobre el nombre y la identidad del Encuentro, que nos queremos plurinacional y de las disidencias, que todas esas identidades que somos parte de los Encuentros queremos ser nombradas, y lo logramos. Es la primera vez que lo realizamos en tierras puntanas y que nos damos de lleno en una Comisión Organizadora donde nos encontramos pese a las diferencias que cada una de sus integrantes tenemos", celebra. "Somos históricamente ya 35° Encuentro Plurinacional y de las Disidencias, y nos mantenemos en esa premisa necesaria porque hay un sector que pretende detentar el poder de los Encuentros, pero como decimos por estos pagos, no se puede tapar el sol con un dedo. No se puede tapar la lucha histórica que las disidencias venimos realizando. Por eso, a estos sectores partidarios que quieren seguir sosteniendo una mirada biologicista, excluyente, discriminatoria, le hacemos frente con más lucha organizada feminista y disidente, pese a esta pandemia que nos azota y cae con mayor furia sobre las mujeres, las lesbianas, las travestis, las trans que también somos parte de la CO del Encuentro, pero que resistimos porque entendemos que en la organización está la potencia para cambiar este contexto que nos oprime." 

En este escenario se debate lo que resulte del 35° Encuentro, que siempre se anhela como una órbita movilizante y transformadora. Un movimiento que acuna tensiones internas entendiendo amorosamente su heterogeneidad. Desde un reconocimiento histórico de cuerpos, territorios, idiomas, de comunidades y mujeres, preexistentes a los estados nación, suele repetir Sandra Chagas. ¿Por qué entonces cuando hablamos de todas no siempre se nombran a todas?, interpela la activista afrodescendiente. Las posibilidades de reparación desde los feminismos son múltiples, capaces de trascender liderazgos partidarios, y el querer cambiarlo todo abre un proceso de descolonización profundo. Su potencia derriba muros religiosos, conservadores, racistas, patriarcales, coloniales y extractivistas. Sólo ampliando y tejiendo acuerdos interseccionales pueden reconocerse todas las identidades, luchar en los territorios contra los femicidios, los genocidios indígenas, travesticidios y transfemicidios, y sostener la demanda política por el aborto legal. Si todos los cuerpos cuentan, hace tiempo que es hora de colectivizar los diálogos.  

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