"Otro año más voy a pasar sin mi hijo. Y si mi hijo no era indio, ¿no me lo iban a matar?, pregunta una de las mujeres que participó en La rebelión de las flores, el documental sobre la histórica ocupación del Ministerio del Interior que hicieron 23 integrantes de pueblos originarios en busca de justicia por los terricidios que vienen sufriendo sus naciones desde hace quinientos años.

No las recibieron, no las escucharon, pero allí, en ese organismo del estado argentino, permanecieron once días esperando una respuesta que no llegó, y todavía no llega.

La cámara al mando de María Laura Vásquez muestra al comienzo el contraste entre los rascacielos de parte de la ciudad de Buenos Aires, el lugar donde se deciden las vidas de los habitantes del país, y la inmensidad de la Patagonia. Hay otros territorios arbolados, desérticos, pedregosos, poblados o llenos de ausencias, varias etnias en sus hábitats, del norte al sur y desde la cordillera al océano Atlántico

Vásquez es la directora de otras películas que dieron cuenta de las problemáticas que protagonizan distintas personas en sus residencias latinoamericanas: Cuando la brújula marcó el sur, Proyecto independencia, el espíritu libertario de un pueblo, Chávez infinito y Los 120. La Brigada del café.


La perspectiva revolucionaria de las mujeres originarias

La voz de ellas, las flores rebeldes, aparece clara, firme, consciente, plena de sabiduría y de interrogantes. “Comencé a filmar hace 5 años cuando conocí a la weychafe mapuche Moira Millán. Moira me generó una fuerte impresión, planteaba una propuesta civilizatoria distinta y revolucionaria desde la perspectiva de la mujer originaria. A medida que se fue profundizando el vínculo fui conociendo a las demás mujeres indígenas que comparten su lucha y comencé a filmar con ellas, sin mucha claridad de cuál iba a ser el hilo narrativo de la película”, dice María Laura Vásquez. La rebelión de las flores se estrena el jueves 13 de este mes en el cine Gaumont

“Cuando comenzaron a pensar en realizar la ocupación pacifica al ministerio para visibilizar sus reclamos históricamente ignorados decidí acompañarlas en el proceso”, dice Vásquez, quien también trabajo junto a Oliver Stone en la investigación y recopilación de material de archivo para los filmes Al sur de la frontera y Mi amigo Hugo. “Así fui registrando la acción directa que realizaron esta veintena de indígenas autoconvocadas de territorios en conflictos, y estuve con ellas los 11 días de la ocupación, en octubre de 2019. Este hecho se convirtió en el relato central de la película, reflejaba claramente en situaciones concretas todos los temas, conflictos y luchas que han acompañado la existencia de las mujeres originarias desde la llegada del invasor. Cada escena era un eco dentro de otro eco, escenas repetidas de manera interminable desde hace más de cinco siglos”.

Las naciones de donde vinieron las hermanas son Tapiete, Qom, Mapuche, Mbya, Guaraní y Mociví. Cada comunidad tiene estructuras sociales propias y conflictos particulares que plantearon en la ocupación (violencia institucional, saqueos y destrucción territorial por empresas extractivistas, falta de acceso a la justicia) lo que engloba a todes es un estado ausente o que solo aparece en momentos electorales, que los despoja de sus territorios y por esto mismo las comunidades están en un empobrecimiento creciente. Si hablamos de las naciones preexistentes, antes de la conquista, el rol de las mujeres, la forma sociales de las comunidades era diversa pero gran parte de ellas vivía de manera armoniosa y sin estratificación social, salvo los Incas, que eran un imperio antes de que llegara el capitalismo periférico. Cuando desembarca el invasor la estratificación social se instala en nuestros pueblos originarios, se los clasifica como humanos de mano de obra barata, casi como animales, como a los africanos, se genera un genocidio del cual casi nadie habla.

¿Cómo vivían las mujeres antes del descubrimiento-encubrimiento europeo?

--Con relación al rol de las mujeres es una pregunta compleja, si el patriarcado es ancestral o no, o si llegó con la cultura europea impuesta. Rita Segato dice que hay una parte ancestral y otra no, existen distintas posturas. En lo que hay acuerdo entre las mujeres originarias y quienes tienen una visión más sociológica y antropológica es que el patriarcado, el machismo, tal como los conocemos hoy, el que lograron instalar los europeos, es un patriarcado de alta intensidad que no existía antes de su llegada a Latinoamérica. No con la vehemencia tan tremenda como la conocemos hoy. Las mujeres originarias pelean contra los machismos intracomunitarios y hacia afuera. El capitalismo empobreció a las naciones originarias con el despojo de sus tierras por terratenientes y empresas extractivistas.

¿Creés en la objetividad del género documental o hay una diversidad de estéticas según cada realizador?

