PRODUCCIÓN: Natalí Risso

TÍTULO 1

"Fideicomiso cruzado"

Por Eugenia Rodríguez y Hernán Letcher*  

Los anuncios del Presidente para combatir la suba de precios parecen ser el corolario de la medida tomada el domingo pasado respecto al cierre de las exportaciones de aceite y harina de soja “hasta nuevo aviso”. En ese sentido, la implementación de un nuevo esquema de retenciones para estos dos subproductos de la soja, cuyo gravamen pasa del 31 por ciento al 33, igualando la alícuota ya vigente para el poroto de soja, y según lo establecido en la Ley de Solidaridad de fines del 2019. Este incremento de dos puntos representa unos 350 millones de dólares adicionales que se destinarán a un fideicomiso cruzado.

Una primera pregunta válida es ¿qué es un fideicomiso? Se trata de un mecanismo de retención móvil, ya que sigue el precio internacional del producto sobre el que se trabaja, y sirve para compensar su compra en el mercado local. En decir que busca solucionar el problema que se genera cuando, al aumentar el precio internacional del trigo, maíz o girasol, quienes exportan pretenden comercializarlos a ese valor a nivel local, generando una fuerte presión al alza de los derivados de commodities. Cabe aclarar que la diferencia con el esquema de retenciones móviles habituales es que en este caso el monto adicional permite la conformación de un fondo que se gira a los productores locales para que puedan adquirir el producto al precio previo al aumento.

En Argentina existe hace un año el fideicomiso privado del aceite que implica que los exportadores de harina y pellets de soja y girasol se comprometen a fijar un valor base de ingresos y cuando es superado por las subas en el valor de mercado, ese diferencial se destina al fideicomiso para compensar a quienes producen aceite comestible en el mercado interno.

Aclarado lo anterior, otro interrogante tiene que ver con qué implica el anuncio de un fideicomiso cruzado. Consiste en captar vía retenciones el monto adicional de dos puntos en la retención a la harina y el aceite de soja de exportación, pero en lugar de destinarlo a la soja se redirecciona al trigo, específicamente a los molineros que consumen ese insumo para la producción local. Si la tonelada de trigo estaba entre 23-25 mil pesos y hoy está entre 35-40 mil pesos, la diferencia por retención (350 dólares) permite sostener el valor anterior para aproximadamente 3,8 millones de toneladas, con impacto significativo en el consumo interno, en lo que paga el molinero, la panadería y el consumidor final.

En un contexto internacional marcado por el conflicto bélico entre Rusia-Ucrania resulta relevante analizar ¿cuál es el efecto de la guerra sobre el sector exportador? Si se compara cuánto ganaban en diciembre de 2021 y cuánto comenzaron a ganar tras el inicio de la guerra en febrero, se registra que la cotización de la tonelada de soja pasó de 37.800 pesos a 51.305 este 17 de marzo último (+35 por ciento) en tanto que el trigo pasó de 24.400 a 35.855 pesos (+47 por ciento), en igual periodo. Estos precios generan tensiones al alza en los precios locales, e incluso desabastecimiento, en los productos vinculados a los commodities. Un ejemplo de ello es el precio de la bolsa de harina que pasó de 1300 pesos (valor acordado con la Secretaría de Comercio el mes pasado) a un promedio de 2500 pesps en la actualidad, y del pan francés que en enero estaba en 200,9 pesos el kilo y que, siguiendo la evolución del principal insumo a nivel internacional, llegaría a 309,6 pesos, lo que ya se refleja en algunos comercios del rubro.

Las regulaciones como el fideicomiso privado del aceite son una buena herramienta, aunque dadas las condiciones mencionadas habría que considerar si son suficientes para desacoplar los precios locales de los internacionales ya que a valores tan sustanciales es posible que se pretenda incumplir el acuerdo. Además, otro commodity como el maíz, que se utiliza para la producción de pollo y carne vacuna, muestra similar tendencia al alza. Finalmente, el fideicomiso privado de los productos semielaborados de la soja aparece como una herramienta a considerar dada la rentabilidad extraordinaria del sector desvinculada a una mayor inversión, producción y empleo, y derivada exclusivamente del conflicto bélico.

