“La prédica anti-vacuna puede hacer mucho mal. Ya hizo mucho mal. Hay que comprender que si la gente no se vacuna y se contagia, se puede morir. Que esto es de vida o muerte. Y si hay un 41 por ciento de cordobeses que ni se anotaron todavía para vacunarse; si no se vacunan por uno u otro motivo; no alcanzaremos la inmunidad de rebaño y como provincia perjudicaremos al país”, dijo a este diario Oscar Atienza, magister en Salud, docente universitario y uno de los profesionales que viene informando –y adelantando- lo que sucede en el paso a paso de la pandemia en Córdoba.

Atienza aludió “a los números que se conocieron esta semana, que el 41 por ciento (1.139.189 habitantes), todavía no se anotaron para vacunarse”; mientras que de los 3.600.000 del total de cordobeses, ya recibieron una o dos dosis 1.959.957 habitantes.

--¿Por qué cree que no se anotaron?

-Habrá quien no conozca todavía cómo. Pero muchos alegan miedos, inseguridades o directamente rechazo político.Hubo hasta gente que habló de veneno... Esto es muy preocupante. Se han dicho cosas por los medios grandes, que han perjudicado y agrandado los temores de la gente. Sobre el proceso de vacunación, creo que funciona bien porque es uno de los temas que se coordina a nivel nacional. Y estimo que en menos de un mes se terminará de vacunar a las personas de más de 18 años. Creo que entre el 15 de agosto y el 15 de septiembre, la Argentina llegará a la inmunidad de rebaño. No así Córdoba. Porque para llegar a esa inmunidad tendríamos que tener a un 75 al 82 por ciento de cordobeses vacunados. Y ese 41 por ciento que no se inscribió o no se quiere vacunar, hará que aquí todo se complique y terminaría complicando la situación nacional.

--¿Tanto así?

--Es que se trata de una provincia grande, con 3 millones y medio de habitantes, una provincia ubicada en el centro del país, una provincia de visita y de paso que se volvería un reservorio de virus que haría que la circulación de la covid en sus variantes continúen circulando. Y acá en Córdoba se detectaron de entrada las variantes nuevas: la Manaos (de Brasil) el 24 de marzo (de 2021), y la Epsilon (de California), el 3 de julio, en tres pacientes de Río Tercero.

La única solución a este panorama, un paso muy importante para que eso no suceda, es que la provincia concientice y vacune. Descentralizar todo lo que es vacunación. La estrategia del gobierno tiene que ser ir a la gente.

Para el infectólogo las vacaciones de invierno serán una nueva etapa de recrudecimiento de los contagios. “Desgraciadamente virus y vacaciones en este contexto es una combinación peligrosa –-sigue Oscar Atienza-- Si bien en enero, en el verano pasado aumentaron los casos, lo de julio y el frío es peor. En verano no teníamos aún la variante Manaos. Ahora sí y es seis veces más infecciosa que la inicial. Creo que los casos de contagio aumentarán un 50 por ciento como mínimo de acá a dos semanas. Por estos días tenemos unos 2700 casos diarios de contagios; así que estimo que se llegará a los 4500 como mínimo. La movilidad de la gente puede incluso hacer que la variante Delta se difunda en el país. Se han detectado unos 8, 10 casos. Aunque lo que preocupa es lo que no se ha detectado. Es natural que la gente se relaje en vacaciones. Por eso considero que habilitar los viajes hará que el escenario actual se complique”.

En cuanto a la situación de ocupación hospitalaria, el médico advierte que “se ha descomprimido casi en un 30 por ciento. Estaba en 86, y ha bajado un 50 por ciento. Y a eso lo vinculo con el cierre de la presencialidad en las escuelas; ya que es la única medida que se está cumpliendo totalmente desde que el gobernador (Juan Schiaretti) se dio cuenta que la escalada de contagios se le iba de las manos. Todo lo demás siguió igual: restaurantes, comercios y por desgracia las fiestas clandestinas. Usted puede ver y cualquiera que salga a la calle ve que las plazas están llenas de gente y no hay controles para nada. Creo que hicieron bien en restringir las reuniones familiares, pero tampoco hay controles. No hay modo de controlar. Toman esas medidas para que sus conciencias estén tranquilas.

Atienza asegura que (en el gobierno) “se pegaron un sustazo cuando los números pasaron los 5 mil contagios por día. Deberían recordarlo ahora. Es una contradicción peligrosa autorizar estas vacaciones. Hay que ver lo que está pasando en el mundo (con la Delta) y seguir cuidándose”.

--Anunciaron que la presencialidad en las escuelas volverá luego de las vacaciones de julio

--Otro grave error. No tienen que abrir hasta que la cantidad de muertos (por la Covid) esté en cero. Que los contagios estén en cero. Todo esto es de vida o muerte. Repito: todo pasa por vacunar y cuidar a la gente. Si Córdoba no llega a la inmunidad de rebaño el país se va a joder.


La cepa “fernet con coca”

Los (hoy) más de 5.836 muertos en Córdoba desde que arrancó la pandemia; y los más de 443.376 contagiados no alcanzaron para interpelarles la conciencia a quienes siguen perpetrando fiestas clandestinas. La “cepa fernet con coca”, tal como la llamó el médico y escritor Carlos Presman, no ha cesado de propagarse cada fin de semana entre los cordobeses desaprensivos que siguen montando reuniones y bailes en medio del desastre generado por la Covid-19.

