El libro que reúne sus columnas en la revista porteña Juegos, en los años ochenta

Mario Levrero es Alvar Tot

Además de haber sido su amigo personal, y autor de la mayoría de sus fotos que circulan por ahí, Eduardo Abel Giménez fue compañero de trabajo del escritor uruguayo Mario Levrero, que –además de dedicarse a la escritura-- supo ganarse la vida en Buenos Aires trabajando en revistas de pasatiempos. Para el flamante volumen El boliche de Alvar Tot, publicado por la editorial independiente Dábale Arroz, Giménez compila las columnas que su amigo publicó bajo ese título en la revista Juegos, a fines de los años ochenta. Autor de una veintena de libros, redescubierto y profusamente reeditado luego de su muerte en el 2004 hasta convertirse en un particular ícono de la literatura rioplatense, esta antología muestra un rostro de Levrero generalmente oculto entre tantos nuevos honores: un pensamiento original, su humor característico y una relación de gran calidez con sus lectores. Radar presenta a continuación el prólogo del volumen junto a un par de las columnas rescatadas.    
Mario Levrero fotografiado por su amigo y compilador, Eduardo Abel GiménezMario Levrero fotografiado por su amigo y compilador, Eduardo Abel GiménezMario Levrero fotografiado por su amigo y compilador, Eduardo Abel GiménezMario Levrero fotografiado por su amigo y compilador, Eduardo Abel GiménezMario Levrero fotografiado por su amigo y compilador, Eduardo Abel Giménez
Mario Levrero fotografiado por su amigo y compilador, Eduardo Abel Giménez 

Mario Levrero, también llamado Jorge Varlotta, también llamado Alvar Tot y una constelación de otros seudónimos, se tomó en serio las revistas de pasatiempos. En 1985, cuando vino a Buenos Aires para trabajar en Juegos & Co., llegó convencido de adaptarse a la vida de oficina, y a los pasatiempos como una manera de pensar.

Pasábamos varias horas por día en nuestros escritorios perpendiculares entre sí, mirándonos en diagonal en busca del momento oportuno para otro chiste, otra consulta u otra queja sobre lo complicada que se nos hacía la existencia.

La adaptación a la oficina no le salió tan bien. Pero a lo que publicábamos le dedicó una energía notable. Su foco fueron la creación (y el fomento) de nuevos mecanismos de crucigramas y juegos de palabras en general, y la relación con los lectores. Durante un tiempo, su actividad favorita era preparar el correo de lectores de la revista Cruzadas, de la que fue jefe de redacción.

Años después, para vivir, fabricaría montones de crucigramas convencionales. Tenía el oficio. Pero en aquel entonces, inventando cosas nuevas, también tuvo la pasión.

La revista en la que coincidimos fue Juegos para Gente de Mente. Empezó como Humor & Juegos, publicada por Ediciones de la Urraca, en 1980. Cambió de nombre en enero de 1982, cuando la tomó la editorial Juegos & Co. Su creador fue Jaime Poniachik. Yo colaboré desde temprano, y con el tiempo me convertí en jefe de redacción.

En cuanto a Jorge (Mario, etc.), era gran amigo de Jaime Poniachik desde las viejas épocas de Montevideo. Traerlo a trabajar a Buenos Aires fue una movida de Jaime destinada a salvar a su amigo de un desalojo inminente en mala combinación con la pobreza. Ya era colaborador regular de la revista. Firmaba sus páginas Alvar Tot, obvio anagrama de Varlotta (su apellido paterno).

En el número 85 de Juegos (septiembre de 1986), inició una columna llamada “El boliche de Alvar Tot”, que se siguió publicando en casi todos los números hasta el último, el 104 (marzo de 1988). (Hasta el 88 inclusive la revista fue quincenal; a partir de ahí, mensual y con un formato más grande, como en sus comienzos; solo en el número 95 faltó el Boliche).

En el Boliche combinó breves artículos más o menos relacionados con el mundo de los juegos, algunos acertijos para resolver y, sobre todo, convocatorias creativas para los lectores de la revista. Es en esas convocatorias que la columna alcanzó el mayor brillo, y donde se ve la gracia especial del autor en sus conversaciones con los lectores. Típicamente, proponía una actividad creativa (por ejemplo, alterar globitos de diálogo de historietas; narrar sueños; hacerle preguntas a la revista Para Ti de 1923) y daba ejemplos propios; en números siguientes, publicaba las respuestas recibidas, con comentarios.

En este libro reuní el contenido de todas las columnas publicadas: artículos, convocatorias, pasatiempos. Algunas columnas consistieron enteramente en respuestas de lectores (con comentarios de Levrero), y por esa razón están adosadas a aquellas en las que se hizo la propuesta original.

No sé si mi amigo Jorge hubiera querido que esta parte de su obra apareciera como libro. Para el recuerdo que tengo de tanto tiempo compartido con él en aquella oficina, en su casa, en cafés, esto es un moño necesario, un homenaje, un gusto de los que hay que darse cada tanto. Gracias, Jorge.

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Este es el link para leer dos de las columnas rescatadas de Mario Levrero para el libro El boliche de Alvar Tot

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