Retrato de Alto Comedero, el barrio de la Tupac Amaru en San Salvador de Jujuy

Un barrio en silencio

El prestigioso fotógrafo argentino Marcos Zimmermann fue a ver qué le faltaba a uno de los mayores logros del grupo social. Y encontró que era Milagro Sala, encarcelada en un marco de creciente represión.

Ruge un enorme silencio. Recorro el barrio Alto Comedero de San Salvador de Jujuy tomando fotografías. En el sitio se respira un aire enrarecido. Sus habitantes me observan con recelo desde las ventanas de casas idénticas, en cuyos tanques se repite el retrato de Tupac Amaru. Deben presumir que estoy apuntando mi cámara con algún motivo infame. Que estaré marcando algunas casas o señalando a alguien. Como sucedía en dictadura cuando el miedo se encargaba de mantenernos a distancia unos de otros. Y entonces soy yo el que me pongo paranoico, disparo velozmente mi cámara y sigo adelante, casi sin bajarme del auto, registrando partes de un barrio que da la impresión de estar velando a alguien. Que parece extrañar aquello que daba vida a las piletas, al centro cultural y al campo de deportes, edificios que ahora desfilan ante mi vista como cenotafios sin almas.

Guste o no, el espíritu que llenaba los intersticios de estas construcciones y daba sentido a ese proyecto comunitario monumental, se llama Milagro Sala. Alguien que, para muchos, hizo honor a su nombre y multiplicó las casas, desparramó inclusión, convirtió la esperanza en presente y hasta alivió el agobio del trabajo diario con un baño fresco en piscinas donde también descorchaban su alegría cientos de niños. Hace más de un año, el sitio quedó huérfano.

Solos, se enemistarán; solos, se fagocitarán -pergeñaron algunos. Pero quedó a la vista la obra. El proyecto de una ciudad para los más pobres. Un esfuerzo contestatario, indisciplinado, punk-coya si se quiere y, seguramente, también autoritario. Al ver lo hecho, ahora deshecho, me surge una pregunta: ¿si, como dicen, robando se hizo tanto, no se estará robando aún más ahora que no se hace nada…? Quizá sea mentira lo de los vueltos. Y el emblema de la Tupac no represente un modelo fascista, sino una idea impresa a fuego en el corazón de mucha gente. Antes o después el barrio reaccionará al agravio. Ya ha comenzado a reparar lo destruido. Contra vínculos así de hondos no se puede. Por más escarnio y desolación a que se los someta.


 


 


 



 





 

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