Desde Berlín

Desde La historia oficial hasta Argentina, 1985 -pasando por Los Rubios, de Albertina Carri, M, de Nicolás Prividera y Responsabilidad empresarial, de Jonathan Perel- son innumerables las películas de ficción o documentales que el cine argentino le ha dedicado a la última dictadura cívico-militar. Todas estas películas vuelven a cobrar actualidad y a re-significarse con la aparición de El juicio, de Ulises de la Orden, que el Forum de la Berlinale presenta este domingo en estreno mundial, a cuarenta años de la recuperación democrática en el país. Hasta ahora, quizás ninguna película sobre la dictadura cívico-militar argentina fue tan concreta, tan precisa y a la vez tan abarcadora. Y la razón de esta especificidad de El juicio está en su propia naturaleza.

El juicio trabaja única y exclusivamente con los registros que entre el 22 de abril y el 9 de diciembre de 1985 hizo el canal estatal de televisión, llamado entonces Argentina Televisora Color (ATC), del proceso judicial conocido como Juicio a las Juntas Militares. Allí se juzgó a nueve altos jefes militares como responsables por las más graves violaciones a los derechos humanos. Fue un juicio ejemplar, sin antecedentes en América latina, basado en el análisis de 709 casos, que terminó con condenas firmes para cinco de los nueve imputados (entre ellas dos a reclusión perpetua) y que resultó un hecho fundante de la nueva democracia argentina.

El mérito del director Ulises de la Orden –que comenzó con este proyecto hace una década- y de su montajista Alberto Ponce es doble. En primer lugar, lograron reconstruir ese juicio histórico a partir de un material en bruto que suma 530 horas de registro en casetes U-Matic y VHS, meticulosamente restaurados para la película (ver nota aparte). Pero su logro mayor es el de haber construido un auténtico relato cinematográfico capaz de dar cuenta cabal -en su infinidad de matices- de todo lo que había en juego en ese proceso sin precedentes y que sin embargo nunca tuvo la difusión que hubiera sido necesaria, salvo fragmentariamente. De hecho, durante el juicio mismo, cuando el orden democrático constitucional todavía era frágil y las amenazas anónimas eran moneda frecuente, el canal estatal difundía en sus noticieros un resumen diario de apenas tres minutos de imágenes sin audio. Sólo la lectura de la sentencia fue transmitida de manera completa con imagen y sonido.

Como es bien sabido, la película de ficción Argentina, 1985, dirigida por Santiago Mitre y protagonizada por Ricardo Darín, también da cuenta de este mismo juicio y ayudó enormemente a revalorizar su importancia entre las nuevas generaciones de argentinos. Utilizando la matriz narrativa del cine de Hollywood, el film de Mitre elige un héroe (el fiscal Julio César Strassera, interpretado por Darín) y en el marco de un clásico “courtroom drama” construye su épica, que es la de un hombre común enfrentado a una circunstancia extraordinaria.

El documental El juicio, en cambio, está concebido como una obra coral, en la cual el fiscal Strassera y su ayudante Luis Moreno Ocampo tienen una voz importante, pero que no es la única. Son muchos los actores que intervienen en este proceso, desde los sobrevivientes convertidos en testigos hasta los acusados, pasando por sus abogados defensores y los jueces mismos, además de los familiares de las víctimas y las Madres de Plaza de Mayo, presentes en las graderías de la sala.

Si hubiera que buscar antecedentes para el film de Ulises de la Orden (su décimo largometraje) no parece lo mejor pensar en el cine de Sergei Loznitsa. Su extraordinaria película Process (2018), sobre los primeros juicios de Moscú, está dirigida a denunciar la manipulación estalinista antes que a dar cuenta de las singularidades de un juicio en particular, como es el caso del film argentino. Otros paralelismos más pertinentes pueden encontrarse en el film brasileño O Processo (Berlinale 2018), de María Augusta Ramos, sobre la destitución irregular de la presidenta Dilma Roussef, y más aún todavía en The Specialist (Berlinale 1999), de Eyal Sivan, sobre el juicio en Israel a Adolf Eichmann.

