Hugo Gobbi estaba a punto de presentar sus cartas credenciales como nuevo embajador de la India con jurisdicción en Bangladesh cuando un secretario del cuerpo diplomático interrumpió el protocolo para hablarle. “Quiero decirle que el pueblo de donde vengo sufrió la muerte de Maradona”, dijo llorando. La embajada argentina en Delhi tiene jurisdicción sobre una vasta extensión, Sri Lanka, Nepal, Mandivia y Bután donde una asociación de fútbol recibió a Gobbi como si llegara el seleccionado argentino. El embajador está hace un año y tres meses en India pero desde hace semanas no para de hablar de un puente bengalí pintado con colores argentinos, del entelado de intenso celeste que ondea sobre mareas humanas, de que hola y chau son términos intercambiables como si nadie buscara una forma de irse pero también de las huellas de dos genocidios sobre un pueblo de 170 millones de habitantes, saqueado, asesinado, de sus hambrunas, de un pueblo que nunca participó de un mundial pero cada cuatro años se viste de celeste y blanco.

Con el acceso masivo a la televisión en colores en los años ochenta, el 22 de junio de 1986 los bengalíes amaron los goles argentinos contra Inglaterra. La mano de Dios como recuperación vicaria de las Malvinas sudaméricanas, allá despertó ese gozo de fascinación hipótico desde este lado del mundo. Pero esa historia tiene otra historia más antigua en la que también aparece el tercer peronismo. Durante los años 70 el gobierno argentino jugó un papel central como uno de los primeros países en reconocer la independencia de Bangladesh y establecer una embajada en unas oficinas alquiladas en la ciudad capital de las que no quedan rastros, desmontadas por la dictadura miliar de 1978, en medio de la disputa contra los paises No-Alineados.

“En aquel mundial del 86, la población masivamente se sintió vinculada a la Argentina porque era un país del sur, en desarrollo, y porque jugaba contra Inglaterra que era la potencia imperial que había colonizado esta región de manera terrible, cruel y devastadora”, dice el embajador Gobbi.

Hijo de un diplomático cesanteado por la dictadura argentina, Gobbi no duerme o se despierta de madrugada por la horas de diferencia para seguir los partidos. Responde el teléfono a la madrugada argentina en la mediamañana de Delhi acostumbrado a las mismas preguntas.

“En aquel momento la figura de Diego Maradona fue determinante --continúa-- porque hizo esos dos goles contra Inglaterra pero además porque venía de una condición muy humilde y había logrado superar toda la adversidad y acá, donde había y hay grandes bolsones de mucha pobreza, todos se sintieron identificados. Maradona les dio la gran alegría de mostrar que se puede ganar al Reino Unido y que se puede ganar a los poderosos, eso generó ese vínculo tan afectivo particularmente en Bangladesh.”


Imagen: Joe O’Connell

Esta semana Cancillería anunció la reapertura de su embajada en Bangladesh como retribución a la devoción bengalí, pero parte de una negociación que Santiago Cafiero inició a comienzos de año, en la que hubo encuentro entre los dos cancilleres, un viaje del secretario político del ministerio y la firma de un acuerdo de cooperación que es el segundo con Argentina. La empatía mundialista sólo aceleró los tiempos de una noticia que llegó con un agregado: el año del cierre de la embajada, 1978. Página12 accedió a unos pocos documentos que conserva el Archivo Histórico de Cancillería y que reconstruyen la relación entre los dos estados. La dictadura no cerró una embajada cualquiera. Argentina había sido uno de los primeros países que reconoció la independencia de Bangladesh, declarada en marzo de 1971 y batallada durante los siguientes nueve meses con saldo de millones de asesinados y el pueblo devastado por el hambre. Perón habilitó la primera representación diplomática el 30 de octubre de 1973. Bangladesh era apoyada por la India y la URSS y era símbolo de los No-alineados. 

Los papeles lo cuentan de esta manera. “El 25 de mayo de 1972 se establecieron las primeras relaciones diplomáticas entre la República Argentina y la República Popular de Bangladesh mediante un ´comunicado conjunto´ firmado en Jakarta´(sic) entre los representantes de ambos estados”, señala uno de los documentos sobre un primer hito en la relación entre los dos estados. El “comunicado conjunto” sintetizó la decisión basada “en el respeto de los principios de la soberanía, integridad territorial, no intervención en asuntos internos o externos, igualdad y beneficio mutuo” firmado en representación de la Argentina por el delegado de la dictadura de Lanusse. El 30 de octubre de 1973, Perón “dispuso la creación de la Embajada con sede en Dacca (sic) y la correspondiente Sección Consular con jurisdicción extensiva en todo el país dispuesto , a través del decreto 153. El 18 de enero de 1974 fue habilitada la embajada con asiento en Dacca (sic). Años más tarde por razones de austeridad y restricciones de carácter presupuestario, el gobierno dispuso el cierre de nuestra representación diplomática (...) ordenada por el decreto del PEN N° 3.755 del 15 de diciembre de 1977 materializándose el cierre a comienzos de 1978, en forma simultanea se ordenó que el embajador de Indonesia actuara en análogo carácter en el gobierno de Bangladesh”. Donde dice razones de austeridad y de presupuesto, hubo otra cosa.

