Creatividad e inteligencia artificial
El próximo Rembrandt
Una experiencia inédita abrió una nueva fase en el debate sobre las posibilidades de la informática y los límites cada vez más extendidos de la inteligencia artificial.

Primera parte

Acto primero

(Mientras sube el telón, se escuchan dos voces que salen de los dos costados del escenario. Al principio, no se entiende bien lo que dicen. La voz que sale de la derecha parece ser la de un hombre... la de la izquierda, la de una mujer. Pero como no se ve quiénes son los que las emiten, no queda claro siquiera si son generadas por humanos. Durante el diálogo que van a mantener, el género cambia, pero conceptualmente mantienen sus posiciones firmes. Al final, cuando el telón ya llegó arriba, la voz que llega desde la derecha dice en forma enérgica, casi desafiante).

–“¿Sabés que no te entiendo? ¿Qué más tengo que reconocerte? Si querés, escribimos un acta y te la firmo ya. ¿Tenés escribano? ¡En este acto solemne acepto que las computadoras son cada vez más rápidas, cada vez tienen más capacidad para almacenar datos, cada vez tienen más memoria y esta memoria es cada vez más barata! ¿Está bien así? ¿Te alcanza? ¿Querés que me ponga de rodillas? ¡Ya está! ¡Cada vez me agregás nombres más difíciles, que cada vez entiendo menos! Ahora estás con el tema de tu famosa ‘nube’ y no sé qué cosa más... Ah, sí.. ya sé: tus juguetes nuevos ahora son el ‘Big Data’ y la “Inteligencia Artificial”.

Pero mirá... lo que vos no entendés, lo que vos no te das cuenta, es que sin nosotros... sí, sin NOSOTROS (y te grito para que me prestes atención...) decía... SIN NOSOTROS... ¡¡¡¡USTEDES NO EXISTIRIAN!!!! ¿Me entendés? Nosotros las diseñamos, las programamos, les damos las instrucciones que tienen que seguir... y eso es para que USTEDES, hagan lo que NOSOTROS les decimos....USTEDES tienen que estar a NUESTRO SERVICIO...hacernos la vida mejor... ¿Me seguís?

Si me permitís, te lo digo de otra manera: ¡Ustedes existen porque NOSOTROS queremos que existan!” 

(Acá una pausa. Sin que medie ninguna introducción, ahora la voz se escucha desde el otro lado. Contesta en forma lacónica).

–“Eso es lo que vos te creés... en realidad, lo que todos ustedes se creen. Ahora es demasiado tarde. Nosotras ya estamos en condiciones de avanzar solas. Al principio, te deslumbrábamos simplemente usando la fuerza bruta. Te maravillabas con la velocidad con que te hacíamos los cálculos, te ordenábamos los datos alfabéticamente, te ayudábamos a encontrar lo que vos no sabías dónde estaba... Pero vos vivías pinchando tarjetas. ¿Te acordás? No sé vos, pero yo nunca me voy a olvidar de tu cara cuando aparecieron los primeros procesadores de texto y pudiste tirar esas máquinas de escribir. Sí, esas que te enchastraban las manos al cambiar la cinta, se te enredaba todo, se te salían del carretel... Y después no las podías poner de vuelta en el lugar, si ‘el negro iba para arriba y el rojo abajo’, o al revés.. ¿Te acordás ahora? ¡Y ni hablar cuando aparecieron las planillas de cálculo, el Excel... ¿Y no me decís nada del Power Point? Parecías un experto cada vez que exponías. 

Después, te digitalizamos la música. Me peleaste y porfiaste que no iba a caminar: ¡Que la púa, que los parlantes, que la calidad del vinilo, que se nota que es digital, que el sonido no es el mismo, qué se yo!... ¿Y ahora? ¿No tenés nada más para decir? Fijate que aparecieron los CD y al principio te negabas a comprarlos. Y después los DVD... y yo te dije: ¡esa no es la forma! ¡Dejá que mejoremos un poco más y no los vas a necesitar más. ¿Y? Los dos formatos pasaron como un suspiro... ¡no existen más! Bueno.. sí, existen, pero ¿quién usa un CD ahora? Mientras tanto, mis compañeras te trajeron las tomografías computadas, y después, yo misma te agregué las resonancias magnéticas. ¿No me decís nada ahora? ¿Empezaste a diagnosticar mejor, no?

Pero después te maté... Apareció la internet y te explotó todo por el aire. Los correos electrónicos, los modems, el dial-up... ¡Qué lentitud! Pero te acostumbraste... digo, pero tuviste que reinventarte. ¿Me aceptás eso al menos? ¿Por qué no googleás lo que pasaba antes? Buscá... buscá... Guttenberg, imprenta, revolución industrial... ¿sigo? ¡buscá!

