Manuel tenía dos años cuando fue descubierto por su madre jugando con sus vestidos adentro del placard. Ante la pregunta de qué estaba haciendo, la miró a los ojos y balbuceó: “Yo nena, yo princesa”. Cuatro palabras que torcerían no solo el destino familiar, sino también el de todo país, pues Manuel, en 2013, pasó a llamarse oficialmente Luana, convirtiéndose en la primera niña trans en el mundo en tener un documento oficial acorde a su identidad de género sin necesidad de judicializar el trámite. No fue un proceso fácil para la familia, porque debió enfrentar prejuicios (propios y ajenos) y los temores de adentrarse en terrenos desconocidos. La burocracia, desde ya, también se encargó de embarrar la cancha. 

Aquella historia tomó notoriedad pública a principios de la década pasada, cuando Gabriela Mansilla  le contó su historia a Página 12. La nota de Mariana Carbajal "Una madre pide un nuevo documento para su hija trans de seis años", fue el puntapié para el trajinar de la mamá por canales de televisión para visibilizar el reclamo inédito de su hija. Una madre que escribió un libro con los pormenores del caso llamado, claro, Yo nena, yo princesa, cuya adaptación cinematográfica llegará a la cartelera comercial este jueves y que tuvo su premiere este lunes en la sala de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo, Sarmiento 2037.

Dirigida por Federico Palazzo y protagonizada por Eleonora Wexler, Juan Palomino, Isabella G. C. y Valentino Vena, la película abre fuego presentando una dinámica familiar fácilmente catalogable como normal: mamá trabaja vendiendo prepizzas caseras, papá tiene un taller mecánico, los dos hijos mellizos pasan sus días en el jardín y compartiendo juegos y aventuras. En todos ellos, Manuel siempre quería interpretar roles femeninos, un preludio a la frase que sirve de título al film. De allí en más, Palazzo muestra los distintos obstáculos que tuvo que superar la familia hasta acceder al documento. Obstáculos generados muchas veces por las taras de esos adultos incapaces de adecuar su mirada a la de ese nene profundamente infeliz con el cuerpo que le deparó la biología.

El rol de Luana es interpretado por una niña transgénero.

“Fue una experiencia de aprendizaje inexorable. Tal vez, una de las cosas más honestas que tiene la película es que está escrita y dirigida por una persona que carecía de los conocimientos que hicieron que esas diferencias pudieran ser saldadas”, contó el realizador a Página/12 durante la rueda de prensa realizada el lunes por la tarde en la  UMET. Y agregó: “Lo que me aportó fue la constancia en la lucha y la confirmación de que no hubo ninguna forma de manipulación infantil, que es el miedo social más habitual detrás de una situación de este tipo. Todos los seres humanos nos autopercibimos, y aquí lo significativo fue que esta niña trans se autopercibió como tal con un grito identitario que no tenía freno”.

Para Palomino –que interpreta al padre de Luana y este jueves tendrá estreno doble, ya que por la noche se emitirá el primer episodio de la serie Maradona: sueño bendito, donde se pone en la piel del futbolista en su etapa adulta–, la película implicó “dejarse interpelar”. “Fue como una primera clase de teatro en la que me pregunté qué haría yo en estas circunstancias, con la educación desgraciadamente eclesiástica y patriarcal que he recibido, habiendo consumido de chico películas en televisión con miradas machistas que presentaban mundos a los que quería pertenecer. Toda esa construcción de la realidad ha minado generaciones enteras. Mi premisa fue esa, pensar de qué manera podría sobrellevar la situación de entender que uno de mis hijos se sienta nena. ¿De qué manera abordaría eso? ¿Desde la comprensión o la biología? Mi personaje está teñido de eso, atrapado en esa construcción”, definió el actor.

Tanto Palazzo como Wexler tuvieron acceso a la intimidad actual de Luana gracias al beneplácito de Mansilla, quien abrió las puertas de su casa de la localidad bonaerense de Merlo para recordar en primera persona aquellos años de lucha. “Apenas le dije que iba a hacer la película, Federico me dijo de ir a conocer a Gabriela. Pensaba que iba a estar una hora con ella, pero fueron cuatro. Me abrió su alma: conocí a su hijo Elías, a Luana, a la mamá de Gabriela, a su hermano. Ella me mostró la transformación de Manu a Luana con un álbum de fotos. Yo ya me sentía impregnada de la historia en ese momento. Ella me dijo: 'Tomá, esta es mi historia, te la ofrezco’”, recordó la actriz a cargo de personificarla en la ficción.


“Un ser brillante”

El papel de Luana, que hoy tiene 14 años, es interpretado por Isabella G.C., otra nena transgénero que también forma parte, con su familia, de la organización Infancias Libres que encabeza Mansilla. Palazzo explicó cómo fue trabajar con ella: “Recorrimos los caminos comunes para encontrar a alguien que diera el physique du role. Pero cuando conocí a Isabella, a sus seis años, una de las primeras cosas que me dijo fue que quería ser actriz porque de esa manera la niñez iba a ser más feliz. Ella tenía muy claro todo porque las personas trans, con la discriminación que soportan, viven en un estado de alerta permanente. Tenía una prestancia, una entrega y una facilidad enormes, porque lo que había transitado Luana era un terreno reconocible. El recorrido de su personaje le resultaba honesto, por lo que entender que la actuación no era otra cosa que un juego fue algo muy fácil y a la vez muy intenso”.

Casi todas las escenas de Isabella tienen como partenaire a Wexler, su madre en la ficción. “Ella es la película, sin dudas; es un ser brillante. Encontrármela, con su valentía y su compromiso, contando lo que tenía que contar y con la verdad que lo hacía, fue conmovedor. Ella conocía la historia de Luana y estaba involucrada en todo esto. Y su familia la apoya mucho. Hay un lugar donde esta niña, con esa mente brillante, sabía lo que estaba contando. Era fácil y hermoso conectar con ella. Fue un viaje para mi alma”, concluyó.