Antes de que la 46° edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires baje la persiana, este domingo a las 18:30, en la sala Rodolfo Walsh (Pabellón amarillo), el periodista Nicolás Pichersy estará hablando con Francis Wolff sobre el vínculo entre la música y la emoción humana. El filósofo francés se encuentra en la capital argentina promocionando su libro ¿Por qué la música? (editorial Serie Gong), de reciente publicación en la Argentina y devenido en best seller en su país. “Estamos llegando a los 23 mil ejemplares en Francia”, comenta el autor, a medio camino entre sorprendido y orgulloso, acerca de una obra públicada en francés, español, portugués y chino. “La editorial no esperaba ese éxito”.

-Justamente, ¿a qué se debe ese éxito?

-Me llevó 11 años intentar escribirlo de una manera que cualquier lector pueda comprender. No uso jerga ni palabras difíciles de filosofía o musicología. El desafio era escribir algo que el lector “culto” pueda entender fácilmente, y que el profesional de la filosofía o de la música no pueda reprochar.

-¿Cómo surgió la idea de este libro?

-Hay dos razones. La primera es un recuerdo de mi infancia. A los 8 años, tocaba un poco de piano y el primer libro que me dieron fue de teoría musical. Eran dos cuadernillos: uno con preguntas y otro con respuestas. Me acuerdo que la primera pregunta de la primera lección era: “¿Qué es la música?”. Y la respuesta era: “La música es el arte de los sonidos”. Hoy en día parece muy banal y sencilla, aunque para un niño era increíble explicar en tres palabras una cosa abstracta. En la adolescencia, percibí que la definición era una trampa, porque tenía a su vez dos preguntas: qué es el arte y qué es el sonido. Definir es una pasión que siempre estuvo en mí; y la pasión, cuando se es filósofo, se cura o se analiza.

-¿Y cuál fue el segundo disparador?

-La otra raíz es que escribí a fines de los '90 un libro de metafísica que se llama Decir el mundo. Ahí explico que la constitución ontológica del mundo en el que vivimos es que hay cosas, eventos, acontecimientos y personas. Una vez, estaba dando una charla sobre el tema y un profesor me dijo que puede ver un mundo hechos por cosas, pero no de acontecimientos. Ese es el mundo de la música. El punto de partida es cómo crear un mundo hecho de acontecimientos sonoros.

-Sartre dijo que la filosofía en sí no tiene acción directa. Si bien la música fue reflexionada por muchas áreas académicas, ¿qué respuestas pueden aportar los filósofos?

-Uno de los papeles de la filosofía es intentar esclarecer lo humano, lo que escapa del concepto. Traducir las emociones. Cómo algo tan abstracto puede tener efectos tan concretos. Si mañana quieres decretar la guerra, necesitas música. Uno de los misterios es la música es que sin palabras y sin imágenes puede tener efectos tan bonitos como odiosos. La mayoría de los filósofos que se dedicaron a las artes se abocaron a la pintura o a la literatura. Hay un texto de Sartre que habla de la Séptima sinfonía de Beethoven, pero en términos muy generales. Cuando hablamos de música, los filósofos no tenemos el derecho de hablar de música en general, debemos tener ejemplos. Por eso tengo 300 ejemplos concretos en el libro y en los que atravieso a todos los géneros. Lo que me interesa es mostrar los efectos particulares en cada tipo de música.

-Hasta no hace mucho, los libros que llevaban como título Historia de la música se enfocaban en la música clásica. Nunca tomaron en cuenta las expresiones populares o étnicas. Con este libro, usted cuestiona a las élites al ampliar el espectro.

-Desconfío en esa división entre música popular y erudita. El jazz, por ejemplo, ¿es popular o erudito? Nadie puede saberlo. Empezó como un género popular, pero ahora es considerado culto. Su historia tiene raíces populares y tiene un modo de difundirse que es casi más erudito que Beethoven. Hay una transformación en su historia, al igual que en la del flamenco. No hay que confudir a la música popular con música de consumo inmediato. Tampoco debemos confundir música popular con música funcional.

