Nilda Cuéllar, tía de la adolescente asesinada en Salvador Mazza 

"Le dice subí a la moto, o querés que te mate, y le muestra un arma"

Los investigadores buscan a un joven boliviano que la noche antes buscó a María Liz Flores en la plaza y se la llevó. Las hermanas de la chica estaban con ella y contaron el diálogo. También ellas fueron amenazadas. 

La noche del domingo, a eso de las 20.30, María Liz Elizabeth Flores no quería subir a la moto desde la que la llamaba, le ordenaba, un joven con el que había tenido un vínculo amoroso. Pero al final lo hizo, compelida por las amenazas. Eso es lo que contaron sus hermanas cerca de la medianoche de ese día, después de esperarla angustiosamente en la plaza de Salvador Mazza, ese "pueblo de nadie", como lo describió su tía, Nilda Cuéllar, que linda con el Estado Plurinacional de Bolivia

Esa fue la última vez que las hermanas de María, o Liz, la vieron con vida. Las tres hermanas, 17, 15 y 13 años, las mayores de cinco hermanos, habían salido alrededor de las 19 del domingo. “Habían dicho que se iban a ir a la plaza con sus amigas. Y como a las 8 de la noche apareció este tipo de la moto, ella estaba con su hermanita y otras nenas”. 

“Llega este hombre y le dice ‘Subí, subí en la moto’", contó ayer su tía, en una conversación que mantuvo con Salta/12 mientras se encontraba en el Hospital de San Ramón de la Nueva Orán, donde junto al padre de María Lizy una vecina esperaban ser recibidos para saber cuándo podrían retirar el cuerpo de la adolescente para llevarlo a Salvador Mazza y darle "cristiana sepultura". 

Nilda Cuéllar contó que por las hermanas de María saben que la chica se negó: "‘No, yo no voy a ir con vos’", le dijo. Pero el hombre insistió: "Subí. O querés que te mate’, señalan que le dijo. Tenía una riñonera y le mostró un arma de fuego". Su hermana también intentó subir, pero el hombre no lo permitió "y se la llevó a María nomás”.

María había cumplido 15 años el 8 de septiembre último. Los mayores de su familia no sabían que se había puesto de novia con este joven y que lo había dejado. “Ahora con todo lo que ha pasado” fueron enterándose y fue “una sorpresa para nosotros también todo lo que nos estamos enterando”. “Ella ya estaba amenazada, él le había dicho a ella que si ella lo dejaba, él la iba a matar”. Y ella terminó esa relación, “por violencia también, porque era violento”. 

Por todo eso la mayor de las hermanas se quedó esperándola, "la esperó y la esperó, esperó en la plaza hasta las 11 de la noche aproximadamente y de ahí se fue a su casa. Recién en ese momento les cuenta ella a su papá, y salen a buscarla así nomás entre ellos, diciendo aquí la ha llevado, está allá, y así, caminando”. Y luego, “al no tener ya más medios para buscarla" el hombre fue a la Comisaría 40, ya como a la 1 de la mañana, pero "no le tomaron la denuncia porque (el oficial de guardia) le dijo que tenían que pasar las 24 horas”. "Entonces la buscaron ellos nomás”. Cuéllar se enteró recién al otro día que su sobrina no había vuelto y la seguían buscando todavía cuando les llegó el comentario del hallazgo de un cuerpo que tenía la ropa que llevaba Liz la noche del domingo.

El cuerpo de la chica, con un disparo en el rostro, fue encontrado por vecinos en las primeras horas de la siesta del lunes último, en un canal de desague del barrio Justo Juez, en una zona casi despoblada del pueblo, cerca de las vías y no muy lejos de la ruta nacional 34. 

El hombre que la llevó de la plaza es de nacionalidad boliviana, tiene 23 o 24 años y se hace llamar Brasil. No trascendieron más datos de la investigación, solo que el joven tendría una orden de captura de la justicia boliviana, por otro femicidio cometido en aquel país. 

También queremos despedirla 

Al anochecer de ayer no se había realizado la autopsia al cuerpo de María Liz. La tía contó que ya tenían todo listo para el traslado del cuerpo a Salvador Mazza y el sepelio. Pero el fiscal Pablo Cabot les informó que recién estaba por llegar el resultado del hisopado que se le hizo para determinar si no tenía la covid-19

“Yo no sé por qué realmente se está demorando tanto", lamentó la mujer. "Yo entiendo el protocolo, entiendo todo, pero ya han pasado, mire, desde el día lunes ya hasta ahora, todavía nosotros no podemos darle cristiana sepultura porque no la tenemos. Nosotros también queremos despedirla y queremos estar… entiendo que las autoridades están trabajando para juntar más evidencias, que nos lleven a la verdad, pero nosotros ya nos sentimos desesperados, ya estamos impacientes, para nosotros es mucho”, se deshagó, aunque enseguida aclaró que tampoco quieren hacer nada que perjudique la investigación.

El padre y la madre de Liz tampoco sabían que la chica se dedicaba al bagayeo (el paso de marcadería de un país a otro). “Nos enteramos ahora con lo sucedido. Nosotros no sabíamos que ella cuando salía de la casa se iba con sus amigas al bagayo”.

Liz no había terminado la primaria aún. Su tía la recordó como “una nena activa, alegre", que "estaba todo el tiempo ayudando, queriendo hacer. Tenía un sueño, quería terminar de estudiar para seguir otra cosa. Nosotros somos personas humildes, de escasos recursos. La idea de ella era siempre sacar adelante a su familia. Yo pienso que también eso la llevó a querer ir al bagayo con sus amigas”. El padre de María es electricista, “hace de todo, albañilería, jornalero. Y su mamá trabaja en casas de familia, va a limpiar, a lavar”.

La familia está tratando de procesar toda la situación, "son muchas cosas para tratar de entender", dijo Cuéllar dando cuenta de la conmoción, que también se trasuntó en la charla con Salta/12, en los silencios, los suspiros y la voz rota a veces. “Nosotros la queríamos mucho, estamos muy dolidos, estamos tratando de encontrar fuerza de donde sea, porque queremos también que se aclare esta situación”.

Y sobre el final, cuando ya la conversación se cerraba, agregó: “Nosotros, toda mi familia está destruida y nosotros queremos darle la despedida a ella, y vamos a hacer marchas, vamos a mover cielo y tierra para que la agarren a esa persona, para que haya justicia, que no sea una más de tantos casos que quedan impunes, que nosotros vivimos en Salvador Mazza, un pueblo de nadie. Acá nadie… acá se defienden como pueden. Ahora yo estoy viendo que las autoridades están a disposición, nos ofrecieron toda su ayuda, están investigando, están andando, nos pusieron una consigna para que mi familia por lo menos se sienta protegida porque este tipo todavía no está preso y mis sobrinas fueron amenazadas, entonces temen también por sus vidas, todos tememos por su vida”.

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