Riki Musso y el síndrome del miembro ausente del Cuarteto de Nos
“Ni yo sé de qué hablan mis letras”
Tras su salida del grupo que lidera su hermano Roberto, el músico estuvo varios años sin grabar, hasta que apareció con ¡Formidable!, un disco que le hace honor a su título. Allí reúne “lo experimental, lo pop, lo rockero, lo folklórico, el bolerito...”, explica.
“Nunca escribí las canciones, sólo las grabé y corregí hasta que quedaran”, afirma Musso.“Nunca escribí las canciones, sólo las grabé y corregí hasta que quedaran”, afirma Musso.“Nunca escribí las canciones, sólo las grabé y corregí hasta que quedaran”, afirma Musso.“Nunca escribí las canciones, sólo las grabé y corregí hasta que quedaran”, afirma Musso.“Nunca escribí las canciones, sólo las grabé y corregí hasta que quedaran”, afirma Musso.
“Nunca escribí las canciones, sólo las grabé y corregí hasta que quedaran”, afirma Musso. 

En el fondo siempre fue un freak, acaso el más freak de una familia –o de un grupo de rock– bastante freak. O un gran exponente en la larga tradición rocker del miembro ausente; ese integrante fundador que deja una banda justo antes de que la coronaran la popularidad y el éxito comercial. Riki Musso abandonó el Cuarteto de Nos hace ya siete años y hace ya siete años que el Cuarteto de Nos es una de las bandas más sabrosas, activas y con más giras internacionales del rock uruguayo y latinoamericano. Claro, antes de su portazo en 2009, Riki había compartido más de veinte años y diez discos en el proyecto que fundó en los tempranos y sepia años 80, junto con su hermano menor, Roberto Musso, cantante del Cuarteto. Y mientras la banda saltó como de un trampolín para formar parte el boom exportador del rock oriental de esta década, Riki se encontró, de golpe, lejos del ruido, algo despechado, hosco para responder sobre su hermano y sobre su proyecto musical de toda la vida. 
Pero todas las cosas tienen que pasar: en 2015, el músico por fin tuvo razón, con un puñado de canciones que primero difundió online y meses más tarde convirtió en un disco de carne y hueso, inspiradísimo y certeramente llamado ¡Formidable!. A la vez ingenuo e informado, a la vez delicado y corrosivo, a la vez tierno y malicioso, ¡Formidable! resulta muy distinto de las anteriores producciones solistas de Riki, cuando aún integraba el Cuarteto. En esos tiempos, el mayor de los Musso destinaba sus canciones más límpidas a la banda y para sus emprendimientos solistas quedaban las grabaciones más experimentales: el ejemplo es claro en Servo (2006), su último disco en solitario antes de ¡Formidable!, donde sonidos de electro-ultratumba y voces estremecedoras construían espirales psicodélicos asfixiantes.
Los tiempos cambiaron. En su primer álbum sin la sombra del Cuarteto, Riki atrae, seduce y conquista abiertamente, sin resignar ni un poco su lado freak. Y mientras proyecta con su banda, Los Fabulosos ¡Los Formidables! (sic), la presentación oficial del álbum en Buenos Aires –el 2 de diciembre en Greens Espacio Musical–, Riki Musso explica en diálogo con PáginaI12 el gran cambio que hizo en su vida… para volver a ser él mismo: “Mis dos o tres trabajos anteriores a ¡Formidable! fueron realizados en los tiempos en que integraba el Cuarteto de Nos, de modo que, al reservar mis composiciones más pop o rock para la banda, mis intentos paralelos recibían exclusivamente mis inquietudes más experimentales y deformes. El resultado de aquellos discos era un conjunto de piezas en las cuales yo me podía reconocer a mí mismo –y me reconozco en ellas hasta el día de hoy, acaso mucho más que en mis canciones del Cuarteto–, pero que eran muy difíciles de soportar parar el resto de la población… ¡Formidable!, en cambio, recibe la carga completa: lo experimental, pero además lo pop, lo rockero, lo folklórico, el bolerito...”