* Centro de Economía Política Argentina (CEPA).


TÍTULO 2

"Suba de retenciones"

Por Matias Wasserman * 

Los precios internacionales están subiendo y mucho. Y no vale la pena negarlo: las retenciones son el principal instrumento que, bien utilizado, puede permitir a nuestro país cubrirse y evitar que estos aumentos se trasladen de forma directa al precio del pan, de los fideos y de un montón de otros productos esenciales que consumen las familias argentinas.

Los derechos aduaneros aplicables a bienes exportados -retenciones- constituyen una de las herramientas más conocidas para la administración del comercio exterior. Entre sus múltiples funciones, se destacan dos fundamentales: en primer lugar, permiten engrosar los recursos del Estado de una forma más eficiente y progresiva que otras alternativas; en segundo lugar, y particularmente relevante en este contexto, la aplicación de retenciones permite desacoplar precios internacionales de los nacionales, incentivando la venta en el mercado interno antes que exportarlo. A modo de ejemplo: si un bien se vende en el mercado internacional a 100 dólares y se le aplica una retención del 20%, entonces se tiene la misma rentabilidad vendiendo en Argentina a 80USD que exportándolo (100-20). Sin retenciones, en Argentina el precio también sería 100 dado que los exportadores buscan empatar el precio internacional con el local.

Siendo Argentina un país exportador de alimentos es inaceptable que millones de personas no puedan acceder a la canasta básica, y peor aún en un contexto de pandemia. Esto se agrava cuando los precios internacionales aumentan significativamente, como está ocurriendo ahora por el conflicto bélico en Ucrania. Hace solo tres meses en el mercado las toneladas de soja, maíz y trigo para vender en el mes de abril se pactaban en 503, 242 y 302 dólares respectivamente. Actualmente esos precios ascienden a 672, 353 y 398. Significan subas de entre el 31% y el 45% ¡en dólares!

Este es el principal motivo por el cual, a pesar de la sequía y teniendo en cuenta el incremento de los costos agrícolas derivado de la propia suba de los precios internacionales y del petróleo, los márgenes netos en dólares de soja crecieron un 52,1% y los de maíz un 53,3%. Asimismo, quien sembró trigo y soja de segunda experimentó una suba de sus ganancias de 27,7%.

En ese marco, el Gobierno cerró transitoriamente las exportaciones de harina y aceite de soja, lo que suele ser el paso previo a un aumento de retenciones (al cerrar, se evita que los exportadores se anticipen al impuesto para no pagarlo). Es deseable que ante situaciones críticas, el Estado recaude más a través de impuestos a los sectores más concentrados. También se impulsó un aumento del 31% al 33% la alícuota de aceite y harina de soja cuya recaudación marginal sería destinada a contener el precio de los alimentos (a través de fideicomisos y subsidios).

Hace 15 años que discutir sobre retenciones en nuestro país resulta urticante. Luego del conflicto por la Resolución 125, la oposición de entonces transformó en bandera la resistencia contra dicho instrumento y también fue un pilar discursivo de Macri que, durante su gobierno, disminuyó -en algunos casos hasta 0- las alícuotas[1] de diversos bienes exportados. Un esquema de retenciones móviles es una opción superadora. Se trata de establecer de antemano una asociación entre la alícuota que pagan los exportadores y el precio internacional de los respectivos productos. Si el precio internacional sube, la alícuota sube; si el precio baja, la alícuota baja. Es una forma de desacoplar precios, sin perjudicar a la exportación, dando certidumbre respecto a medidas futuras y cuidando la mesa de los argentinos y las argentinas. abordar un debate a fondo sobre el tema, pero mientras tanto en el mundo están pasando cosas y resulta urgente reaccionar a tiempo para no complicar mucho (más) la delicada situación en la que nos encontramos.

* Economista UBA investigador del Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas.