RESISTENCIAS
No pasarán
La autodefensa feminista no es un curso de defensa personal ni un catálogo de estrategias contra hipotéticos agresores. Es una trama sutil e indestructible que van tejiendo miles de mujeres, travestis y trans contra la violencia machista, para ser protagonistas de sus propias elecciones y deseos empoderando sus cuerpos. Los talleres que se replican en todo el país son puntos de partida para pensar colectivamente las políticas de autocuidado, enfrentando a poderes que lastiman o matan y creando alianzas entre pares, para multiplicar la sororidad y afianzar el lazo colectivo que tanto hace falta. En la semana de la eliminación de la violencia contra las mujeres, la autodefensa es un modo de armar tribu que fortalece la solidaridad de género.
Imagen: Sebastián Freire

Las mujeres campesinas del estado mexicano de Guerrero gritan fuerte hasta que sienten que el cuello se les tensa como un cuero duro. Así lo hacen cada vez que se escuchan estruendos y lamentos en las casas de sus vecinas o en las veredas adonde no llega la vista. Se defienden con el sonido primario de las voces alertas, como los pájaros de la Sierra del Sur cuando sus nidos están en riesgo. Aprenden de saberes ancestrales aunque algunas no saben siquiera de dónde les nace esa potencia que las abruma pero las llena de placer y resultados. Muchas se salvan cuando vocifera la tribu y no le buscan explicación a la cosa porque mujer se hace y el camino está lleno de piedras. Cuando la voz no alcanza toman el palo o lo que las manos atinen a tomar, pero eso sucede poco porque el grito, si está bien puesto entre el corazón y el entrecejo, cohíbe al más macho. Es la tierra que brama. Aquí en Buenos Aires, las mujeres de la villa 21-24 ingenian un clamor propio cuando advierten que están por tocar a una. Se le acercan, la rodean con afecto y firmeza, se avisan, corren la voz, se movilizan y marchan en red para increpar a los agresores. Los expulsan. Lo más lejos que puedan. Las experiencias se replican hace tiempo en la villa 31, en la 20 y en la 1-11-14. Se recrudecieron los ataques de odio contra niñas, niños, adolescentes, mujeres y personas lgbtiq, pero también se extienden como pólvora las comunidades organizadas de autodefensa. Nadie se banca más silencios ni sometimientos; fueron miles lxs que dijeron basta en el histórico Encuentro Nacional de Mujeres que se realizó en Rosario y en el multitudinario Paro Nacional de las Mujeres en Buenos Aires y en Latinoamérica. Hoy, 25 de noviembre, el aniversario manda: anda en la sangre de las mujeres un río que libera poder y armazones de resistencia contra la despersonalización que les quiere imponer el sistema patriarcal.

