Espero que Lirio John hoy no haya salido del sótano. Pasó la semana en la búsqueda de un terreno y un sol de pesadilla. Piensa colgarlo justo encima de su cabeza para evaporar las húmedas maquinaciones de la sana razón.

Cuando se adormila de tanto mirar las velas que me regaló Eduardo, se vuelve a despertar gracias a la convicción de que ese terreno y ese sol, pronto aparecerán.

¿Te das cuenta?, me dijo ayer, las apariencias engañan. El Lirio John de detrás del armario pasó a su estado fluido y sin embargo no es un fantasma. Lee los diarios, escucha las noticias. Sigue un blog. Pero a veces se condensa. ¿Vos sabés cuántos protones y neutrones hay en el átomo de iridio?

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Pienso que si fuera caminando hasta el supermercado o a la farmacia se podría distraer un poco, se quitaría esos pensamientos inútiles de la cabeza y, además, me ayudaría, pero lo veo difícil. Como no le respondí porque no lo sabía, me dijo que 77 protones y 115 neutrones. El Lirio John de detrás del armario es un átomo bastante pesado, me explicó, con una notable admiración que no logró, sin embargo, ocultar la inquietud.

Tal vez Lirio John quiere que el otro Lirio John sea menos real que él mismo. Yo no estoy segura de que eso sea posible. No en mi sótano. Por eso apoyo su iniciativa de buscar un terreno y colgar un sol sobre su cabeza, aun a riesgo de que se nos apaguen las velas, aun a riesgo de no hacer bien las preguntas.

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Lirio John, visto desde afuera parece abierto a sí mismo, como un grano de tierra, visto desde adentro cambia de colores y de formas, como el caleidoscopio que hace tantos años compramos en San Telmo y siempre está entre las velas que me regaló Eduardo y la lámpara contorsionista que me regalaron Amira y Martín.

Toda la semana pensó en el terreno con mucha claridad hasta descubrir que el Lirio John de detrás del armario era tan difícil y audaz como él, y que han amado a la misma mujer. Creo que ahora utiliza la excusa del sol y del terreno pero, en realidad, sale a buscar a esa mujer que los tiene murmurando noches enteras.

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Cuando vuelvo del trabajo me tomo un tiempo antes de bajar al sótano. Es mi lugar, pero también entiendo que es el suyo. Me gustaría ser yo la que algún día les dijera que la encontré. Que estaba hablando, sosegadamente, bajo una mascarilla acrílica, con otro Lirio John, tal vez hecho con átomos de oxígeno, carbono, hidrógeno... Fantaseo con que ella inmediatamente quiera venir al sótano, pero también pienso que sería incómodo vivir con tanta gente alrededor. Creo que por eso hay días en que estimulo a Lirio John para que salga a buscar el terreno y el sol, pero también hay días, como hoy, en que espero que no haya salido del sótano. Esta cuestión es difícil. Páginas y nervios enganchados en el esqueleto. No puedo confundir a esa mujer que habla bajo una mascarilla acrílica con la mujer que quiero encontrar para mis Lirios Johns.

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El sótano a veces es una enorme cacerola donde nos cocinamos los tres o nos metemos en fondo de libros imposibles. La esencia del hombre y ser del ente. Ayer, hablando con el Lirio John de detrás del armario (porque Lirio John no hizo acto de presencia hasta muy tarde) encontramos clarísimos ejemplos para esta lectura insoportable y hermosa que estamos haciendo. Pero hoy no logro recordarlos por nada del mundo. Creo que decíamos que el poema es el ente y la poesía es el ser. Pero después se nos ocurría que esa dualidad era completamente absurda porque, decía Lirio John de detrás del armario, que todo es ente y ser, con un gesto indulgente hacia mi ignorancia, lo que me hizo pensar que él vino con un pan de saber filosófico bajo el brazo. Un átomo de carbono es ente y ser, dijo, y yo temí que me estuviera leyendo los pensamientos. En eso entró Lirio John y la lámpara contorsionista, imitando al sol que colgaremos sobre el terreno, comenzó a evaporar las húmedas maquinaciones de la sana razón.

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