Terminó el largo período de adaptación de concejales y la intendenta 

“No hay que perder un minuto más en disputas políticas”

La relación entre el Ejecutivo municipal de Salta Capital y el Concejo Deliberante sumó otro capítulo con la asunción del coordinador, Fernando Palópoli. Hubo un acercamiento de Romero con el gobierno provincial.

El Ejecutivo Municipal de la ciudad de Salta ha redoblado en el último mes los esfuerzos para aquietar de una vez por todas las notorias y permanentes turbulencias con el Concejo Deliberante.

El primer esfuerzo fue en abril, cuando la intendenta Bettina Romero apeló a la veteranía y la experiencia de César Álvarez, quizás el dirigente político mejor formado en temas municipales, a quien designó como asesor de intendencia en cuestiones políticas e institucionales

Le encomendó la coordinación de las relaciones institucionales con el Concejo Deliberante y la comunidad además de la tarea de dirigir la oficina de proyectos estratégicos para la ciudad de Salta y atender los temas y acciones políticas que le sean requeridos por la intendenta.

A poco de asumir Álvarez dijo en declaraciones públicas que “la intendenta avizora que es necesario dar vuelta la página, comenzar otra vez y es por eso que convoca a un dirigente, en este caso a mí”. Propugnó “bajar los decibeles, buscar los ámbitos y los lugares donde podamos armonizar aun en las diferencias. La democracia nos da esa posibilidad y el Concejo Deliberante está lleno de instancias superadoras”.

El gesto de la intendenta al disponer un funcionario que atienda el vínculo con el Concejo Deliberante no fue bien interpretado, sobre todo por el presidente del Cuerpo, Darío Madile, quien consideró que en la decisión había un menoscabo implícito a la figura del presidente, más allá de quien la ejerza y que no se necesitan intermediarios.

Madile, que responde directamente al gobernador Gustavo Sáenz, recibió instrucciones de bajarle el tono al rol de Álvarez, cuya designación fue tan atinada como tardía, para reconducir vínculos muy deteriorados.

Las restricciones por la pandemia acotaron bastante la fluidez del contacto personal con muchos concejales nuevos, que también se perdieron este año una parte importante, casi esencial y de carácter formativo, que se produce en la dinámica diaria de reuniones de comisión, discusiones abiertas cara a cara , lectura de expedientes y exposición de argumentos.

El nuevo coordinador consiguió resultados parciales y le resulta dificultoso hasta hoy que los concejales puedan entender la letra fina del pensamiento de la intendenta respecto del Concejo Deliberante, sobre todo después que los mandó a controlar precios durante la cuarentena y los trató cuanto menos, de tener poco afecto al trabajo.

Álvarez no fue designado para cancelar el debate, sino para aliviar las expresiones del disenso y el objetivo se le fue alejando junto con el tratamiento del pliego de la licitación del servicio de higiene urbana, con la evaluación que los concejales hicieron del primer plenario sobre el plan de movilidad, sobre la ausencia de los funcionarios a un segundo encuentro con ese fin y más acá en el tiempo, el reciente veto a la ordenanza que cedió un espacio verde a un club de barrio, decisión que el Ejecutivo tuvo que revisar, terminó finalmente promulgando; pero a cambio vetó la ordenanza que creó una huerta en el vivero municipal.

Hubo circunstancias fructíferas, como la reunión explicativa de funcionarios y concejales sobre el leasing que la intendenta pidió autorizar para comprar un camión grúa.

El recelo y la desconfianza están muy instalados, los concejales piden informes, han llegado por lo menos unas 40 respuesta que los ediles ni siquiera mencionan en su esquema de trabajo. El Ejecutivo tampoco menciona ni da relevancia a la promulgación de algunas ordenanzas; el ejemplo más reciente es la inclusión en el esquema de medidas fiscales ofrecidas a la Cámara de Comercio e Industria, de la ordenanza 15691, sancionada por el Concejo Deliberante el 15 de abril de este año y promulgada por el Ejecutivo Municipal el 11 de mayo.

Esa norma, que tanto reprochó el Ejecutivo porque implicaba una baja en la recaudación, dispone beneficios fiscales para los comerciantes y exime durante el término del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio de las cargas fiscales sobre Tasa por Inspección de Seguridad, Salubridad e Higiene (TISSH), Tasa sobre Publicidad y Propaganda y Contribución de la Ocupación del Espacio Público.