Fuente: Archivo Histórico Cancillería

Casi tercera guerra

“La independencia de Bangladesh casi genera una tercera guerra mundial”, dice Gobbi. En 1971, era parte de Pakistán y hablaban idioma bengalí que no era reconocido por el gobierno central pakistaní. Eran un mismo país, misma religión musulmana, pero las mayorías poseían una lengua discriminada. Esa fue una de las razones detrás del movimiento contra la “dictadura de Pakistán”, dice el diplomático Gobbi.

“Cuando India finalmente interviene en apoyo de Bangladesh para permitir su independencia se estaba cometiendo una genocidio monstruoso –dice el embajador--. La India era la gran democracia de (Indira) Gandhi aliada de la URSS. El conflicto tenía muchas derivaciones. Estados Unidos mandó portaaviones a la región para tratar de ayudar a la dictadura militar de Pakistán, la mirada soviética se interpuso; hubo gestiones norteamericanas pidiendo a China por Pakistán. O sea, el tema pudo haber terminado en un conflicto mayúsculo”.

Hugo Gobbi

Argentina reconoció la independencia en ese contexto. Una de las versiones indica que el primer embajador argentino habría sido Mario Cámpora, sobrino del expresidente Cámpora, parte de su núcleo más íntimo, diplomático de carrera cesanteado con la dictadura y en ascenso años más tarde. Gobbi está casi seguro de que él abrió esa embajada, era muy amigo de su padre, y aunque no hay documentos que lo confirmen estuvo muy cerca: el legajo oficial ubica a Mario Cámpora en la embajada de India entre el 6 de julio de 1974 y el 28 de abril de 1975, antes de partir hacia Países Bajos. El nombre no es un dato menor, habla de la centralidad que tenía la zona para aquel peronismo y la centralidad de la decisión posterior. Mientras tanto, el 18 de marzo de 1974, Argentina ofreció donar arroz, manzanas y trigo a raíz de la inundación que azotó a Bangladesh, de acuerdo a un informe de la Dirección de Asia y Oceanía de Cancillería y el gobierno rápidamente activó el comercio de granos. 

“Al embajador lo censantearon, y uno o dos años después, la embajada fue cerrada en el marco de una política exterior muy ideológica del gobierno militar argentino que no miraba con simpatía a los países no alineados”, cuenta ahora el embajador. “Tenían una visión anti-no-alineados, anti países en desarrollo, Bangladesh estaba en esa categoría, se había independizado gracias a India, en gran medida con respaldo de la Unión Soviética. Evidentemente, no era un lugar. La decisión tuvo distintos componentes, el ideológico y también, es cierto, que era un lugar devastado primero por el imperio británico que en toda esta región hizo un saqueo monstruoso con violaciones masivas a los derechos humanos, hambrunas, murieron más de 30 millones de personas, una represión muy brutal y masiva. La guerra civil posterior y la independencia, ante la dictadura de pakistaní que fue terriblemente violenta, terminó con Bangladesh como país devastado”.



Gobbi sostuvo en cada entrevista que a la luz de la historia posterior de aquel país, Argentina hizo mal en cerrar las puertas. En aquellos años, padecía hambre entre el 60 y 70 por ciento de la gente; escribía y leía apenas 15 por ciento. Hoy, cada bengalí es cinco veces más pobre que un argentino; misma proporción de India, con obvias grandes diferencias entre regiones y niveles sociales y un ingreso per cápita de unos 2 mil dólares al año cuando en Argentina es de 10 mil y Estados Unidos de entre 50 y 60 mil. Pero ese extremo es mejor que años atrás, y esconde una tasa de crecimiento acelerada, según algunos, que le permite duplicar el ingreso per cápita cada diez años. Industria textil, manofactura y remesas, son las llaves, parte de lo que los cronistas que recorren las calles bengalíes estos días van retratando. Fábricas con pagos de pobreza donde se hace la ropa de las grandes marcas del mundo, Nike, Adidas o donde las mujeres dicen orgullosas que también fabrican las remeras de la selección argentina. Gran parte de sus trabajadores migrantes son buscados en los países del Golfo musulmán, rico y petrolero. Muchos llegaron hace varios meses a Qatar donde andan vestidos de argentinos mezclados en las calles a pura fiesta esperando la batalla final.