El mes próximo se cumplen diez años de la promulgación de la Ley de Identidad de Género en Argentina, que consagra el derecho de toda persona al reconocimiento de su identidad autopercibida. Es una cuestión de derechos humanos. A esta altura del siglo XXI resulta inconcebible saltar esa barrera y romper el consenso construido en la sociedad argentina sobre este tema.

Por eso resulta preocupante que un minúsculo sector feminista y del movimiento de mujeres agite ahora la negación de su existencia y la quita de derechos civiles a la población travesti-trans en un acontecimiento tan importante como el censo nacional de población.

Se están dando dos situaciones que marcan una ruptura en el movimiento feminista argentino. El sector transexcluyente antiderechos es minúsculo, pero el problema central consiste en que un pequeñísimo grupo de estas feministas sostiene una larga alianza con un sector de la política territorial que tutelaba hasta ahora los Encuentros.

A este sector antiderechos lo denominamos feministas transexcluyentes (en inglés la sigla es terf, feministas radicales transexcluyentes).

Situación 1: Cinco integrantes del pequeño sector feminista transexcluyente de la Argentina solicitaron el mes pasado una medida cautelar ante un juzgado federal a fin de que se modifique el formulario del censo nacional 2022 y en la categoría identidad de género no se incluyan las categorías mujer/varón y que las categorías mujer trans/varón trans se sustituyan por feminidades trans/masculinidades trans, porque (contrariamente a la Ley de Identidad de Género) consideran que “ni mujer ni varón son identidades de género. Son sexos, como así tampoco existen mujeres trans o varones trans, hay mujeres y varones. El sexo no es asignado por la cultura hegemónica ni se atribuye o diagnostica clínicamente, tampoco es una liberalidad ni un acto de discernimiento, sino que es una realidad material”.

¿Quiénes hicieron esta presentación? María José Binetti (investigadora del Conicet), Graciela Tejero Coni (Museo de la Mujer, Consejo Asesor Ad Honorem del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación), Julieta Bandirali (presidenta de la Comisión de la Mujer de la Asociación de Abogados de Buenos Aires), Valentina Cruz (licenciada en psicología) y Marisa Piumatti (directora del Instituto de Estudios Legislativos del Colegio de Abogados de La Plata).

Situación 2: Desde 2019 trabaja en San Luis la comisión organizadora del 35 Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, para llevar a cabo el Encuentro en octubre de 2022 (no se pudo realizar antes por la pandemia). Luego de largos debates en los encuentros de Trelew (33) y La Plata (24) se llegó a la decisión de ampliar el nombre del Encuentro a Plurinacional y nombrando a las disidencias sexogenéricas.

“Creemos, humildemente, que tenemos la responsabilidad política de darles respuesta a eses miles de compañeres que vienen expresando desde hace años que no se sienten nombrades cuando se habla del Encuentro Nacional. Y tal cual nos enseñó el feminismo, lo que no se nombra no existe, creemos que teníamos una deuda con todes eses compañeres invisibilizades por este sistema colonialista, capitalista y patriarcal”. En síntesis, un Encuentro inclusivo, que amplía derechos.

En forma paralela a esta comisión organizadora, viene funcionando también desde 2019 una comisión organizadora del 35 Encuentro Nacional de Mujeres, que ahora llama a concurrir a San Luis en noviembre (a diferencia del Plurinacional, que se realizará en octubre). Estos sectores, que decidieron conservar el antiguo nombre, son los que tradicionalmente han tutelado los encuentros desde hace décadas y corresponden principalmente a mujeres del Partido Comunista Revolucionario (partido maoísta y que forma parte del Frente de Todes), uno de los que participó en la organización del primer Encuentro Nacional de Mujeres 1986 en Buenos Aires (junto con feministas, organismos de derechos humanos, sindicalistas, mujeres peronistas, radicales, socialistas y comunistas), le han dado prioridad a los encuentros, mucho más que los otros partidos políticos, y han construido por décadas una alianza duradera con un sector de feministas tradicionales que hoy forman parte del sector feminista transexcluyente. La organización social Corriente Clasista y Combativa expresa el trabajo en territorio del PCR y aporta para sostener los encuentros cada año.

Estas alianzas son negadas. Pero saltan a la luz cuando muchas de quienes defienden el encuentro de noviembre con el nombre antiguo resultan ser las mismas feministas transexcluyentes que circulan en las redes el pedido para que el censo 2022 no se ajuste a la Ley de Identidad de Género.

Por ahora, silencio rosca. Aquí no vuela una mosca.

Las tortas nos vemos en octubre.


*La autora de esta nota es militante feminista lesbiana. Participó en la comisión promotora del Primer Encuentro Nacional de Mujeres 1986.