Ni el dolor de miles de familias por sus muertos y contagiados; ni el clamor de los equipos de salud extenuados física y mentalmente por el combate contra el virus desde marzo de 2020; les impidió organizar sus bailes y reuniones en la cubierta del Titanic. Hace pocas horas, en la madrugada de este sábado, la policía irrumpió en fiestas ilegales en el country “Las Delicias”, donde había “unos 95 menores de edad de fiesta” y sumarió al dueño de la casa, un hombre de 63; y en otra en el barrio Villa Mafekín, donde contaron más de 100 personas. El fin de semana pasado hubo fiestas clausuradas en Carlos Paz, San Carlos Minas y Morrison.

En este tiempo, tampoco faltaron los yerros. Ni bien arrancó julio ocurrió uno de escándalo. Fue en La Falda, en el Valle de Punilla: 470 vacunas (200 de Sinopharm y 270 de AstraZéneca) fueron a parar a un freezer que las inutilizó. “Las confundieron con Sputnik, que hay que tener a 19 grados bajo cero; y estas otras sólo necesitaban entre 2 y 8 grados”, explicaron. El resultado, devolución de las vacunas estropeadas al gobierno provincial; mientras les 470 destinatarios tendrán que esperar las nuevas partidas con el riesgo del día a día que eso implica.


Sólo se trata de vivir

Pese a todo, los vacunatorios parecen ser el único sitio de auténtica alegría existencial en medio del temor y la zozobra anímica impuso este vivir y morir en una peste planetaria en pleno Siglo XXI. Los y las emocionadas post pinchazo se fotografían con su certificado de vacunación y gritan su amor por la vida ni bien salen del Comedor Universitario, o los centros vacunatorios montados en el Chateau Carreras, el Orfeo y hasta un salón del hotel Sheraton. “Ponerte la vacuna, que te pongan la vacuna, te cambia la cabeza. Se vive de otra forma. De pronto tenés una esperanza de futuro otra vez”, dijo a PáginaI12 Raquel Bulla, una docente de 45 años y madre de dos hijes adolescentes.

Dentro del vacunatorio del Comedor Universitario, les enfermeres parecen disfrutar de la atmósfera de esperanza que cada uno respira tras los barbijos y elles alientan con apelativos coloquiales cuasi cariñosos: “Pase mamá”, “Venga amor”, “No tenga miedo papi que no le va a doler”, nombran, indican, consuelan en ese cordobés barrial que ayuda en el trance a quienes llegaron allí con todas sus ganas, o a pesar de sus propios temores (y de los que les sembraron los mentimedios de comunicación y la oposición libertaria-quema-barbijos).

Vida. Salud. Futuro. Dejar de vivir con pavura al contagio. Ilusión por volver a juntarse con los queridos. De eso tratan los diálogos entre les que esperan con su turno en mano y luego salen eufóricos a mirar el mundo con otros ojos.

Aunque la pulsión del "Córdoba no para" autorice vacaciones que puedan abismar a un (nuevo) colapso sanitario e insista con "la vuelta a la presencialidad" para el 26 de julio. Dos variables que, se sabe y se comprobó, ocasionaron desde mayo hasta hoy los días más aciagos y letales que se han sobrevivido en esta pandemia. En esta ocasión, el escenario incluye a los turistas que vengan a Córdoba desde Buenos Aires y otras provincias del país según se habiliten sus propias vacaciones de invierno.

“Hoy (por ayer) Villa Belgrano está repleto. Es un mundo de gente. Y hemos visto muchos sin barbijo ni cuidar la distancia. En las mesas y sillas que ponen afuera, están casi espalda contra espalda”, contó a este diario Rita Nai, de 71 años. Ella y su marido tienen una casa de fin de semana en el Valle de Calamuchita, a la que volvieron “espantados” luego de la compra del pan y elementos de limpieza. “Estamos los dos vacunados, pero nos seguimos cuidando. Tenemos un poco de miedo por lo de la cepa Delta. Asusta que los que vienen de otros países no respetan la cuarentena. Nos quedaremos un día más y volvemos a Córdoba (capital)”.

Ayer se supo que entre “el 26 de junio hasta el 16 de julio ingresaron cerca de 680 personas” de viajes a otros países. Según declaró Martín Angerosa, director de la oficina de Migraciones en Córdoba, “de esos 680, se constató que 29 no cumplieron con  el aislamiento preventivo que impone el artículo 205 del Código Penal” sobre propagación de enfermedad contagiosa y han sido procesados. De ser condenados, las penas van de 6 meses a 2 años de prisión por violar las medidas dispuestas para proteger a la población durante una pandemia.

En las últimas semanas,  y tras el Código Rojo decretado por Schiaretti, la cartelería callejera del gobierno cordobesista viró del "Córdoba no para" al “Si no te movés, el virus no se mueve./ La pandemia no volvió, porque nunca se fue”

Ahora, hoy, con los centros turísticos repletos, la contradicción entre los afiches y  el vía libre para vacacionar quedó en las paredes.