El nuevo disco del baterista Luciano Ruggieri

Un paseo musical desde el jazz

"Beatitudes" ofrece canciones sencillas pero con una sonoridad profunda que consigue hilvanar melodías de tiempos diversos.
Ruggieri: "Concibo el disco como una obra".Ruggieri: "Concibo el disco como una obra".Ruggieri: "Concibo el disco como una obra".Ruggieri: "Concibo el disco como una obra".Ruggieri: "Concibo el disco como una obra".
Ruggieri: "Concibo el disco como una obra". 
Imagen: Sebastián Joel Vargas

En Beatitudes (BlueArt Records, 2020) se percibe una ilación casi natural entre las canciones, a la manera de un mismo sentimiento que se traslada entre las melodías. Luciano Ruggieri logra una sensación reposada, calma, mientras evoca sonidos de varias latitudes, distintas épocas, reunidos en convivencia. Músicas de Arvo Pärt, Josquin Desprez, Alice Coltrane, canciones tradicionales de autoría anónima, un góspel de Austin Miles, son algunos de los ejemplos de su nuevo disco editado en CD y en formato digital.

“Cuando pienso un disco no lo concibo como una muestra de canciones separadas, para mí es una obra. Así como con el primer álbum, Salmo (BlueArt, 2017), aquí pienso que hay una continuidad. Me gusta que sea como una historia que se va contando, con diversos capítulos, como un pequeño paseo musical. Pasear por algunos paisajes que de alguna manera estén relacionados”, explica el baterista a Rosario/12.

Beatitudes integra la música de Rodrigo Agudelo (guitarra), Sebastián López (guitarra), Lucas Polichiso (órgano), Ezequiel Dutil (contrabajo), y Liza Polichiso (voz), compañía fundamental en el recorrido y sensibilidad que propone Ruggieri. Los temas y elecciones son variados, sin embargo “el grupo y la sonoridad producen una homogeneidad; si en un tema agregara un saxo y otros instrumentos, habría variaciones, pero yo necesita que sea una unidad, independientemente de los orígenes de cada tema. Hay un gospel viejísimo (“El jardín”), temas tradicionales que no tienen autor (“Wayfaring Stranger”, “Rising Sun Blues”, “Alfa & Omega”), dos composiciones de Arvo Pärt (“Aliinale” y “Beatitudes”), pero pudimos lograr que todo conviva y consiga esa unidad”, continúa.

-La música tradicional provoca un sonido familiar, y eso es algo que de alguna manera caracteriza a todo el disco.

-La música tradicional, la música popular, tiene esa característica, te genera cierta familiaridad, aun cuando la escuches por primera vez y no conozcas esa composición en particular. Tiene un sentido, hace que uno la conozca de algún lado. En general, el disco es un álbum de canciones bastante sencillas, incluso las de Pärt. Son canciones sencillas pero a la vez de una profundidad grande, con un sentido. A excepción de “Lord, Help Me To Be” de Alice Coltrane, y “Aliinale” de Pärt, todas tienen letras, dicen algo. Desde mi mirada como persona de fe en Dios, tienen que significar algo a la hora de elegirlas, tienen que tener un sentido profundo para ser parte del repertorio. Aunque la música sea buena, si la letra no me llega, prefiero muchas veces dejarla de lado.

-En ese sentido, pienso en la inclusión del “Coral” de Desprez.

-Desprez, Palestrina, y tantos otros compositores como Bach, Brahms, Beethoven, han escrito misas y corales. La música tiene una raíz, está hecha para un sentido más trascendente y no para gloriarse ellos a sí mismos. Es el sentido que a mí me interesa darle a lo que hago. En el disco no hay solos de batería, no me gusta hacer música de demostración de nada, tiene que haber un sentido más profundo y lograr que el oyente se sienta bien, que pase un buen momento.

-Ese logro es posible también desde la elección de tus músicos, gente con quienes compartís una sensibilidad.

-Al formato lo vengo manteniendo, y eso permite que muchas veces los arreglos y las composiciones estén pensados para la sonoridad que vamos a tener. Los músicos que participan son amigos y excelentes personas, son músicos finos, vengo trabajando con ellos desde hace muchos años y en distintos grupos. Eso hace que haya confianza, respeto, admiración mutua. Además de ser músicos de jazz reconocidos a nivel nacional, no tienen ninguna duda en tocar canciones de esta índole, y lo hacen muy bien.

-Hablás de religiosidad, algo que el jazz tiene en sus orígenes, ¿no?

-El jazz surge un poco de ahí, entre otros elementos. Toma los cantos en los algodonales, canciones que venían de África, músicas europeas que estaban en ese momento en Estados Unidos, canciones de las iglesias, canciones religiosas populares. Entre todo eso va surgiendo. Como se dice habitualmente, además de ser un estilo, el jazz es una forma de interpretación. Muchos artistas, como Louis Armstrong, Duke Ellington y Dizzy Gillespie, han tocado canciones gospel, y son canciones que suenan a ellos también. Para mí el jazz es una forma de interpretar distintas cosas y con esa mirada, con esa sonoridad. Éste no es un álbum necesariamente de jazz clásico, pero está interpretado de esa forma, con composiciones tradicionales, gospel, etc.

-Canciones que quitan de sí lo innecesario, desde un sonido íntimo.

-Es un disco bastante despojado de rebusques y de ornamentos demasiado intelectuales. Son canciones sencillas pero que están bien interpretadas, con profundidad, para que quede lo esencial. Para mí la fe es esencial y la música es una parte muy importante de mi vida, es la herramienta con la que yo me puedo expresar. Intento conjugar todo eso. Hoy en día, vivimos corriendo sin tiempo de calidad para nada ni nadie, y la música que intento ofrecer acá, así como pasa con Salmo, es bastante contracorriente, de cadencia más bien lenta, introspectiva, sin estridencias. Y a la vez requiere de tiempo para escucharla. No es una demostración de destreza de ningún tipo, lo que tratamos de hacer cuando tocamos es que lo primordial sea la música y no cada individuo. En definitiva, es música para ser ofrecida.

 

 

Suplementos
Suplementos
Tu navegador tiene deshabilitado el uso de Cookies. Algunas funcionalidades de Página/12 necesitan que lo habilites para funcionar. Si no sabés como hacerlo hacé CLICK AQUÍ