Opinión
Entre el voto y el infierno

¿Bajo cuál racionalidad una fuerza política tan extrema y rupestre como la oposición venezolana convoca a una consulta/plebiscito –técnicamente democrática– que no cuenta con legalidad de Estado, efecto institucional conducente, ni tiene posibilidad material de representar una cantidad decisiva del padrón de 19 millones habilitados?

La respuesta nos conduce a otras preguntas. ¿Para qué, cómo, usará la MUD esos resultados, sobre todo si resultan medianamente positivos? ¿Qué efecto vinculante tendrán para el sistema político? ¿Qué hará la fulana “comunidad internacional” con la consulta? 

A las 7 de la noche de ayer domingo, la MUD aseguraba en sus medios que movieron dentro del país 11 millones de votantes, y en el exterior más de un millón. Lo del exterior puede ser. Es la población más llena de odio, pero la del interior es técnicamente dudoso que alcance esa cantidad. Y si lo logra estamos ante un acto de efecto político telúrico.

La MUD cuenta con aparato propio para hacer votar a menos de 3 millones de personas dentro de las 9/10 horas pautadas. Pero sus centros de votación no pasan del 13% del total de la estructura del Consejo Nacional Electoral (CNE), contando a tres mesas por centro. El CNE cuenta con 14 mil 515 centros que reúnen 40 mil 601 mesas para una población de cerca de 19 millones y medio de votantes. La MUD sólo estableció mil 933 puntos con una media de un puesto por cada centro de votación.

Incluso si tuviera una asistencia mayor a la deseada por el gobierno y desbordara los centros habilitados, necesitaría el doble de horas para completar el acto electoral. 

Si nos guiamos por lo que han dicho dirigentes de la oposición y de la Asamblea Nacional, los resultados podrían representar el “golfo de Tomkin” o el “Pearl Harbor”, necesario para la La batalla final, un pretexto de guerra, o casus beli, indispensable para iniciar el ataque final. Sobre todo si el resultado del plebiscito es bueno.

Este “ataque final” ya tiene nombre: “Hora cero”, según han declarado opositores en emisoras venezolanas como Unión Radio o Radio Caracas Radio. En la jornada de ayer era llamativo el estado de ánimo opositor, como si después del plebiscito lo que sigue es esa “hora cero”.

Ya conformaron un “gobierno alterno” guardado en algún lugar de Caracas o de Miami. Juan Requesens, diputado opositor, dijo lo siguiente hace 11 días en Unión Radio: “Lo importante es que convoquemos la hora cero y definitivamente paralicemos Venezuela”. Si, a pesar de eso, se hiciera la Constituyente, “¡se viene una soberana guerra, señores!”. “Para llegar a una intervención extrajera, tenemos que pasar esta etapa”, le reiteró a la periodista Vanessa Davis. 

Gustavo Tovar Arroyo, en un artículo revelador, La batalla final, del 1 de julio (www.reportero24.com) aclaró: “Tenemos hasta el 30 de julio de 2017 para dar fin al chavismo, esa peste bubónica que intoxicó nuestro siglo. Es una fecha culminante, podría ser un ‘ahora o nunca’ para recuperar al país de las devastadoras y asesinas garras que nos ha impuesto el narcotráfico. Habrá que dar el todo por el todo”.

Esto mismo proclamó el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, hace dos meses desde un estrado de la OEA. Un experto chavista en contra inteligencia, Carlos Lanz, sostiene que el Comando ya aprestó sus pertrechos.

La pregunta sigue intacta: ¿para qué usará la MUD el resultado de la consulta? La respuesta la veremos entre hoy y el 30 de julio.

* Escritor venezolano.