Fantasear, descolocar

En diálogo con la muestra Tiempo Partido, el Malba expone en Verboamérica una serie de obras de Las Yeguas del Apocalipsis, Liliana Maresca, Marcia Schvartz, entre otras, que dialogan con General Idea y que posibilitan pensar y remapear en Latinoamérica esa idea de comunidad del sida que atraviesa fronteras. Uno de los coordinadores del seminario Efectos virales, el investigador Francisco Lemus, expondrá sobre imágenes seropositivas y en este fragmento de su texto habla de una de las experiencias locales de creación colectiva.

“Me quede desnuda muchas veces. Siempre encontré una mano dispuesta a cubrirme. Una llamada telefónica. Una carta. Del otro lado de la página alguien escuchó y eso me cura. Y nos cura.”, dice Marta Dillon en las primeras páginas de una compilación breve de su columna Vivir con virus en Página 12. Desnudarse, estar a la intemperie de la vida, “estar en el borde” -como dice Dillon (2006) en otra oportunidad al recordar a Maresca-, para luego encontrarse con los otros, son ideas que anclan de manera cómplice en Maresca se entrega a todo destino (1993), una foto-performance publicada en las páginas de la revista de relatos eróticos El Libertino. Con producción de los Fabulous Nobodies, agencia publicitaria ficticia integrada por Roberto Jacoby y Kiwi Sainz, fotografía a cargo de Alejandro Kuropatwa y la colaboración de Sergio de Loof y Sergio Avello, Maresca fue fotografiada desnuda y vestida con poca ropa en un anuncio donde dejaba su contacto telefónico para una cita a ciegas. Un cuerpo que en los vaivenes de la inmunodeficiencia y sus enfermedades oportunistas decidió entregarse, mezclarse, contaminarse en un tiempo compartido por el placer. Para Foucault, el placer es un acontecimiento que desborda lo identitario y lo sexual, “que al límite no quiere decir nada, […] que se produce, diría, fuera del sujeto, o entre dos sujetos, en algo que no es ni el cuerpo ni el alma, ni en el interior, ni en el exterior” en palabras de David Halperin. A esta zona librada de lo individual y abierta nos introduce Maresca en su performance que, entre lo público y lo privado, lo real y lo que podemos fantasear, descoloca, como dice Gabriel Giorgi (2009), la imaginación inmunitaria que reafirma el privilegio del origen, de lo propio -como la salud- y de la identidad, para acercarse al umbral de lo común. La artista, imposibilitada de volver a obtener la propiedad de su cuerpo, se exhibe para buscar un tipo de amparo momentáneo que implica situarse o, quizás, disolverse entre otros cuerpos desnudos, no necesariamente seropositivos, sino aquellos cuerpos dispuestos a afectarse. En este sentido vale recordar que, un año después, los Fabulous Nobodies llevaron adelante la campaña Yo tengo sida (1994), una producción de remeras serigrafiadas con la misma leyenda repartidas en algunas personalidades del espectáculo y con la cual se pasearon por Buenos Aires. Deconstruir la ajenidad del virus, desarticular su injuria y llevarlo hacia lo común, ahí donde se borran los límites de propiedad de las personas, es el gesto radical de esta obra y también de Maresca se entrega a todo destino, generadas en artefactos culturales extensibles socialmente.