Se lo conoce más como periodista y crítico de cine, pero Sebastián Tabany estudió dirección de cine en la FUC. Por eso no sorprende que ahora debute como cineasta. Si bien ya había realizado cortos y escribió guiones -como el de 2/11 Día de los muertos, junto a Ezio Massa-, ahora estuvo detrás de cámaras en la comedia romántica fantástica -como le gusta definirla- Giro de ases, que aborda una historia sentimental en la comunidad porteña de magos. Su opera prima -codirigida con Fernando Díaz- se estrena este jueves en Cine.ar TV a las 22 (repite el sábado 19 en el mismo horario) y desde este viernes estará disponible en la plataforma Cine.ar Play en forma gratuita hasta el jueves 24 de septiembre.

"Siempre me quise dedicar al cine", explica Tabany en diálogo con Página/12. "En realidad, el periodismo fue un accidente. Fue una serie de hechos hasta llegar a donde llegué. En un período largo de tiempo fue muy cómodo, porque admito que fui un privilegiado en ser crítico de cine”, admite. En ese período, la idea de dedicarse a la dirección fue quedando relegada justamente por esa comodidad. Hasta que en la cabeza de Tabany se le produjo un clic que lo llevó a reflexionar lo siguiente: "Estoy súper cómodo, pero quiero reencontrarme conmigo mismo". Para dedicarse a lo que uno quiere es necesaria también una gota de suerte. De eso se encargó la profesión de periodista, que le abrió las puertas de la gran pantalla gracias a sus muchos conocidos. "Yo levantaba el teléfono y me conocían. Decía que tenía una película y me respondían: 'Dale, juntémonos'”, explica el codirector de Giros de ases.

Tabany tiene otro pergamino: es mago desde hace más de veinte años. Y en Giro de ases juntó sus dos pasiones: el cine y la magia. La historia del film transcurre en la comunidad mágica de Buenos Aires. Martín (Juan Grandinetti) trabaja de croupier en el casino por la noche y, durante el día, se dedica a estudiar y practicar magia con cartas. Es muy amigo del Rubio (Lautaro Delgado Tymruk), cuyo talento mágico es ser carterista. Martín y el Rubio son habitués del local de magia de Mariana (Thelma Fardin), donde se reúnen para practicar trucos y compartir momentos de camaradería. Los tres suelen ir a nuevos shows y recorrer la escena mágica de la ciudad. Uno de esos nuevos espectáculos es el de Arben (Esteban Pérez), un mago de grandes ilusiones. La noche del estreno, Martín conoce a Sofía (Carolina Kopelioff), la novia de Arben, y se enamora a primera vista. A medida que pasan los días, Martín experimenta un cambio en su magia al pensar más en Sofía.

Tabany escribió el guión de Giro de ases hace mucho: en 2004. "Se me ocurrió presentar al público que no la conoce cómo es la comunidad mágica, los magos, los diferentes estilos, las internas. Hay trucos que se compran y hay gente que fabrica y que está peleada con determinado mago. En ese contexto de la comunidad mágica, quise insertar una historia", explica el flamante realizador. Y se le ocurrió una historia de amor. "Pero no quería hacer algo de género tipo drama. Es una historia de amor en la magia", señala. "Es también un cuento de hadas porque no es una película realista en el sentido tradicional, no es costumbrista porque el cine argentino tiene muchas. No busca esa realidad que el cine argentino ya tiene", agrega Tabany. El productor y codirector Fernando Díaz lo apoyó en todo lo que necesitaba. "Además, me dijo qué podía hacer y qué no. Obviamente, no es una película de una productora grande. No está financiada por una major. Y había cosas que yo tenía pensadas y Fer me decía qué se podía y qué no. Fue un contenedor y me dio su experiencia para que yo pueda desarrollar toda la dirección", subraya Tabany.

-¿Algunos de los actores tuvieron que aprender magia?

-Sí. Desde el comienzo, cuando empecé a juntarme con los actores, una de las condiciones que le dije a cada uno fue: "Vas a tener que hacer magia. Vas a aprender magia. No va a haber dobles ni cortes de cámara. Vas a estar vos en el plano haciendo magia". Esa fue la primera condición y aceptaron. Juan Grandinetti estuvo un año entrenando. Esteban Pérez entró más tarde a la película, pero también estuvo aprendiendo. Thelma Fardin también estuvo unos tres meses. Y Lautaro Delgado, que es mago, ya venía con un conocimiento previo y hubo que ajustar dos o tres cositas.

-Cada uno de los personajes desarrolla un tipo de magia distinto. ¿Quisiste que estén representados todos los estilos?

-Sí, porque dentro de la magia hay diferentes tipos. Y los magos se especializan, generalmente, en uno o dos, como los médicos, que tienen la especialización. Está el mago de grandes ilusiones, que es Esteban Pérez, el mago de escenario. Está el mago de cartas, que es Juan Grandinetti; el mago intermedio, que es el mago de salón, que es lo que hace Thelma Fardin. Y después está lo que hace Lautaro Delgado, que es magia pickpocket. La idea fue representar diferentes estilos de magia para que el público vea que hay diferentes tipos. Hay algunas magias que no están representadas porque no se justificaba en la película, como puede ser el mentalismo y la magia infantil, o la magia de monedas. Los que elegí fue por una cuestión de los personajes.

-Martín, el personaje de Juan Grandinetti, dice en un momento: “El talento no se puede enseñar pero se aprende”. ¿Para vos eso sucede en cualquier tipo de arte?

-Llegamos a una cuestión filosófica y ontológica: nacés o te hacés. Es casi genético. Venís con una impresión genética de tener la tendencia a algo ya sea deporte, arte, ingeniería, lo que sea, y el contexto te ayuda o no. Hay cosas que tenemos genéticamente y no podemos rechazarlas o sí, pero están. Nuestro objetivo en la vida es descubrir nuestro talento innato sea cual sea y desarrollarlo. Por eso, Martín dice eso porque no todos nos damos cuenta de qué talento tenemos y no todos tenemos ganas o no estamos en una contexto que nos favorezca. Una vez Javier Bardem, en una entrevista que le hice, me dijo: "La vida depende de la geografía y de la genética". Y me re quedó eso. Depende de qué genética sos. Hay que verlo por ahí en la parte física: si sos alto, rubio y de un metro noventa, lo más probable es que vayas para un lado. Es como que la sociedad te encasilla en algo, lo mismo que si sos gordito, bajo y morocho. La geografía también: dónde naciste. No digo solamente en la Argentina sino en qué país, en qué ciudad, en qué pueblo, en qué condiciones socioeconómicas. Tal vez, nosotros nos estamos perdiendo de artistas impresionantes que nacen en un pueblito perdido en alguna provincia y que van a una escuela rural y no se pueden desarrollar.

-Sofía, el personaje que encarna Carolina Kopelioff, señala en un momento que “los magos son mentirosos legítimos”. ¿Es lo que piensa la mayoría de la gente? ¿Te lo han dicho?

-Hay como un preconcepto de la magia que dice que vos vas a un show o ves a un mago y automáticamente es un desafío intelectual o un misterio a resolver, en vez de un arte a apreciar o a asombrar. La magia es una de las artes. No es una de las bellas artes del Renacimiento, porque vino después, pero es un arte. Y se nutre tanto o más de cualquier artificio que cualquiera de las artes porque ves una pintura, una obra de teatro o una película y no decís: "Ey, esta persona no es este personaje. La acabo de ver en la esquina tomando un café". Ahora, con la magia no se da eso. Se lo ve como un desafío: "¿A ver cómo lo hizo? ¿A ver cómo es esto?”.