--No defino una estética para plasmar antes de la situación, esta película tiene dos tratamientos muy diversos, una que es muy virtuosa a nivel de imagen y sonoro que fue cuando pude estar en la comunidad de Moira, su territorialidad, con otro tipo de temporalidad y con un rodaje más controlado, donde el intento fue plasmar la inmensidad y la belleza del mundo que tenemos en riesgo en este momento. Pero el hecho puntual de la ocupación pacífica del ministerio estuvo muy marcado por lo coyuntural. El 80 por ciento del tiempo trabajé sola, estaba yo con lente de 50 milímetros, que era el más luminoso que tenía y con un micrófono colgado del cuello y fue de esa manera pude acceder a la situación que era precaria, pero determinó una cercanía con las hermanas y teniendo tanto conocimiento que permite un nivel de intimidad de la cámara hacia el registro que parece una hermana más que esta compartiendo con ellas. Dejé que la realidad me penetre y dejar que mi cuerpo y mi cámara permee lo que esa realidad propone y donde siento que se pueda captar con la mayor expresividad posible lo que estoy percibiendo como lo más importante del momento, en esa parte es una cámara bastante emocional y observacional con relación al desarrollo que se va dando.

La cineasta cuenta que lo que la convoca es “buscar alternativas a los procesos capitalistas neoliberales que se han dado en nuestra región, por eso siempre me dediqué al documental político e histórico, donde intentaba hacer un registro de procesos emancipatorios en América Latina”. Nacida en La Plata, provincia de Buenos Aires en 1976, estudio Artes Combinadas en la Universidad de Buenos Aires, en el Instituto de Arte Cinematográfico de Avellaneda (IDAC) y se graduó como realizadora cinematográfica en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños, Cuba. Ha realizado entre Venezuela, Argentina, Bolivia y Cuba más de 20 documentales de corte cultural y político-social y ha producido programas de televisión dentro de la misma temática documental. Entre 2000 y 2011 se radicó en Venezuela, donde trabajó para la Cinemateca Nacional dirigiendo Cinema TV, para el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) en las Unidades Móviles de Producción Audiovisual, para La Villa del Cine, a cargo de largometrajes documentales, y para diferentes canales de televisión nacionales realizando series documentales. Desde mediados del 2011 reside en Buenos Aires. Trabajo en la dirección, guión, producción y cámara de varias series para los canales Encuentro, Paka Paka, TecTV, Telesur y en la producción de archivo y guión de varias películas estrenadas en salas cinematográficas.


El comienzo de la opresión


El tema de los pueblos originarios apareció “inevitablemente” en todas sus películas de manera lateral, “porque si analizamos nuestra historia, el comienzo de la opresión actual está en el inicio de la llegada de la conquista y la colonización, la desigualdad, el genocidio, el extractivismo, con lo cual siempre fue un elemento importantísimo en mis relatos, pero nunca fue central hasta ahora. Cuando conocí a Moira y este proceso civilizatorio de su propuesta, que ella plantea como alternativa, el análisis que hace de las mujeres originarias y la importancia que han tenido las resistencias, para mi fue un eje convocante, movilizador, estimulante”.

¿Qué expectativa te despierta la recepción de la película?

--Pretendo que pase lo que pasó con algunas personas que ya la vieron que se preguntaron ‘¿Y yo por qué no me enteré de esta ocupación, qué estaba haciendo en ese momento, porqué no fui a apoyarlas?’ Pretendo sembrar un granito de arena de estos 500 años de lucha de las mujeres originarias en resistencia y que nos interpele como sociedad y que entendamos que nuestra historia no empezó hace 500 años con la llegada de los barcos, ni hace dos cientos con el inicio del estado nacional, sino que tenemos 14.500 años antes, de pueblos originarios llenos de sabiduría, de espiritualidad, de los cuales tenemos mucho que aprender, más en este momento que están en riesgo.

Estrenás La rebelión de las flores y ya estás avanzando con un nuevo documental, ¿de qué se trata?

--Estoy por empezar la posproducción de Alina Sánchez, una argentina que estudió medicina en Cuba y que se fue a luchar a la revolución de Kurdistán, en Asia Menor, liderada por mujeres. Dedicó su vida a esa revolución y como médica tuvo mucha importancia en esa región, fue una especie de ministra de salud que gestionó un proyecto sanitario para el pueblo. Fue muy importante su trabajo. En 2018 murió en un accidente y en este momento Alina es una mártir muy importante para el pueblo, para las mujeres kurdas, es una Che Guevara actual para ellas y ellos. Su historia no se conoce y la idea es buscarla a través de todos los que la conocieron. Por eso se llama En busca de Lejerin, que fue el nombre que ella adoptó en Kurdistán. Estamos arrancando la edición ahora y creo que a comienzos del año que viene estará terminada.

Días y funciones de La rebelión de las flores:

CENTRO CULTURAL SAN MARTIN. Sarmiento 1551:

Viernes 14/10 19 hs

Domingo 16/10 19 hs

Sábado 22/10 19 hs

Domingo 23/10 17 hs

Sábado 29/10 19 hs

Domingo 30/10 17 hs

CINE GAUMONT.

Desde el 13 al 19 de octubre, todos los días a las 19.30 hs