–¿Por qué necesitó siete años fuera del Cuarteto de Nos para volver a grabar un disco solista? Ya había hecho siete en paralelo a su presencia en el grupo…
–Me encontré en un momento en el que no estaba escuchando ninguna música nueva que me conmoviera, de modo que pensé en fabricármela yo mismo. Esto no me gusta, esto tampoco, ¿por qué? ¿Qué tendría que tener un disco para ser escuchable? ¡Pues voy a hacerlo! Me puse en espectador, al mismo tiempo que en compositor, arreglador y productor. Todo fue junto, simultáneo y retroalimentado. Es decir, nunca escribí las canciones. Sólo las grabé y corregí hasta que quedaran.
–Con el reconocimiento de la crítica y del público que consiguió ¡Formidable!,  ¿hubiera querido editarlo antes, justo al irse del Cuarteto de Nos?
–No, me fui del Cuarteto porque la música a la que apuntaba la banda no me interesa. Pero en ese momento no tenía nada para ofrecer como alternativa.
–¿Qué espectáculo dará en su próxima visita a Buenos Aires? 
–Voy a tocar con toda la banda, es lo que más quiero hacer en este momento. Todo el tiempo me escriben desde allá al Facebook de la banda. Toqué el año pasado en el Luna, abriéndole a La Vela Puerca: fue muy loco. En general, todas las presentaciones que tuvimos fueron desmedidas: llegamos a tocar en festivales multitudinarios en Uruguay, pero siendo una banda completamente desconocida. Recién a mitad del año pasado empezó a sonar algún tema por la radio en Montevideo y empezaron a conocerme un poco más. Igual, todo el tiempo me paran por la calle y me gritan “Aguante el Cuartetoooo”… ¡y me fui hace siete, ocho años! Ya está, ¿no? 
–¿Cómo es su proceso de composición de canciones? 
–Yo no compongo, grabo. Escribo una línea rítmica en un secuenciador, le grabo bajo, guitarras, lo que lleve. Lo que me emociona, queda; lo que no, se tira. Y así sigo. Toco, grabo, mezclo y hasta masterizo a la vez. La pieza se va escribiendo sola, con gran porcentaje de azar. Yo solamente actúo de juez y tutor. Las letras para mí son un elemento más. No tienen ningún mensaje o significado explícito ni oculto. No tengo consejos para salvar a la humanidad. Ni siquiera sé qué es lo más conveniente para mí mismo, imaginate… Me gusta que las letras pongan una imagen en el cerebro del escucha sin que se entienda bien la narrativa, igual que lo haría una foto o un pedazo de foto dentro de un collage. Ni yo sé de qué hablan las letras. Y no importa. Está bien así. Parece muy esotérico, pero hoy me funciona. No me importa mucho de qué tratan las letras, pero sí me aseguro que no puedan ser mal interpretadas o que puedan decir cosas que no quiero que digan. La ironía y la acidez me resultan naturales. Pienso y hablo en esa modalidad permanentemente. Por lo tanto, a la hora de tirar frases arriba de las músicas, me salen así. Y así quedan.
–Durante años, cada vez que le preguntaron por el Cuarteto de Nos dio respuestas ásperas. Pero, escuchando sus últimos discos, ¿volvería al Cuarteto? ¿O volvería a irse?
–No me acuerdo de qué habré dicho, porque dependiendo del ánimo que me agarren, mis declaraciones cambian. No tengo cassette, aunque debería. Pero no podría volver al Cuarteto por su forma de encarar la música en los últimos ocho años. No se parece en nada a lo que a mí me divierte hacer. Escuché los últimos discos del Cuarteto, claro. Hay temas buenísimos, a veces con arreglos demasiado estándar para mi gusto, pero se ve que funcionan muy bien.
–¿Y cómo quedó su relación con su hermano Roberto? Compartir una familia es un vínculo más fuerte que compartir una banda…
–Oh, todo bien. Nos vemos bastante poco, él viaja bastante porque creo que tiene una banda o algo así...