Cañón presenta Brujos en el Centro Cultural Kirchner
Sonido de power trío tanguero
Julio Coviello, Mariano Bustos y Nicolás di Lorenzo eran parte de un sexteto, pero cuando quedaron como trío se quitaron “berretines de encima y buscaron una identidad con buena cuota de intensidad yumbera y relación con los bailarines, profesionales o no”.
Brujos, el álbum debut de Cañón, suena inequívocamente a tango del siglo XXI.Brujos, el álbum debut de Cañón, suena inequívocamente a tango del siglo XXI.Brujos, el álbum debut de Cañón, suena inequívocamente a tango del siglo XXI.Brujos, el álbum debut de Cañón, suena inequívocamente a tango del siglo XXI.Brujos, el álbum debut de Cañón, suena inequívocamente a tango del siglo XXI.
Brujos, el álbum debut de Cañón, suena inequívocamente a tango del siglo XXI. 
Imagen: Bernardino Avila

“Pasá, que estamos ensayando, ¿querés escuchar un tema?”, tira Julio Coviello y agarra el bandoneón. Mariano Bustos sostiene el contrabajo con una mano y cierra la puerta con la otra. Nicolás di Lorenzo está sentado al piano y tiene un pie en el pedal de un bombo de batería. Y arrancan con “Telarañas”, una de las composiciones propias que tiene Brujos, el flamante disco de Cañón, que presentarán hoy a las 20 en la Cúpula del Centro Cultural Kirchner (Sarmiento 151).

Los muchachos no sacaban un disco juntos desde 2014, cuando aún revistaban bajo el nombre de Cuarteto Coviello (que, en realidad, era un sexteto). Pero hacia fines de ese año la formación se achicó y quedaron ellos tres. Asumieron entonces el nombre de Cañón para dejar en claro que el nuevo proyecto musical contemplaba los aportes de todos sus integrantes, que sostenía ideas claras en la relación de su propuesta con los bailarines y un sonido pensado más como power trío tanguero, con una buena cuota de intensidad “yumbera”. El resultado, tras más de dos años de depurar ese sonido, es Brujos, un disco contundente, con mayoría de temas propios (cuatro de Coviello, dos de Di Lorenzo y uno de Bustos, contra dos de colegas de su generación y una versión tanguera de “Porque hoy nací”, de Manal). En el medio se curtieron tocando y tocando en milongas que ellos mismos organizaban (la Amapola en el Club Atlético Fernández Fierro, una en Palermo, otra en Zaguán al Sur), discutiendo elementos para probar y quitándose “berretines de encima”.

“Llegar a esto fue un laburo de algunos años –cuenta Coviello–. En ese tiempo incorporamos la idea de la marcación con el bombo para agregarle un acento al ritmo, que es algo que nos obsesiona en el tango, cómo hacerlo arrollador”. El pianista, encargado de darle al pedal, cuenta que el desafío fundamental fue darle a cada golpe “100 por ciento intención tanguera”. Al punto que tuvieron que desarrollar su propia notación para los distintos marcattos (más de 15) desde el bombo y encontrar los matices que buscaban.

“Con el cambio de nombre cambió la política interna del grupo y la manera de trabajar, nos hicimos cargo de la pertenencia al grupo y a construir desde las diferencias de cada uno un producto con el que los tres estamos de acuerdo”, explica Di Lorenzo. Y algo (mucho) de eso habrá, porque en la entrevista terminan siendo el pianista y Bustos los que más hablan. “Somos tres y tenemos que resolver las cosas entre nosotros, no se pueden armar las camarillas que se armarían si fuésemos más, y disfrutamos mucho del estar reunidos y ver las ideas de los demás”, señala el contrabajista.

Eso se complementa con años de experiencia en el tango “under”, “independiente”, “joven” o como se lo quiera llamar, tiempo en el cual cada uno aprendió qué quería hacer con el género y se fue liberando de “berretines”, caprichitos con el tango, como la devoción irrenunciable por el sonido acústico. “Es fantástico, pero en un lugar grande te tenés que sacar el berretín y dar lo mejor de la mejor manera, con el mejor audio que puedas, y eso lo tenés que investigar, no es que sos menos tanguero porque sabés de micrófonos”, apunta Bustos. “Y así como nos viste recién tocar sin micrófonos porque la sala de ensayos se la banca, en un lugar grande tocamos eléctrico”, agrega.

Brujos suena inequívocamente a tango del siglo XXI, pero un siglo XXI que se puede bailar con zapatilla de lona o zapatos en cualquier pista de oídos abiertos. Para el trío, la relación con los bailarines es fundamental. Y no (sólo) con los profesionales –de hecho, en el CCK los acompañarán Emilia Nonino y Nicolás Filipeli–, sino con los cientos que pululan por las milongas. “Nos gusta la situación de baile social, el feedback que da, la gente, no nos interesa hacer música para músicos o pensando sólo en el estudio de grabación”, plantea Di Lorenzo. Coviello levanta la apuesta: promete que del Kirchner se van todos a celebrar “los triunfos” a la Maldita Milonga, de sus amigos de la Orquesta Típica El Afronte (en Perú 571). 

Quien siga la escena del 2x4 independiente sabe que muchas de las orquestas actuales hacen del rock las tripas de su tango. Abundan las versiones tangueras de los Redondos, Charly García, Luis Alberto Spinetta y Fito Páez, entre otros. En Brujos, los Cañón retroceden algunos años más y reversionan a Manal, una elección llamativa que explica Bustos, el arreglador del tema. “Manal es una bisagra, es el primer grupo que hace blues en castellano acá y habla de lugares urbanos reconocibles: la avenida Rivadavia, Avellaneda... Habla de esto y no de Memphis, es genuinio, existencialista y muy tanguero, y usa pocos elementos, no tiene berretines ni adornos, y el original es muy conciso”.

Temáticamente, el disco no se mueve de los temas centrales del tango y en el puñado de temas cantados está especialmente recorrido por los desamores. Uno de esos es “Caída libre”, escrito por Coviello junto al cantor Alejandro Guyot. “Es una súplica al tango, diciendo que uno la vivió bien y pidiendo un poquito de olvido”, comenta el autor. “Pienso que las letras o las canciones son momentos en que uno siente eso y sale una canción, pero no quiere decir que todo el tiempo uno esté pensando en olvidar un amor pasado. De repente sentís que la vida es una mierda y tenés una canción, o sentís que todo está buenísimo y tenés otra. No quiere decir que todo el tiempo pienses que la vida es genial o que el tiempo se va y no vuelve más. No somos una fotografía”.

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