El film de Sivan, como el de Ulises de la Orden, también está elaborado a partir de un único registro televisual de cientos de horas y tiene también una multiplicidad de actores en un solo escenario, el tribunal: el fiscal, el abogado defensor, los jueces y por supuesto el acusado. Pero en El juicio, no hay un único acusado, sino nueve, y aunque varios de ellos (o sus abogados en su nombre) también se victimizan como lo hizo Eichmann, no es el caso de Jorge Rafael Videla y Emilio Eduardo Massera, los principales imputados, finalmente condenados a reclusión perpetua, quienes reivindicaron sus hechos y murieron presos (Videla en 2013 en su celda, Massera en 2010 en el Hospital Naval).

El juicio expone de manera explícita el modo en que ambos despreciaban no sólo el proceso judicial que atravesaban (y que ellos les negaron a sus víctimas) sino también las vidas mismas de quienes fueron secuestrados, torturados y asesinados sistemáticamente. Las risas cómplices, burlonas, cuando entran al tribunal y que en su momento captó algún camarógrafo anónimo de la televisión pública son recuperadas ahora por el director y su montajista y adquieren todo su siniestro sentido. El juicio encuentra y elige una y otra vez estos pequeños momentos reveladores a pesar de que las cámaras de TV estuvieron ubicadas siempre de espaldas a los acusados y las víctimas, presumiblemente para preservar su intimidad durante el proceso y privilegiar el mero registro por sobre la idea de espectáculo.

En su libro Elogio de la desobediencia: a propósito de un "especialista": Adolf Eichmann, Eyal Sivan advierte que “todo encuadre es ya una elección, y por lo tanto un acto de censura” (…). “Elegir es ante todo eliminar”, enfatiza, mientras señala que para hacer su film necesitó estructurarlo en una docena de lo que él mismo llama “cuadros”. Por caminos distintos, porque los materiales de origen obviamente difieren, Ulises de la Orden llegó a la misma conclusión y organizó las tres horas que dura su film El juicio en 18 capítulos, cada uno con su respectivo título. En su texto, Sivan explica que la construcción y sucesión de sus cuadros “apuntaban, por un lado, a darles una personalidad propia en el ambiente y en el ritmo de la acción, y por otro, a recrear, mediante el artificio del montaje, el tiempo imaginario del proceso”.

El juicio

Eso mismo hizo también el director argentino: “El primer corte de El juicio duraba ocho horas, y ya en ese momento teníamos mucho material que nos resultaba difícil sacar; es como si cada minuto que sacábamos equivalía a dejar de contar algo”, explicó Ulises de la Orden al crítico Diego Brodersen en el suplemento Radar. “La otra dificultad estaba ligada a la idea de que no queríamos que la película fuera una sucesión de casos, sino un relato dividido en capítulos, donde cada uno de ellos abordara un tema puntual. Ese fue el norte y así llegamos a esta versión final de tres horas”.

Esa exhaustividad de El juicio es otro de sus grandes logros, porque casi no hay hechos relacionados con la dictadura y su modus operandi que queden afuera del film. Desde la desaparición forzada de las víctimas y el saqueo de sus pertenencias hasta los llamados “vuelos de la muerte” pasando por el trabajo esclavo, la tortura de niños y mujeres embarazadas y el robo de bebés, todo un catálogo del infierno sobre la Tierra desfila en los testimonios de El juicio. Entre ellos está también la connivencia de la Iglesia y la interesada complicidad civil, un tema que abordó específicamente el documental Responsabilidad empresarial, de Jonathan Perel, exhibido en el Forum 2020.

El film de Perel –también organizado en capítulos, que llevan los nombres y logos de las empresas: Ford, Fiat, Mercedes Benz, Alpargatas, Molinos Río de la Plata, Acindar, Loma Negra, entre las más rutilantes- operaba por acumulación. En su reiteración de casos, uno detrás de otro, Responsabilidad empresarial desnudaba un procedimiento sistemático y común a todas estas compañías, que tuvieron un rol protagónico en el funcionamiento y perpetuación de la dictadura.

