El plan representa un quiebre con la política que llevó a cabo el gobierno anterior en Estados Unidos

Joe Biden presentó una estrategia nacional contra la pandemia

Desde Washington DC. A partir de ahora, en Estados Unidos será obligatorio usar barbijo en los aeropuertos, aviones comerciales, trenes, transporte marítimo, micros de larga distancia y todo tipo de transporte público. Cualquiera que quiera ingresar al país, tendrá que presentar un test negativo de COVID-19 y respetar las pautas de los Centros de Control de Enfermedades (CDC en inglés), que recomiendan siete días de cuarentena. Lo decretó el presidente Joseph Biden en una de sus primeras medidas en el cargo. También se revisarán las pautas de seguridad en el trabajo y habrá una junta encargada de coordinar las acciones del gobierno federal. Todo esto integra la estrategia nacional de respuesta contra la pandemia. Presentado este jueves por la Casa Blanca, el plan marca una ruptura con la política sanitaria que había implementado la gestión de Donald Trump.

“Las cosas van a empeorar antes de mejorar”, dijo Biden al hablar de la nueva estrategia. Según las estimaciones que dio el mandatario, el número de víctimas de COVID-19 en el país ascenderá “probablemente” a 500.000. Actualmente, Estados Unidos ya suma más de 24 millones de casos confirmados y más de 400.000 muertes por la enfermedad. Es decir, un cuarto de todos los contagios a nivel mundial y el 20 por ciento de los fallecidos por la pandemia.

La nueva orden que establece el barbijo obligatorio en el transporte se suma a la que firmó Biden el miércoles para que cualquiera que esté en un edificio del gobierno federal lleve tapabocas. Fue una de sus promesas de campaña. En el texto, el decreto sostiene que las medidas de salud pública fundadas en la ciencia “son críticas” para prevenir la propagación del coronavirus por parte de quienes viajen dentro de Estados Unidos o quienes ingresen al país.

Es parte de la “Estrategia nacional para la respuesta al Covid-19 y preparación para pandemias” presentada este jueves. “Brinda un mapa para sacar a Estados Unidos de la peor crisis de salud pública en un siglo. Traza un plan a implementar por el gobierno federal para encarar la pandemia de COVID-19 e incluye 12 decretos iniciales que emitirá el presidente Biden en sus primeros dos días en el cargo”, sostuvo la Casa Blanca sobre el documento.

Esta estrategia de casi 200 páginas está organizada en torno a una serie de objetivos. En primer lugar, quiere “recobrar la confianza del pueblo estadounidense”, basándose en la ciencia. Buscará evitar la propagación, con medidas como la que establece el uso obligatorio del barbijo. Expandirá la ayuda de emergencia y el uso de la ley de Producción para Defensa, para fabricar los elementos necesarios para la vacunación, como jeringas o frascos.

La reapertura de las escuelas, los negocios y la protección de trabajadores también son parte de la estrategia, pero los decretos del Gobierno de Biden en este aspecto tienen más recomendaciones y expresiones de deseo que acciones concretas. En ese sentido, Biden firmó un decreto para instruir que se revisen las pautas de seguridad para los lugares de trabajo. En cuanto a las escuelas, su objetivo es reabrir la mayoría de las primarias en los próximos 100 días. Sobre esto, la Casa Blanca no dio más detalles sobre cómo se implementaría ni qué proporción está abierta actualmente.

Otro de los objetivos del gobierno será el de implementar una campaña de vacunación “segura, efectiva y exhaustiva”. Biden planea una estrategia agresiva de vacunación que apunte a suministrar un millón de dosis por día. Es decir, llegar a 100 millones en los primeros cien días de gestión. Consultado por la prensa sobre si esa meta no era demasiado baja, el mandatario respondió que “es un buen comienzo” y se quejó de que cuando anunció el plan le habían dicho que “era imposible”. Estados Unidos ya venía alcanzando ese número diario de dosis, según Bloomberg.

Entre las acciones que planea la administración para la campaña de vacunación está el establecimiento de todos los centros que se necesiten, en colaboración con los gobiernos locales y estatales. Estadios, centros de conferencias y sitios comunitarios son algunas de las ideas que enumera el plan.

“El gobierno federal va a desplegar estrategias para satisfacer las necesidades de individuos con un mayor riesgo y de otros que necesiten precauciones extras, según los CDC, así como de las comunidades más afectadas por la pandemia”, prometió la Casa Blanca. Actualmente, en distintas ciudades como Washington o Chicago los distritos que contabilizan más personas vacunadas no son los que recibieron el mayor impacto de la enfermedad, sino todo lo contrario.

En línea con su plan de restaurar la posición de Estados Unidos en el mundo, otro de los objetivos de esta estrategia será la de comprometerse con el multilateralismo en la respuesta internacional al COVID-19. Según el documento, el presidente buscará un rol activo del país para apoyar la distribución global de la vacuna, así como la investigación y el desarrollo de tratamientos, tests y vacunas. Apoyará el Acelerador ACT de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que brinda acceso a herramientas contra la enfermedad, y se sumará a la iniciativa COVAX, que busca facilitar el acceso a la vacuna.

La vuelta de Estados Unidos a la OMS fue una de las primeras medidas de Biden tras su asunción. También marca un contraste con la gestión de Trump, quien había retirado al país del organismo internacional. Anthony Fauci, el inmunólogo de la Casa Blanca criticado por el expresidente, participó este jueves de la reunión de la junta ejecutiva del organismo.

“Me honra anunciar que Estados Unidos permanecerá como miembro”, dijo el asesor en la videollamada. Como integrante del organismo, el país volverá a “cumplir con sus obligaciones financieras” y pretende “estar completamente comprometido” en apoyar la seguridad sanitaria a nivel mundial.

En la misma llamada, Fauci anunció que Biden revocará la “política de la Ciudad de México”, como se conoce a la medida implementada por los gobiernos republicanos para impedir dar fondos federales a organizaciones que provean o aconsejen sobre el aborto o hagan activismo a favor de la interrupción voluntaria del embarazo. “Será nuestra política la de apoyar la salud sexual y reproductiva de mujeres y niñas y los derechos reproductivos en Estados Unidos y en el mundo”, explicó el experto.

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