Cerca de la revolución

Los talleres de autodefensa feminista son el hecho anhelado de los encuentros nacionales de mujeres en las plazas y los centros que convocan para aprender en un guerreo amoroso, compartiendo flaquezas y necesidades imperiosas. Todavía late con furia la resistencia de las mujeres a las agresiones frente a la Catedral al cierre del 31° Encuentro en Rosario. “Quisieron asustar, callarnos, amedrentarnos, pero no pudieron contra todas”, dijo entonces Majo Gerez, de la comisión organizadora del ENM. Unas horas antes de ese ataque, la antropóloga kurda Dilan Bozgan, participante del Encuentro, daba la charla “Kurdistán: la revolución de las mujeres”. Explicó que las mujeres de su pueblo llegaron a participar masivamente en la larga historia de rebeliones, no sólo en las guerrillas sino en su formación cotidiana. La Revolución, para las mujeres de Rojava, en el Kurdistán sirio, y de Bakur, en el Kurdistán turco, se basa en la autodefensa frente a los ataques y la violencia del día a día que enfrentan. “La noción de autodefensa de las kurdas no está comprendida únicamente en sentido militar, sino también como la construcción de estructuras sociales propias para combatir la represión al interior de la familia y el Estado, y las mujeres son las más afectadas y el objetivo predilecto de la violencia patriarcal.”
La francesa Claire Martin, master en Estudios de Género, afirma que la práctica no se trata sólo de defensa física. “Sino, en gran parte, de una nueva mirada sobre el derecho que las mujeres tenemos a decir ‘si’, ‘no’; una mirada que perciba las posibilidades y alternativas antes de las restricciones, una mirada positiva y dirigida hacia una mejora de la comunicación con el exterior a través de la asertividad y como consecuencia, una mejor autoestima.” En su estudio “Poner lo invisible en relieve. Autodefensa feminista, una herramienta para la igualdad”, sostiene que “la autodefensa feminista se propone educar, reconocer y descifrar esas representaciones, porque cuando la mirada cambia, el mensaje cambia y a esta cuestión debe darse importancia”.
Las reuniones de mujeres y el diálogo que construyeron las feministas de la segunda ola con el desafío fundacional de “lo personal es político” son amplificadas en otras redes de acuerdos que generan nuevas estrategias para recomponer desigualdades estructurales. El secuestro, violación, tortura y muerte de Lucía Pérez en Mar del Plata denuncian un sistema patriarcal, machista y misógino estallado en intolerancia. A Lucía no la querían soñadora, poderosa y libre. La querían sumisa y cómplice. Y si no muerta. 
Lía Ghara, militante de 24 años y estudiante de Periodismo en la Universidad de las Madres, rescata la imperiosa necesidad de lo instintivo para estar vivas. Ningún paralelismo alcanza cuando se menciona a Lucía. En todo caso, Lía potencia el alerta permanente, el nervio propio “para no dejar pasar una”, advierte. “Viví mil situaciones con amigas translésbicas o con mi novia, en las que algunos machitos violentos nos provocaban o se acercaban con esa idea falsa de la preponderancia física, para agarrarnos o besarnos. Hechos de acosos violentos que rechazábamos a las puteadas, plantadas y enfrentándolos. Estábamos unidas y decididas. Se sentían tan arrinconados que creo que ellos mismos percibían cómo se achicaban y ésas eran sus situaciones límite, porque más de una vez nos dijeron ‘si sos tan guapa te espero afuera para cagarte a trompadas’.” Los patovicas de los boliches donde ocurrían esas agresiones siempre tomaron partido por los varones, en ese corporativismo tan aceitado de pares masculinos para revertir el sentido de la culpa. “No me importa nada, la supervivencia está ahí. Yo me voy al humo porque no nos pueden violar a todas, matar a todas. Te estalla la bronca y cuando sucede comenzás una búsqueda de herramientas concretas con una perspectiva feminista para franquear aquellas situaciones que te inmovilizan.” Las clases de autodefensa que toma en Colegiales enlazan el entrenamiento de yudo con las técnicas de otras artes marciales. Ahora busca algún taller a la gorra “porque en este contexto macrista nadie puede pagar”. 

No es no

Desde su inauguración en marzo de 2012, el Centro Cultural Tierra Violeta se define como un espacio de acción y producción colectiva. Los talleres de autodefensa feminista que coordina la gestora cultural y activista por los derechos lgtbiq Paola Raffetta fueron instalándose como usinas para descubrir “las muchas maneras de la autodefensa y una visión de diferentes posibilidades ante situaciones tan diversas manejadas desde distintos códigos”. Le satisface la posibilidad de brindar formas diversas de autodefensa desde el feminismo “y reasumir que se trata de defenderse ante una situación de acoso físico como de una agresión verbal. Lo que nos pasa cotidianamente tiene que ver con formas verbales de invasión de espacio”.
Las primeras hipótesis de conflicto que se plantearon era cómo decir “no” a alguien querido. “No querés pegar pero necesitás poner un límíte, y autodefensa tiene que ver con el límite de la palabra desde el gesto o frenando situaciones incómodas con palabras firmes. Combinado con ejercicios de acción física y actitudinal –término creado por Raffetta– permite describir la situación, lo que me produce, y expresar con claridad lo que quiero frente a eso que rechazo.” Los encuentros lograron un equilibrio afianzado en cada práctica en un ejercicio conjunto de solidaridad entre compañerxs, con exclusión de varones cis. “Porque entendíamos que era parte de poder construir aspectos seguros. De todos modos son talleres rotativos; pudimos ver lo que no nos gusta de otrxs, desnudar actitudes no tan antipatriarcales como quisiera. La cuestión es no encerrarse en una endogamia que a veces es dañina.” 
Dice que a aquellas compañeras que aprenden a defenderse y a tener confianza les cambia el semblante porque sienten que transitan una cotidianidad algo más segura. “Gran parte de la  autodefensa tiene que ver con construir tu propia seguridad. A veces no se puede zafar de una situación de mierda pero tenés los elementos para intentarlo.” El listado de estrategias incluye ejercicios con visión restringida para generar confianza y otros registros corporales que no sean los visuales. “Eso empodera, empezás a prestar atención a cosas que no veías o no escuchabas. No esperás a que alguien te apoye en el colectivo.” La mayoría de los talleres parten del esquema donde el agresor es el macho. “No se mete con la piba bien plantada”, asegura Raffetta. “Va a buscar una chica que le parezca más vulnerable. Mucho de lo que enseñamos tiene que ver con reaccionar rápido, pedir ayuda, descubrir la mirada de otra gente, detectar una situación de violencia o abuso, de poder intervenir sin vergüenza ni miedo. Crear conciencia de que hay otra haciendo el aguante y muchas veces las situaciones se desarticulan sólo por eso.” 
El fem do chi, el seito boei y el wendo son algunas corrientes representativas de las disciplinas de AF surgidas en Austria en los setenta, describe Claire Martin. Fem do chi significa “la vía de energía de las mujeres”. Une acciones físicas con afirmaciones de relajación y bienestar personal. Cobró fama tras comprobarse la ineficacia de las artes marciales clásicas en el caso de las violencias específicas contra las mujeres. Seito boei, o “defensa legítima”, equilibra técnicas de jiu-jitsu y kung-fu, defensa verbal, trabajo emocional y entrenamiento mental ante situaciones de emergencia. Toma el concepto de defensa legítima para diferenciarse de la autodefensa femenina porque entiende que responde a las agresiones reales sobre el colectivo de las mujeres y no a su rol social. Wendo armoniza técnicas físicas simples basadas en el karate y técnicas de autoafirmación. Su denominación viene de women (mujeres) y do (vía-camino); tomando en cuenta las diferencias entre varones y mujeres y la especificidad de las agresiones.
En Buenos Aires el poder impone otras significaciones. Apremia pegar el salto autóctono para construir una defensa que visualice todas las formas de violencia y sea capaz de configurar una filosofía propia de la supervivencia, con reescritura permanente de las relaciones de fuerza. En sus clases de Sistema Evolutivo de Pelea, el docente Salvador Oliva desarma las desigualdades estructurales de los abusos de poder para que las mujeres hallen el camino más corto hacia una corporalidad sin temores. “Me inicié en artes marciales clásicas pero años después me formé con otro maestro que diseñó este sistema que trabaja con cuchillo, palo y mano vacía, aunque la confianza es la verdadera base para construir la autopreservación.” En el club donde practican el sistema, un grupo de mujeres de entre 20 y 30 años se afirma en la consigna de generar empoderamiento para  sobrevivir a situaciones extremas. Y trabajando el miedo como potencia. “Algunas cuando empezaron no podían con una voz interior que las paralizaba, pero tomaron impulso sin frustraciones y se transformaron física y espiritualmente. Las clases ponen en juego lo que es cada una y permiten un autoconocimiento emocional desde el cuidado, porque lo ideal es que se cuiden y a la vez descubran su lado guerrero. Tu vida es lo que más vale.”
 Mileva Gorojovsky comenzó a entrenar antes de volver a cruzarse con Salvador hace un año y medio. Se conocen hace tiempo pero tomaron caminos diferentes y ella nunca imaginó que ese reencuentro iba a cambiar su vida a los 23 años. “No podía creer lo que Salvador había logrado con esas chicas y chicos. Mi cabeza hizo un clic, me preguntaba cómo una mujer podía defenderse de otros hombres y capturar tanto poder para sí. Y me dije que quería hacer eso. Tenía muchos problemas con mi cuerpo y mi peso, inseguridades constantes y mi peor enemiga, mi cabeza,  me repetía todo el tiempo ‘no podés, no servís, sos una inútil’.” Al principio costó, pensó en abandonar. La sensación de no servir había arraigado profundo. “Pero de a poco se fueron los miedos y las negaciones y ahora la motivación es constante. Siempre les cuento a las chicas que antes, cuando caminaba por la calle, iba con la mirada baja. Desde que empecé a entrenar y a pensar que puedo defenderme voy con la cabeza en alto mirando a todo el mundo, sin importarme lo que digan.” 
Cada tanto la persigue un resto de enojo que se le manifiesta en una pregunta casi política. ¿Por qué tengo que aprender a luchar para caminar tranquila? “Me da bronca que una mujer deba recurrir esa forma de empoderamiento para sentirse segura y poder salir a la calle sin sentir que alguien le va a hacer algo. Trato de dejar de lado ese pensamiento y sentirme bien con lo que aprendí durante un año, porque son recursos que pueden llegar a salvarme la vida si le pongo ímpetu.” Las prácticas son una especie de teatralización de situaciones que suceden en la calle, potenciadas por una carga de estrés que circula y se aprovecha en las clases mixtas. “La mayoría busca que sólo sea una clase para mujeres por esa cuestión de la incomodidad y la inseguridad que puede provocar el hecho de practicar los ejercicios con un hombre. Algunas chicas trabajan sólo con chicas, pero el intercambio es bueno, porque con un hombre estás probando qué tan fuerte y tan efectivo es eso que practicás.” 