A su modo, El juicio también hace de la acumulación de testimonios un procedimiento narrativo que va construyendo sentido y exponiendo la tremenda dimensión criminal de los hechos. Que ahora Ulises de la Orden haya recuperado además momentos perdidos, tiempos muertos para la lógica televisiva –Videla leyendo en plena audiencia “Las siete palabras de Cristo” antes de su condena, un histriónico abogado defensor hojeando distraídamente un periódico en señal de desprecio- confirma que aún los materiales más crudos son pasibles de un tratamiento cinematográfico que les dé una nueva elocuencia a hechos fundamentales del pasado.

La recuperación de los registros
por Ulises de la Orden

Las 90 jornadas que duró el juicio fueron enteramente registradas por el canal público de televisión, en aquel entonces ATC, a dos cámaras en cassetes U-matic. El registro original se encuentra en su totalidad digitalizado, gracias a los esfuerzos del equipo de trabajo de Memoria Abierta (www.memoriaabierta.org), organización que custodia los originales y cuya participación es clave para la producción de esta película.

La búsqueda y obtención del acceso al archivo del juicio, esas 530 horas, se inició en 2013. Soñando con hacer una película que narre lo que allí aconteció, que a la vez cuenta la historia del horror argentino y su proceso de justicia.

No fue fácil dar con el material. En el canal público de televisión, que fue el encargado del registro, me negaron todo tipo de colaboración por temores a castigos políticos. En el AGN (Archivo General de la Nación Argentina) que tiene el material en custodia, me sugirieron que para evitar inconvenientes buscara el material en la Universidad de Salamanca (España) que también tiene copia del material en custodia. Parecía increíble. Más de tres décadas después del juicio, todavía generaba temores y reparos en pequeños funcionarios incapaces de tomar una decisión y correr con los riesgos.

En 2019, luego de mucho caminar, supe, a través de mis amigos de la Fundación Luisa Hairebedian (http://verdadyjusticia.org.ar/) que el material de archivo, las 530 horas digitalizadas, están en custodia de Memoria Abierta (http://memoriaabierta.org.ar/). Nos encontramos con el equipo de Memoria Abierta, llegamos a acordar los lineamientos para poder trabajar en conjunto y entonces sí, estuvimos listos para empezar a visualizar el archivo.

La etapa de visualización, descripción y acondicionamiento del archivo para su uso en la película duró 9 meses y fue realizada por Alberto Ponce (editor), Gisela Peláez (asistente de dirección y directora de producción) y yo. El material que fuimos recorriendo tenía algunos faltantes importantes y algunas cintas muy deterioradas por el tiempo. Por este motivo nos aventuramos a tratar de dar con la mítica copia en VHS alojada en el Parlamento Noruego. La historia de esa copia merece un relato aparte, pero para sintetizar, en 1988 por el temor que despertaron los distintos alzamientos militares posteriores al juicio, los jueces decidieron hacer una copia en casetes VHS hogareños y sacarla del país. De todas las instituciones consultadas fue la International Penal and Penitentiary Foundation, con sede en Dinamarca, quien ofició de nexo con el Parlamento Noruego, en cuyo archivo descansan actualmente los VHS. Con paciencia y perseverancia logramos entrar en contacto con las autoridades de ese archivo y gestionar en envío de una copia digital. Allí encontramos muchos fragmentos que no están disponibles en la copia original en Argentina. La película utiliza fragmentos de ambas copias.

El profundo trabajo de análisis realizado sobre ambos archivos también puso en evidencia la necesidad de una nueva digitalización, tanto del archivo U-matic como del VHS en Noruega. En conjunto con Memoria Abierta desarrollamos un proyecto, actualmente en marcha, que coordina esfuerzos entre la Cámara Federal en Argentina, el Parlamento y la Biblioteca Nacional Noruega, con el apoyo económico de la Ford Foundation, para la digitalización y unificación de una copia máster del archivo del Juicio a las Juntas en 4K, con los estándares actuales de procesamiento, y que estará disponible al público a través de Memoria Abierta.