El flamante presidente demócrata calificó el acto de "terrorismo doméstico" 

Joe Biden ordena estudiar a fondo el extremismo en EE.UU. tras el asalto al Capitolio

La investigación recaerá en el Departamento de Seguridad Nacional y el FBI. La violencia interna estaba fuera del radar del gobierno saliente, que circunscribió el problema al extremismo islamista.
Imagen: AFP

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ordenó llevar a cabo un "análisis exhaustivo de las amenazas" que presenta el "extremismo violento" en el país, tras el asalto al Capitolio por parte de seguidores radicalizados del exmandatario Donald Trump. Biden calificó el acto de "terrorismo doméstico" y una de las primeras medidas que tomó desde su asunción fue encargar una evaluación a fondo de la violencia que involucra a sectores de la extrema derecha.

La responsabilidad recaerá en el Departamento de Seguridad Nacional y el FBI, que realizarán sus propias investigaciones y se apoyarán también en el trabajo de organizaciones no gubernamentales, explicó la secretaria de Prensa de Washington, Jen Psaki. La Casa Blanca había recortado los fondos a las asociaciones que se dedican a luchar contra la radicalización y el asunto estaba fuera del radar del gobierno saliente, que circunscribió el problema al extremismo islamista.

"El asalto al Capitolio del 6 de enero y las trágicas muertes y destrucción que ocasionó han demostrado lo que ya sabíamos: el ascenso del extremismo violento a nivel nacional es una amenaza de seguridad nacional grave y creciente", afirmó Psaki. A partir de esa evaluación, el Consejo de Seguridad Nacional desarrollará medidas para prevenir la radicalización y desmantelar las redes de la extrema derecha. "La administración Biden va a afrontar esta amenaza con determinación y con los recursos que sean necesarios", remarcó la vocera presidencial.

Para ello, Biden le pidió a la directora de inteligencia nacional de Estados Unidos, Avril Haines, que inicie "un análisis exhaustivo de las amenazas" que presentan ese tipo de extremistas, muchos de ellos de ultraderecha, con la ayuda del FBI y el Departamento de Seguridad Nacional. "Queremos un análisis basado en los hechos para poder diseñar políticas" que respondan al problema, indicó Psaki.

Los seguidores de Trump que asaltaron el Capitolio incluyeron una mezcla de distintos grupos radicalizados, entre ellos los movimientos de ultraderecha QAnon, Proud Boys, Oath Keepers o Three Percenters. Los expertos en terrorismo interno dicen que estos grupos acusaron el golpe de la salida de Trump del poder. Pero también sostienen que no han desaparecido y que, de alguna manera, ahora están motivados para emprender ataques aún más peligrosos. "La retórica sigue siendo acalorada, la gente no se está enfriando. No se están adaptando bien a Biden", dijo Michael Edison Hayden, miembro de la ONG Southern Poverty Law Center.

Hayden piensa que la eliminación de los usuarios que superaron ciertos límites en las redes sociales se está "convirtiendo en un factor unificador" de esos individuos. La mayoría se mudó a otras plataformas, principalmente Telegram, donde las nuevas páginas de QAnon y Proud Boys tienen cientos de miles de seguidores. "La infraestructura realmente todavía existe para que la extrema derecha se reúna", advirtió Hayden. 

El asalto al Capitolio, que dejó 5 muertos, ha derivado ya en más de 70 arrestos y la apertura de al menos 300 investigaciones. También llevó a la suspensión de miles de usuarios en redes sociales como Twitter y Facebook. Decenas de los atacantes ya se encontraban en las bases de datos de alertas terroristas del FBI, según una investigación del Washington Post.

A poco de asumir la presidencia de Estados Unidos, Biden describió como "terroristas nacionales" a los responsables del asalto y pidió investigar a fondo el incidente, que se produjo mientras el Congreso estaba reunido para certificar su victoria en las elecciones de noviembre, y que desató un juicio político contra Trump por haber incitado a la violencia a sus seguidores. La implicación de Seguridad Nacional, una agencia federal creada a raíz de los atentados del 11 de septiembre del 2001, refleja un giro en la estrategia antiterrorista estadounidense para centrar la atención en la violencia generada en el interior del país. 

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