Por un lado, el sintagma “el uso del sueño y su interpretación” nos lleva a la primera vía que localizamos como el campo del inconsciente transferencial, donde la interpretación de los sueños consiste en descifrar y volver a cifrar. Esta vertiente es necesaria, aún hoy, en nuestra clínica. Sirve para promover la confianza y permite instalar el dispositivo analítico, ya que creer en el inconsciente a través de la transferencia es una condición primera para todo tratamiento posible. También a lo largo de un análisis la interpretación tipo cifrado-descifrado es clave, a veces para escandir una línea de asociaciones, otras para puntuar un período de tiempo del recorrido. No obstante, Miller afirma que este tipo interpretación de los sueños “…no es la vía de un verdadero despertar para el sujeto”. Ahora bien, con la noción de despertar nos acercamos al inconsciente real. Justamente el otro sentido del sintagma “el uso del sueño y su interpretación” nos conduce también a aquellos sueños que operan dando cuenta en qué medida un análisis involucra una experiencia de lo real. La pesadilla es un ejemplo. A propósito de ello es que planteamos que una interpretación eficiente actúa como una pesadilla: “una pesadilla de la cual no se puede huir”, y destaca que el progreso de la cura se nota justamente en ese indicio preciso: cuando el sueño logra prolongarse más allá del punto de angustia que antes era su tope. Claramente lo que cuenta en este punto es una posición analizante sostenida, pues para que el “despertar” producido por una interpretación no funcione defensivamente como en la pesadilla hace falta una decisión subjetiva, tal es el coraje que Lacan le atribuye a Freud frente a la garganta de Irma. Cuando un efecto de real aparece en el sueño conmoviendo al sujeto, tomando a veces la forma de un rastro del objeto a, o una huella del trauma, o el desmantelamiento de una construcción defensiva, y esta conmoción logra ir más allá de la pesadilla abriendo una hendija hacia ese resto ininterpretable que llamamos “ombligo del sueño”, es posible que el sueño en sí mismo escriba algo nuevo, por ejemplo “un saber hacer con los significantes de la propia historia facilitado por la posibilidad de jugar con la homofonía linguística”.

Lacan destaca que “lo real se especifica también por un imposible. Esto, debe ser demostrable, y toda la experiencia analítica no hace sino converger en demostrarlo”. Estos sueños son reveladores del uso actual que hacemos del sueño en la dirección de la cura en tanto instrumento del despertar. Que este tipo de sueños aparezcan al final de los análisis no es casual, ya que como lo plantea Lacan: “Quizá deba transcurrir todo un análisis antes que suceda lo que podría suceder, a saber, que se toque un punto de despertar”, claro que aquí se juega la erótica del tiempo de cada analizante.

*Miembro EOL y AMP. “Papers” 1. Preparatorios del XII Congreso de la AMP 2020 suspendido con motivo de la Pandemia.