“El cine no puede evitar nutrirse directamente de aspectos de la realidad y conformar con ellos una obra que, por fuerza, tiene que tener una significación y una incidencia en la realidad misma”. Estas palabras del cineasta habanero Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996) expresan de manera tan sintética como contundente el ideario del ciclo denominado Clásicos restaurados del cine cubano, que se llevará a cabo en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín desde este martes hasta el 18 de mayo inclusive.

La muestra –realizada gracias a la colaboración de la Cinemateca de Cuba, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos y la Embajada de Cuba en Argentina- está integrada por ocho largometrajes en copias restauradas y enviadas especialmente desde La Habana, e incluye títulos indispensables del cine realizado en la isla durante los años 60 y 70, entre ellos cinco films dirigidos por el propio Gutiérrez Alea y las esenciales Lucía, de Humberto Solás, y De cierta manera, de Sara Gómez.

Como no podía ser de otra manera, el ciclo se inicia con ese hito del cine cubano que fue –y sigue siendo- Memorias del subdesarrollo (1968), de Tomás Gutiérrez Alea, quien recordaba así las circunstancias del estreno en la isla de la película: “1968, el año en que fue estrenada Memorias del subdesarrollo, es uno de los momentos climáticos de la efervescencia política antiburguesa desencadenada por la Revolución y, sin embargo, todas las reflexiones que hace el film tienen como punto de partida y como nutriente intelectual la experiencia de un pequeñoburgués. He ahí la causa de que inicialmente el film despertara tan enconadas críticas en los sectores populares del gobierno cubano, e incluso en otros menos ortodoxos que la distinguieron como un peligro para la pureza ideológica del proceso de cambios que debía operarse en Cuba”.

El miércoles 10 la muestra continúa con De cierta manera (1977), de la realizadora afrocubana Sara Gómez, que en 1961 se convirtió en la primera mujer en ingresar en el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), creado por el gobierno tras la revolución para fomentar el cine político y una cultura cinematográfica autóctona. La película hace centro en Yolanda, nueva maestra del barrio Miraflores, que afronta las diferencias y conflictos que surgen en su relación amorosa con Mario, en la que se manifiesta el choque entre la antigua mentalidad machista y las nuevas actitudes revolucionarias. “Todavía nadie había hecho, hasta entonces, una película tan clara y consecuente como ésta”, escribió Peter B. Schumann en su Historia del cine latinoamericano. “La única película cubana hecha por una mujer y sobre el tema de la mujer, resultó ser la gran obra maestra de los años setenta en este país. Sara Gómez no pudo volver a dar una prueba de su talento extraordinario: falleció mientras terminaba De cierta manera. Tomás Gutiérrez Alea y Julio García Espinosa, quienes la habían asesorado en la realización del film, tuvieron que terminar la película”.

El viernes 12 se verá Retrato de Teresa (1979), de Pastor Vega, con Daisy Granados. Una trabajadora de una usina textil acepta el cargo de secretaria cultural de la fábrica. Su esposo opina que esas tareas le restan tiempo para las ocupaciones hogareñas y la acusa de negligente, pero ella reacciona en defensa de su emancipación. “Es sintomático para el desarrollo cinematográfico cubano –escribió Peter B. Schumann- que haya sido precisamente esta película la que provocara polémicas que no surgieron en torno a De cierta manera algunos años antes, a pesar de que el film de Sara Gómez contenía una carga emancipadora mucho más explosiva que Retrato de Teresa”.

El domingo 14 va Lucía (1968), de Humberto Solás, que presenta el proceso político de emancipación nacional expresado simbólicamente en la emancipación de tres mujeres cubanas.

De Tomás Gutiérrez Alea también se verán otros títulos fundamentales, como La muerte de un burócrata (1966) y su tríptico histórico-metafórico integrado por Una pelea cubana contra los demonios (1971), La última cena (1976) y Los sobrevivientes (1978) donde "anécdotas encontradas en ensayos históricos sirven de punto de partida al cineasta para crear dramas que obligan a volver la vista sobre lecciones no aprendidas de la historia", según el crítico cubano José Antonio Évora.