Las relaciones de la intendenta con el gobierno provincial tuvieron y tienen un tono similar, con una tolerancia tensa y obligada, más protocolar que política, lejos de dos liderazgos que compartieron lista.

La afinidad de la intendenta y el gobernador no es la de los afiches que, algo despintados, como las viejas fotos familiares, albergan imágenes de días más felices.

Fue el papá de la intendenta, el ex gobernador y actual senador nacional Juan Carlos Romero, el que entendió claramente que tanta distancia y tanto frío es igual a inmovilidad, es llegar al límite de arriesgar el capital político de haber conseguido el gobierno de la ciudad.

Entendió que aun en un contexto complejo, su hija debía recomponer relaciones, mejorar sus perspectivas de gestión, que sola no lo podía hacer y menos, si persiste en asumir el diálogo como una pérdida.

¿Cuál fue la solución? Otro asesor. Uno que todos acepten, que lime asperezas, vincule, construya, sepa ver prioridades, alivie las tensiones y equipare las jerarquías para poder hablar.

Desde mediados de agosto, Fernando Palópoli, que trabaja en el Senado de la Nación, tiene en la Municipalidad el cargo de Coordinador de Relaciones Políticas e Institucionales con la Provincia y Municipios.

Apeló a sus viejos amigos de gabinete, al hecho de que su figura no genera resquemores y, tal parece, la tarea ya dio algunos frutos; la provincia se dispone a apoyar el financiamiento de algunas obras un poco más relevantes que el siempre necesario nivelado, enripiado, cordón cuneta y bacheo.

El acuerdo a nivel provincia exhibe un tibio correlato en el deliberativo comunal y algo de eso se percibió en la última sesión del Concejo Deliberante.

Salvo la innecesaria estridencia con que algunos defendieron al gobernador, en otro plano y fuera de esa furiosa diatriba de calificaciones para el Frente para la Victoria y diputados provinciales opositores, hubo concejales directamente alineados con el gobierno provincial habitualmente severos y muy críticos que adoptaron una posición más calma, de más mesura, con llamados a la concordia y a superar la grieta.

El coordinador Palópoli expuso además públicamente, con naturalidad y simpleza algo que hasta ahora no se admitió y es posiblemente, el principal origen de la enorme dificultad de comunicación de la intendenta y de muchos de sus funcionarios. Un repaso de lo que dijo Palópoli: “Yo también he observado cierta tensión, pero creo que en algunos casos hay una adaptación a una nueva función. Algunos de los concejales tienen experiencia, otros asumieron una responsabilidad nueva. Bettina (Romero, la intendenta) tuvo una trayectoria política que todos conocemos, pero nunca ejerció una función como la administración de la ciudad más importante de la provincia".

"Eso sin duda genera una adaptación a las formas, a las normas y a la convivencia. Incluso yo admito que en esta tarea estoy hablando con César Álvarez todos los días, porque más allá de mi experiencia en el Congreso de la Nación, la dinámica parlamentaria o legislativa del Concejo es diferente, necesito aprenderla. No por asumir un cargo nos convertimos en infalibles, me están ayudando mucho, a entender esa dinámica. No creo que debamos perder un minuto en ningún tipo de disputas políticas y eso se está entendiendo”.

Como balance positivo el coordinador exhibió la sanción, también el miércoles pasado, de la ordenanza de regularización edilicia. Fue pedida por el Ejecutivo, trabajada por concejales y por funcionarios e incluye en la incipiente columna de resultados a favor, una tarea conjunta en materia de medidas que se analizan para aliviar la situación del sector turístico y la escrituración de los lotes del barrio Ceferino.

El desafío que viene se llama Parque del Otoño, una ordenanza que también se aprobó el miércoles pasado, que reunió consenso con funcionarios municipales, para convertir en un parque el viejo basural de La Pedrera, pero que igual tiene cierta resistencia; “no es una prioridad”dijo un funcionario. Hay que esperar unos días, para saber en qué parte de la cuenta de resultados políticos, dentro de la nueva armonía, se ubica esa ordenanza.

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