El disfrute, cuando se trata del máximo rival, suele ser especial. Pero sobre todo diferente. De esa manera lo vivió ayer River en la cancha de Boca, donde obtuvo un triunfo determinante, que inclusive puede cambiar el tramo final del campeonato. Más allá de que la diferencia en la tabla todavía está a favor del perdedor, el impulso que significa irse ganador de un Superclásico puede ser decisivo. Con la clasificación en la Copa Libertadores asegurada, la victoria le permite lanzarse en la búsqueda del torneo local, cuando tiene un partido pendiente ante Atlético Tucumán.

El fútbol de River fue superior al del líder, y si bien tuvo que esperar al minuto final para sentirse ganador, en el juego le sacó varios puntos de ventaja a su adversario.  

Cuando desde los primeros instantes el conjunto de Núñez se fue adueñando de la zona media de la cancha, la balanza se fue inclinando para su lado. Ponzio e Ignacio Fernández para recuperar, y Rojas y Gonzalo Martínez para distribuir, fue la fórmula que imprimió para tener la iniciativa, y a partir de ahí buscar las vías de ataque con la dupla de delanteros. Eso fue lo que provocó el desconcierto de Boca, que no encontraba la brújula para recuperar el orden, y de a poco se fue desdibujando. 

Marcelo Gallardo se dio un gusto grande: ganó por primera vez en la cancha de Boca.

A partir de esa situación, River convirtió dos goles en nueve minutos. Martínez primero y Alario después se encargaron de plasmar la supremacía que había en la cancha. El retroceso de los jugadores locales era errado, y los espacios que dejaban entre los volantes y la última línea fueron aprovechados por River de la mejor manera. 

Los marcadores centrales de Boca no pudieron afirmarse en todo el partido, y Vergini principalmente fue el que exhibió más inseguridad. Para colmo, como los laterales suelen incursionar mucho en ofensiva, el espacio que tenían que cubrir era demasiado para los dos.

Los dos equipos habían comenzado con complicaciones por las lesiones: Casco y Centurión se fueron rápido de la cancha, y el que terminó perdiendo en esas salidas fue Boca. El ex Racing, sin duda, es un arma de desequilibrio para el puntero del campeonato. Y como Bentancur no estaba preciso en las entregas, Boca no podía encontrar un conductor claro. 

La incertidumbre llegó al final del primer tiempo, debido a que Boca se encontró con el descuento a través de un tiro libre de Gago, que tuvo la complicidad del arquero Batalla, y la diferencia en el resultado era mínima. A esa altura, River se lamentaba por las oportunidades que había desperdiciado en esa mitad.

Si bien Boca mejoró un poco luego del descanso, con mejor posicionamiento del equipo, no podía llegar al empate por la falta de acierto en el momento de definir. Encima, el chico Batalla se reivindicó con una doble tapada impresionante ante Bou y Peruzzi. Unos minutos antes, el ingresado Auzqui se perdió el tercero al tocar al lado del palo.  

El desahogo para River llegó en el final, cuando Driussi sentenció finalmente el duelo marcando su gol a través de un contrataque, después de que Gago entregó mal la pelota con sus compañeros ubicados en el campo rival. River tiene resto para ir por el torneo local, aunque este triunfo ya es como ganar un campeonato. El título que más se saborea, en estos duelos a un solo partido.