Crónica de una joven asexual

Imagen: Jose Nico

Una tarde aburrida, encuarentenada y con ganas de un romance nuevo me quedé mirando el celular y pensando en si era una buena idea bajarme OkCupid, ya que mis experiencias anteriores en Tinder no habían sido lo que yo esperaba. Como soy asexual, las aplicaciones para citas son un terreno en el que tengo que caminarcon cautela. En otras aplicaciones, mientras navegaba en la búsqueda de alguien con quien ir a recitales online o pasar una tarde charlando acerca de todos los cuentos maravillosos que había leído de Mariana Enríquez, lo único que recibí fueron mensajes de chicos que me mandaban fotos de sus penes —sin mi consentimiento y sin importarles si eso me incomodaría— y me contaban de sus innumerables habilidades con la lengua.

“En esta aplicación, cuando te registrás tenés que responder una serie de preguntas y en base a eso te ponen en contacto con gente que tiene los mismos intereses que vos”. La recomendación de mi amiga me convenció. Me bajé OkCupid. Un amor virtual en cuarentena no le viene mal a nadie. Cuando me registré, noté que era un sitio mucho más amigable que otras apps, ya que el espectro de género que ofrecía para identificarse incluía, entre otros, mujeres cis, mujeres trans, género fluido y andróginxs.

Una vez dentro, esperaba encontrarme únicamente con fotos de chicos en cuero y chicas en ropa interior, pero, en cambio, me crucé con gente que conocía en persona —amigxs, chicxs de bandas que escucho y conocidxs que organizan ciclos culturales— y muchos memes. Noté que en contraste con Tinder, cuya propuesta es encontrar a alguien con quien coger, OkCupid era un espacio para conocer gente y charlar de forma más distendida. Es una aplicación LGBTIQ+ friendly en la que me sentí cómoda con mi asexualidad y no creí que tuviera tanta presión respecto al compromiso de tener sexo con cada persona con la que hablase. Al indagar perfiles de chicxs, leyendo si fuman cigarrillos seguido, si tienen mascotas o qué música escuchan, me preocupó si cada match que hiciera tendría ganas de tener un vínculo libre de sexo.

Tampoco supe nunca en que momento era mejor decirle que era asexual, ya que en otras aplicaciones me habían intimidado: “Pero, ¿qué hacés acá si no estás buscando coger?” o “Es obvio que si estás acá, lo que buscás es tener sexo con alguien”. A la semana de haber descargado OkCupid, comencé a charlar con otrxs usuarios. La primera con la que hablé fue una chica llamada Vera, de mi misma edad —19 años—, oriunda de Vicente López, Buenos Aires. Le mandé un tímido “Holi” y ella con toda naturalidad, demostrando la cancha que tenía en estas aplicaciones, me contestó: “holaaa, ¿cómo va? ¿Qué tal te trata la cuarentena?”. Charlamos un rato de lo que cada una escribía—ella escribía guiones para teatro y yo poemas para un curso de escritura—.

Hablamos de lo lindo que sería poder juntarse en una plaza o tomar un café por Boedo, y luego de escribirnos durante todo un día ella insinuó que quería tener relaciones sexuales conmigo. Tardé dos días en poder contestar a ese mensaje con un: “soy asexual”. Unos minuto sdespués el chat se esfumó, se había borrado por completo: como no habíamos intercambiado instagrams, de un momento a otro Vera deshizo el match y desapareció. Luego de un mes de usar la app y no hablar con nadie hice match con una chica que iba a la misma secundaria que yo. Sabía que nos seguíamos en Instagram así que decidí hablarle por ese medio. Subió una foto pidiendo que le manden música nueva y le mandé una canción de Fiona Apple. A partir de eso comenzamos a hablar.

Chateamos todos los días durante tres meses hasta que finalmente nos vimos en un parque. Caminamos por una feria de la ciudad donde vendían jabones artesanales y postres caseros, luego nos sentamos en el pasto y charlamos sobre la secundaria y la cuarentena. En todo este tiempo que estuvimos hablando nunca supe cómo referirme a mi falta de deseo sexual, ya que tenía miedo de que el vínculo se desvaneciera como todos los anteriores. Ayer a la mañana le mencioné que tenía que escribir esta crónica. Inevitablemente, le tuve que confesar que soy asexual. Me respondió “ya quiero leerla” con un corazón violeta.

Pasó en cuarentena

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