Salir de la matrix

Akntiendz Chick se presenta como “una pareja de tortas o bollos blogueras, una trans y la otra cis”, que luego de siete años de hacktivismo transfeminista lésbico en las redes y cantidad de posteos en su blog akntiendz.com decidió compartir su primer taller presencial en Tierra Violeta, “Mi transfeminismo es mi kung fu”, de autodefensa crítica de aplicación inmediata para ayudar a  personas trans a defenderse en una sociedad cisexista. Aylin Mainard y su novia, Irassema Pocasangre, proponen herramientas teóricas (mediafóbicas, lesbianario, subversivismo queer) que sirvan como puntos de reflexión y de inclusión para lesbianas y lesbianas transgénero en espacios feministas. “El centro es la discusión del término cis para referirse a quienes no son trans”, advierte Aylin. “El cisexismo como sistema de opresión que trata los géneros de las personas trans como menos reales o verdaderos que los de las personas cis y el privilegio cis que sustenta todo este sistema.” El kung fu del título subraya que se trata de un transfeminismo de supervivencia desde las miradas de las propias personas trans: al parecer existe una notable apropiación del tema de parte lxs menxs afectadxs, “casi siempre cis que no se reconocen como tales. Además es un guiño a quienes valoran la tecnología, muchas lesbianas trans son geeks o simpatizantes. Se habla de kung fu como habilidad tecnológica”. El flyer del encuentro es un meme de Trinity, la heroína de Matrix, luchando con réplicas del agente Smith. “Una película escrita y dirigida por una lesbiana transgénero, Lana Wachowski, y su hermana Lilly, donde Neo recibe toda la información en segundos y exclama ‘¡Ya sé kung fu!’”
Las mujeres del Segundo Aquelarre Feminista en Bolivia volvieron a debatir las violencias que ellas y otras sufren en territorios donde son reprimidas a diario y sin acciones penales que condenen a los culpables, atacantes en banda con las caras tapadas y las piernas siempre en huida. Angélica Becerra Brito, que participó en la reunión de las diferentes colectivas independientes en marzo, dijo que se organizaban en resistencia al patriarcado sobre cuatro ejes: extractivismo, aborto, violencia y autodefensa. “Se expresó un claro sentir en la urgencia de trabajar el cuerpo a través de la ‘Autodefensa Feminista’, entendida como la decisión de dejar de ser las ‘víctimas’ que el régimen patriarcal quiere que seamos, de perder el miedo, trabajar en la confianza, la voz, la actitud, la seguridad y la solidaridad, con un enfoque no dependiente, ni paternalista sino desde la autonomía y libertad.” Ni sumisas ni devotas.