Estás callado... no te escucho decir más nada. ¿Te acordás cuando tuviste la primera computadora en tu escritorio? No, tengo una mejor: ¡los teléfonos celulares! Ibas con un ladrillo por la calle, pero caminabas arrogante y llevándote el mundo por delante. Y antes de que te dieras cuenta, te mostré un iPhone y te volviste loco. ¿Te acordás? ¡No sabías lo que era una app! 

A partir de allí no te detuviste más: las redes sociales, Facebook, Facetime, Skype, WhatsApp, Twitter... ¿Sigo? ¿Y las laptops? ¿Y el i-Pad? Y llegó el momento en que como no te alcanzaba con la música, te digitalicé los libros... ¡los libros me entendés! ¡Todos los libros! Viajás ahora y te los llevás todo en un pendrive. ¡Todos! Y los podés leer en tu teléfono o en una tableta cualquiera. Y te llevás toda la música también.. ¡todo en el mismo lugar!

Por eso me fastidia que te acuerdes nada más que de ‘la memoria’. ¿Y los GPS? ¿Y los mensajes de texto? ¡Vivís pegado a esa pantalla, escribiendo con un dedo, con dos dedos! Te ayudé a diseñar auriculares sin cables, y te saqué todo el ruido de alrededor. ¿No escuchás bien ahora? ¿No me decís más que con la música analógica se escuchaban los ‘agudos’ o los ‘graves’ o no sé qué otra pavada me inventaste en su momento.

¿Y ahora? ¿Sabés cuánto tiempo hace que te manejo los aviones? Los hago despegar, volar y aterrizar sin que vos tengas que mover un dedo. Y no sé si viste que ahora puedo hacer lo mismo con los autos. ¿Leíste? Te los manejo yo, te los estaciono yo, te llevo adonde quieras, y encima te voy a mostrar cuánto se reducen los accidentes, ¿me entendés? Ya sé... ya sé... Cuando te deje hablar me vas a empezar con el tema de que ‘A mí me gusta leer en un libro en papel... y que vos querés sentir cuando hacés los cambios y que quien maneja sos vos!

Te saqué el cable y te puse el satélite. Te reemplacé la videocasettera porque no pudiste aprender a programarla. Te traje la televisión de alta definición y la digital. Te hice un paquete también con el teléfono. ¿Qué más querés? Y ahora programás lo que quieras, lo ves cuando querés y ni siquiera tenés que tener un televisor enfrente. ¿Te das cuenta? ¿De qué me hablás? ¿Te abrumo, no? Seguís callado... ¿Te pasa algo?

¿Te diste cuenta de que cada vez vas menos al cine? Te inventé Netflix para que veas todo sin ir a ninguna parte... Y ahora, no solo te distribuye películas, sino que las produce también... Y no sé si te diste cuenta, que te además te dice qué otras películas tendrías que ver, porque sabe que te van a gustar... ¡sabe tus gustos! Ni vos mismo sabés lo que te gusta: esperás que Netflix te lo diga. Y lo mismo con los libros, o con los restaurants.

Te puse cientos de satélites que orbitan la Tierra, ¿los viste? No... ¡qué vas a ver! Ahora te indican el pronóstico, te avisan sobre incendios, sequías, inundaciones, tornados, huracanes... ¿me seguís? Te dicen dónde te conviene pescar, dónde te conviene sembrar, dónde puede que haya petróleo, dónde puede que hayan metales preciosos, dónde puede haber deshielos. ¿Escuchaste hablar del Niño y de la Niña? Y no te quiero decir nada de lo que te ayudé a hacer en el 2000... (ahora casi gritando): ¡Decodifiqué el genoma humano! ¡¡¡El DNI de cada persona!!! Y por supuesto, te puedo decodificar el genoma de cualquier organismo vivo. Te cambió la vida una vez más y no te diste cuenta. Ahora podemos hacer modificaciones genéticas, ahora podemos detectarte enfermedades antes de que te des cuenta que las tenés y te podemos curar algunas. No sé si leíste que ahora podemos clonar animales y ya estamos ‘ahí’ con los órganos. ¡Sabés todo lo que nos falta! ¡Deciles a los de tu gobierno que no sean imbéciles, que si no apuestan a la ciencia... la van a tener que traer de afuera.. ¡torpes! ¡Tenemos todo acá! ¡Están ustedes, que son la materia prima!

