Opinión

Las oportunidades perdidas del rugby  

Los Pumas antes del inicio del partido frente a los All Blacks.Los Pumas antes del inicio del partido frente a los All Blacks.Los Pumas antes del inicio del partido frente a los All Blacks.Los Pumas antes del inicio del partido frente a los All Blacks.Los Pumas antes del inicio del partido frente a los All Blacks.
Los Pumas antes del inicio del partido frente a los All Blacks. 
Imagen: EFE

Pocos países como Argentina pueden mostrar un rugby tan diverso como contradictorio, un rugby que vio surgir equipos y clubes cuyos nombres evocan historias e identidades de la más diversa índole: LGBT (Ciervos Pampas Rugby Club), pueblos originarios (Aborigen Rugby Club), detenidos (Espartanos), judíos (Sociedad Hebraica Argentina), libaneses (Los Cedros), italianos (SITAS, Roma Rugby Club), escoceses (San Andrés), además del creciente número de equipos de rugby femenino. El rugby argentino constituye un panorama social y cultural mucho más complejo y rico que raras veces se ve reflejado en la cobertura periodística centrada en los “grandes clubes” de las divisiones superiores. ¿Cuán representativos son los twits racistas de los tres jugadores del plantel nacional recientemente suspendidos de los valores sostenidos por les más de 70.000 jugadores federades?

Mirando hacia atrás cabe preguntarse si nuestro rugby podría haber escrito otra historia, no una libre de conflictos, pero sí una historia que hubiese evitado que hoy muchos argentinos en su cólera y frustración anhelen la derrota del seleccionado nacional. Hay que esforzarse mucho para encontrar casos semejantes: el primero que viene a la memoria es el apoyo de la población negra de Sudáfrica a los equipos extranjeros que jugaban contra el seleccionado de ese país, los Springbok, enteramente formado por blancos -esto en la época anterior a Nelson Mandela. Haciendo historia hay al menos dos momentos en que las cosas podrían haber seguido otro curso. En ambos las responsabilidades recaen en la dirigencia del rugby nacional, comenzando por la UAR y siguiendo por los clubes, pero también en los jugadores. 

Un primer momento en que se perdió la oportunidad de arraigar el rugby en espacios sociales más amplios fueron los años 30, cuando a raíz de la profesionalización del fútbol (1931) la entonces Unión de Rugby del Rio de la Plata desafilió o rechazó la afiliación a varios clubes por practicar fútbol profesional, entre ellos River, Racing, Ferro, Estudiantes de La Plata, Gimnasia y Esgrima de La Plata y Sportivo Barracas. La medida no fue provocada porque estos clubes fuesen a profesionalizar el rugby sino para evitar la convivencia del rugby con el fútbol y el “contagio” del primero con los “vicios” del segundo. Hay que decir que ya en esa época la realidad del rugby contradecía las admoniciones altisonantes de algunos dirigentes sobre los valores y el espíritu. En los informes presentados ante la Comisión Directiva de la Unión abundan las referencias a la indisciplina de jugadores y público (juego violento, maltrato del referee, invasión de cancha, etc.). ¿Qué habría pasado si el rugby se hubiese quedado en esos grandes clubes? ¿No habría atraído a muchos más pibes y pibas que se hubieran acercado a ese deporte por curiosidad o buscando lo que todes buscan y la gran mayoría encuentra: pasarla bien y hacer amigues?

La otra oportunidad perdida ocurrió durante el decenio peronista. En esos diez años visitaron la Argentina cuatro delegaciones internacionales: el conjunto de las universidades de Oxford y Cambridge (1948) y los seleccionados francés (1949 y 1954) e irlandés (1952). Era la primera vez que equipos que competían en el Torneo de las 5 Naciones salían de gira fuera Europa. Perón en persona recibió a los británicos en la casa de gobierno y concurrió al partido entre los seleccionados argentino y francés, saludando a ambos equipos antes de comenzar el encuentro. El duelo por el fallecimiento de su esposa le impidió concurrir al partido contra Irlanda, pero envió en representación suya a su edecán. De no haber sido por los subsidios otorgados por el gobierno las visitas de equipos internacionales no se hubieran concretado ya que, como era costumbre, los gastos corrían por cuenta de la institución anfitriona y éstos excedían largamente las capacidades financieras de la UAR. Algo similar ocurrió con el Campeonato Argentino, lanzado por la UAR en 1945 con el objeto de difundir el rugby en el resto del país. A fin de facilitar el desplazamiento de los equipos desde y hacia el interior la Confederación Argentina del Deporte acordó con Ferrocarriles Argentinos la emisión de pasajes a precios reducidos. No menos importante fue la inclusión del rugby en los Juegos Sudamericanos (1951), certamen en el cual los argentinos mostraron su indiscutible superioridad sobre los países vecinos. La prensa oficialista jugó a través del semanario Mundo Deportivo un papel de primer orden en la difusión del rugby más allá de sus espacios de práctica tradicionales -a cargo del diario La Nación y la revista El Gráfico.

Pero el ejemplo más claro de la voluntad oficial de llevar el rugby hacia los sectores populares fue su inclusión en los Campeonatos Evita. En 1954, la División de Deportes de la Fundación Eva Perón designó un plantel de entrenadores para que enseñasen el deporte a niños y jóvenes que nunca lo habían jugado. Los entrenamientos se realizaban en los clubes Obras Sanitarias, Gimnasia y Esgrima, Municipalidad, Harrod’s Gath & Chaves e YPF; la Fundación proveyó toda la indumentaria necesaria. Se formaron seis equipos, cuatro en la categoría Infantiles (14-15 años) y dos en Juveniles (16-17). Se llamaban “Tacuara”, “Pampero”, “Zagal”, “Mariano Moreno”, “Nahuel” y “San Martín”. A comienzos de 1955 jugaron un certamen reducido de Seven con miras a la participación en el torneo de 15, que fue incluido por primera vez en los Campeonatos Infantiles “Evita” y Juveniles “Juan Perón”. Estas competencias debían servir de ensayo preliminar para la inclusión del rugby en las II Olimpíadas de la Niñez y la Juventud, programadas para marzo de 1956. Nada de esto sobrevivió al derrocamiento de Perón producido unos meses después.

1 de julio de 1965. A poco de aterrizar en Ezeiza el avión que traía de regreso a Los Pumas luego de su histórica gira por Sudáfrica, el diario Crónica hacía un llamado a los dirigentes del rugby a que aprovechasen la ola de entusiasmo generada por los triunfos argentinos en el exterior. “Es la hora justa de la popularización del rugby” (…) deporte “definitivamente acriollado, y a eso no deben temerle los dirigentes (…) el rugby se ha portado ahora tan “a lo pueblo” que ese triunfo deben aprovecharlo sus dirigentes para emprender la tarea de divulgación que arrime gente no sólo a los partidos, sino también a su práctica activa (…) Porque “el pueblo dignifica lo que toca”.

*Departamento de Estudios Históricos y Sociales. Universidad Torcuato Di Tella. 

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