Este 18 de mayo se celebra como hace 44 años el Día Internacional de los Museos y propone como lema en este año 2021: “El futuro de los Museos: Recuperar y recrear”

Es el Consejo Internacional de Museos (ICOM) el organismo internacional que con delegaciones en países del mundo entero, como el Comité Nacional en el nuestro, impulsan la participación de los museos en diversas propuestas incentivando su difusión, pero, fundamentalmente, invitando a la reflexión que permita repensar los espacios o en todo caso, repensarnos con los espacios.

Particular se presenta este año que agrega un extra inaugurado ya en el anterior 2020, con el inicio de estos días extraños que profundizan la posible actitud de cambio, debiéndose readaptarse a otras posibilidades que demandan estos nuevos contextos y dejando en el camino los modelos que venimos arrastrando del pasado y que en un pronto futuro nos pasarán factura.

Y antes de involucrarnos en la temática de una necesaria innovación digital, elegimos hacerlo en la temática de la definición de museo, la cual entiendo es imprescindible y previa a cualquier transformación tecnológica, ya que el cambio desde lo social es la base para lograrla.

¿Qué es museo? o ¿Cuándo hay museo?

La respuesta al primer interrogante es aquella definición que resulta de gran utilidad para justificar la creación de museos por parte de todos aquellos que, sin saber bien qué implica un museo, la repiten porque queda bien hablar de un servicio social y de una apertura a los públicos, suena democratizador. 

Vigente desde el año 2007, esa definición dice: "Un museo es una institución sin fines lucrativos, permanente, al servicio de la sociedad y de su desarrollo, abierta al público, que adquiere, conserva, investiga, comunica y expone el patrimonio material e inmaterial de la humanidad y su medio ambiente con fines de educación, estudio y recreo" (Consejo Internacional de Museos, 2020).

Pero nos surgen más dudas que certezas ante la realidad que se vivencia actualmente en los museos, y en los de nuestra ciudad en particular, como por ejemplo: ¿Cuáles son los públicos que menciona? ¿Qué involucra perseguir fines de educación, estudio y recreo?, y lo que bien señala Ribotta: “¿Cómo arribar entonces a una sola definición? ¿Cómo correr el riesgo de encerrar en una enunciación que debe extenderse o recortarse y aun así el museo no estar comprendido en ella?”

Coincidimos en su respuesta de la no posibilidad de un museo que resultaría neutro, y de allí que una definición única respondiendo al interrogante qué es, posee una carga de obsolescencia que la hace inapropiada para estos tiempos en donde la democratización de la cultura es una práctica real y de búsqueda constante: diversidad, inclusión, polifonía, participación, transdisciplinariedad, integralidad. 

Desafíos permanentes

En la década de 1990, Fred Wilson diseña una exposición revolucionaria en la Maryland Historic Society titulada Mining the Museum, al tiempo que conceptualizaba:

"La tendencia enfermiza de los museos por almacenar objetos, privilegiando su colección, catalogación y clasificación sirve más para analizar los sistemas de funcionamiento de los conservadores y de los que dirigen la política del museo que de los principios y sistemas de valores de las comunidades nativas de los que estos objetos proceden". 

Wilson diseña una exposición revolucionaria, y la definimos así como claro ejemplo de lo que materializa los aportes de la Museología Crítica, “concibe los museos como espacios de diálogo, conflicto, tradición, contradicción, resistencia, colisiones, fusiones y transformación social, las narrativas de los visitantes son tan protagonistas como los objetos”.

La Nueva Museología, la Museología Crítica, o Museología Social, tienen su origen y se desarrollan con mayor o menor fuerza en la rebeldía ante lo que existió y/o existe como museo. El museo tradicional debe ser descartado porque hoy es el tiempo el que debe convertirse en espacio en los museos.

A partir de todas estas reflexiones nos preguntemos nuevamente: ¿Cuándo hay museo? Y la respuesta es que certezas absolutas no tenemos, pero podría ser cuando la memoria colectiva de una comunidad se planta ante lo impuesto y desafía la única mirada para dar lugar a la problematización del pasado, a la mirada puesta en un futuro que se construye desde una realidad que incluye, que no es única, que abarca todos los espacios y todas las personas.

Si vamos por el cuándo y no el qué, lograremos tiempos y espacios anchos y profundos de relaciones entre grupos humanos que, entremezclados e integrados, circulan y circulan y siguen circulando como protagonistas y no destinatarios de lo que ellos han producido, producen y producirán.

No hablamos de desaparición de estructuras fundamentales que hacen a la existencia de los museos, hablamos de una urgente y necesaria rebeldía que dinamizándolas no permita que mueran. Animémonos a la transformación con y para todos porque allí es cuando hay museo.

Como afirmaba al inicio, hace más de un año que vivimos estos días extraños, con consecuencias también extrañas e inesperadas y me pregunto y les pregunto sobre la actitud de nuestros museos: ¿A cuál de los dos interrogantes dan respuesta?

*Arquitecta