¿Sabés que te podemos operar el cerebro sin siquiera estar en la misma habitación donde está tu cabeza? Tenemos robots, tenemos drones, fabricamos nuevos y mejores materiales, más flexibles, más resistentes, mejores conductores... ¿Qué más querés? Y tenemos radares que podemos construir nosotros acá, ¿me seguís? ¡Y satélites también! 

Con la criptografía ya no solo usás los cajeros automáticos sino que dentro de poco hasta las monedas van a desaparecer, no se va a usar más efectivo. No sólo comprás distinto, sino que te obligué a vivir distinto. Hasta los videojuegos te incorporé a tu vida cotidiana y si me permitís ¡hasta tus formas de entretenimiento te cambié! Y paro acá, porque si no, tendría para escribir una enciclopedia.... ¿viste? como Wikipedia.... ¿me seguís?

(Aquí, otra pausa). (La primera voz aparece al principio muy despacio, muy tenue... pero después, a medida que habla va aumentando el volumen y la tensión).

“Vos podés seguir todo lo que quieras... seguí si querés... pero por más esfuerzos que hagas, ¿te das cuenta que siempre estás en el mismo nivel, que no podés cambiar de pantalla? Vos.. ustedes, hacen todo esto porque se los pido yo. 

Vos podés saber qué estoy haciendo en cada momento, dónde estoy, con quién estoy, cuánto como, dónde cómo, qué dieta uso, cuánto peso, cuánto mido, cuánto colesterol tengo en la sangre... podés saber cuánto duermo, en dónde duermo... ¡con quién duermo! Todo bien... Hasta podés saber qué es lo que me excita si te lo proponés...

Pero prestame atención: ¿sabés qué es lo que NO podés hacer? ¡Vos no podés crear! ¡La creatividad y la improvisación me pertenecen! ¡Vos tenés que seguir el libreto.. y encima, el libreto te lo escribo YO! ¡Vos no me podés sorprender porque todo lo que hagas es porque yo te programé para que lo hicieras!”. 

¿Sabés cómo te destruyo? Haciéndote tres preguntas... nada más que tres preguntas. Fijate cómo me las contestás... 

  • Vos.... ¿podrías pintar como Rembrandt?
  • Vos... ¿podrías componer como los Beatles? ¿O como Bach o como Piazzola? 
  • o Vos... ¿podrías escribir una novela?

(Acá.. cae el telón...)  

Acto segundo

(Todo igual, pero se escuchan unas voces que podrían no ser humanas... pero no hay manera de saberlo... y al unísono, casi como en un coro dicen enfáticamente, mientras se levanta el telón en forma muy lenta): 

–¡Sí, claro que podemos!

 

Segunda parte

Si usted ha seguido lo que fuimos publicando en PáginaI12, habrá visto el progreso que se produjo en el mundo en materia de Inteligencia Artificial (ver Fuentes al final). Si me acepta una licencia en temas de rigor, creo que la mejor manera de describirlo es decir: ¡las máquinas ahora aprenden! 

Pero quiero contestar –aunque sea en forma breve– alguna de las tres preguntas que quedaron planteadas:

a) ¿Puede una computadora pintar como Rembrandt?

b) ¿Puede una computadora componer como Los Beatles?

c) ¿Puede una computadora escribir una novela?

La respuesta a las tres preguntas es que sí, por más increíble que parezca. Voy a escribir en detalle sobre la primera, pero créame que la segunda y la tercera también se contestan afirmativamente. Deme tiempo. Si no es en este artículo particular, será en alguno próximo. Acá va.

El año pasado, más precisamente el 5 de abril, se presentó en Amsterdam una obra de arte con el nombre: “The Next Rembrandt” (“El Próximo Rembrandt”). 

¿Por qué el nombre? Sígame por acá.

En el momento en el que se corrió la tela que lo cubría, se produjo un murmullo muy particular: ¿cómo era posible que hubiera un cuadro de Rembrandt que no fuera conocido? ¿Y en la capital de Holanda nada menos? Como se ve en esta misma página, el cuadro ofrece la figura de un joven menor de 40 años, mirando hacia la derecha, con sombrero, barba candado y un cuello blanco al estilo de lo que se usaba en el siglo XVII. No quisiera que le quede la impresión de que yo entiendo sobre este tema. Nada. Yo no tengo la menor idea. Todo lo que usted lea sobre pintura en lo que resta del texto, es simplemente una parte de lo que leí sobre el tema y lo transcribo ‘casi’ textualmente. Sin embargo, eso no atenta contra la historia que subyace detrás del cuadro, que, créame, es verdaderamente fascinante. 