-¿El inicio de una Mac o el sonido que emana de las app no son música?

-La intencionalidad no es necesariamente un criterio, de la misma manera que la no intencionalidad. Muchas veces me preguntan si el canto de los pájaros es música. Los pájaros no hacen música sino que intentan ligar así. Si eres ornitólogo, identificas de esa manera a un tipo de pájaro, pero si estás relajado en el campo, puedes oír eso como musical. Para entender algo como musical tienes que oír la sucesión de las notas como formando una unidad. Eso es el efecto melódico.

-Uno de los aciertos del libro está en relacionar con el mismo peso estilos que en teoría no tienen nada que ver entre sí. ¿Cómo generó ese hilo conductor?

-Quería romper con la idea de la filosofía como algo reservado a una élite. Es utópico, pero creo que la verdadera división está entre la mala música y la buena. La música clásica por ser clásica no siempre es buena, y no todo rap es malo por haber sido escrito para el consumo inmediato. Hay historia y raíces de por medio.

-¿Qué diferencia a una música buena de la mala?

Es una pregunta muy difícil, pero creo que hay criterios. Existe música que te entra en la cabeza y hay algo en esa sucesión de notas que tienen que ver con nuestra memoria. Creo que cualquier buena música es un cierto equilibrio entre lo imprevisible y lo previsible.

-En el libro, desestima que la música no pueda ser interpretada como alegre o triste. ¿Cómo llegó a eso?

-Con la palabra emoción entramos en un tema complejo porque significa muchas cosas. La teoría de las emociones musicales ha sido muy bien estudiada por los psicólogos de la música y lo hicieron mediante experiencia transculturales. Tristeza, alegría, paz y violencia forman parte de este repertorio, y en muchas lenguas se atribuye la emoción a la propia música. Decimos esto porque tenemos la impresión de que la música se comporta como una persona. Hay más o menos 100 páginas en el libro sobre eso.

-Es curioso que la música hoy siga representando para el hombre lo mismo que hace miles de años. Es como una necesidad básica.

-El medio cambió, pero las funciones básicas siguen siendo las mismas: comunicar, lo social, el duelo, la relación con el cielo. Con la revolución industrial se dividió el rol de los que hacen música y de los que asisten a la música. Así que es un invento del capitalismo la idea de que la música no es una función social sino una actividad de divertimento. El capitalismo también inventó la idea de la historia de la música.

-¿Por qué una función tan básica como la música fue apropiada y manipulada por la élite?

-Es más un problema sociológico que filosófico. De vez en cuando, esa división intenta romperse. El street art y la música electrónica son dos fenómenos culturales que intentan romper con la división de clases en las artes. Ambas pueden ser muy creativas y también accesibles.

-¿El título de su libro responde a la primera pregunta de ese cuadrenillo que leyó a los 8 años?

-Una preocupación que tengo en mis dos libros de filosofía es responder a esas dos preguntas: "¿qué?" y "¿por qué?". Son las dos preguntas fundamentales de la filosofía. Escribí 15 libros de filosofía. Los primeros era más académicos, pero a partir del momento que toco asuntos y objetos que son de interés general, me conformo con la conceptualidad asistida para todo el mundo.

-Respondió el por qué. Ahora la pregunta sería qué tipo de música escucha.

-Está al final de mi libro. Es antigua, por más que fue hecha en 2015. Ahí están Miles Davis, Daft Punk, Ornette Coleman, Maurice Ravel y Pink Floyd. Entre muchos otros.

-¿Su libro tuvo devolución de algún músico?

Una vez estuve en un concierto de música clásica y se sentó al lado mío alguien que me parecía conocido. Se me acercó y me dijo que era pianista. Me preguntó si yo había escrito este libro, le dije que sí, y me comentó que no cambió su manera de hacer música ni de tocar piano, pero sí de pensar lo que estaba haciendo. Ese fue para mí el mayor cumplido.