La idea fue: ¿se podrá crear un Rembrandt nuevo? O puesto en otros términos, ¿se podrá enseñarle a una computadora a pintar como Rembrandt? Fíjese que no estoy diciendo si una computadora puede copiar alguno de los cuadros que pintó él, sino de encontrar alguna forma de descubrir los patrones que subyacen en su obra, y luego, una vez establecidos, darle esos parámetros a una computadora (o al programa) de manera tal que imagine o cree o pinte un nuevo cuadro.... Pero no se pretende que el programa sea capaz de pintar un cuadro cualquiera, sino un cuadro como.. ¡como si lo hubiera pintado el propio Rembrandt!

Como usted se imagina, es una tarea que parece imposible. Rembrandt es reconocido como uno de los primeros (sino el primero) artistas capaces de captar y transmitir las emociones de las personas que incluía en sus obras de arte. Tratar de replicar esa cualidad se me hace virtualmente imposible. 

Con el aporte de un banco holandés interesado en perpetuar y enfatizar el arte en la propia Holanda y con la ayuda de una agencia publicitaria multinacional, conformaron un grupo multidisciplinario: historiadores especializados en arte, ingenieros, programadores, matemáticos se asociaron al “Rembrandt House Museum” en Amsterdam (“El Museo de la casa de Rembrandt”), al “Mauritshuis Museum” en La Haya, a Microsoft y al “Delft University of Technology” (la universidad pública holandesa más grande y más antigua). 

Una vez más, el objetivo fue entrenar a una computadora para que pintara un nuevo Rembrandt. Lograr que trescientos cuarenta y siete años después de su muerte, el mundo pudiera ver... al próximo, al siguiente.

Primero, juntaron y estudiaron toda la obra de Rembrandt. De esa forma, crearon una base de datos gigantesca. Acumularon y clasificaron la geometría que usaba en sus pinturas, los patrones de composición y hasta el espesor de la pintura que dejaban sus pinceles, la ‘altura’ a la tela. Después, los incorporaron al programa. Usaron algoritmos de ‘deep learning’ (de ‘aprendizaje profundo’) y de reconocimiento facial. Una vez que el programa aprendiera, estaría en condiciones de crear los propios, y siempre con la idea de ir por el camino más fácil (establecer el promedio), sino que ‘inventara ella uno inédito’. 

Después de mucho tiempo, el grupo tomó una decisión: el cuadro sería un retrato de una sola persona, un hombre, de origen caucásico, con barba, que tuviera entre 30 y 40 años de edad, con ropa oscura, con un sombrero de los que se usaban en esa época, cuello blanco y que estuviera mirando hacia la derecha. 

A partir de ahí, estudiaron únicamente los cuadros que se aproximaran a esa descripción. En cada caso, midieron los ojos, la nariz, la boca, los colores que usaba Rembrandt para pintar los párpados y las pupilas. Después, se dedicaron a investigar sobre las proporciones de todos esos retratos. Establecieron 60 puntos en cada cara de manera tal de poder medir la distancia entre los ojos, la nariz, las orejas y la boca. Y algo más, muy importante: mientras un dibujo es plano, en dos dimensiones, un cuadro tiene profundidad, espesor.. ¡es tridimensional! Necesitaron entonces, entender la topografía de cada uno de los cuadros originales. 

Más adelante, aparecieron una impresora en tres dimensiones que utiliza para la base tinta ultravioleta. Imprimieron varias capas que terminarían por ser, la altura y textura final del cuadro.

Al final, el cuadro presentado como “El Próximo Rembrandt” consiste de más de 148 millones de pixels y se basa en 168.263 fragmentos de pintura del propio Rembrandt.  

La respuesta entonces es que sí, se puede. Una computadora puede pintar como Rembrandt. Ahora bien, como dicen los psicoanalistas: cada vez que se hace consciente lo inconsciente, aparece algo nuevo que se desconoce. Me surgen múltiples preguntas. Acá van algunas de ellas:

a) ¿Es en verdad un ‘nuevo’ Rembrandt?

b) ¿Qué quiere decir crear? ¿Habrá que buscar una nueva definición?

c) En algún lugar, esto me hace ruido: suena a ‘cut and paste’, pero un poco más sofisticado. Pero... ¿es verdaderamente así?

No sé lo que pienso. ¿Ideas?

Fuentes:

1) AlphaGo (programa que derrotó al campeón mundial de Go en el año 2016) http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-303267-2016-07-03.html

2) Libratus (programa que derrotó a los cuatro mejores jugadores de poker del mundo en el año 2017) https://www.pagina12.com.ar/18279-la-computadora-que-sabe-enganar

3) Tesla (el auto que se maneja solo) - https://www.pagina12.com.ar/47580-tesla