Benny Green no para. De un lado a otro de Estados Unidos viaja a tocar en vivo, a dar clínicas de piano, a acompañar a otros músicos. Es difícil que aquel joven que deslumbró a Art Blakey en los Jazz Messengers haga una pausa para charlar sobre su oficio. Prefiere, como buen jazzista, que la música hable por él. Y vaya que habla. Acaba de lanzar su disco número 22, Solo, un mes después de cumplir 60 años. Un trabajo que comprende dos temas originales de Green y cortes seleccionados de Thelonious Monk, Oscar Peterson, Tommy Flanagan, Barry Harris, Horace Silver, Bobby Timmons, McCoy Tyner, Cedar Walton y James Williams. Nada menos que sus mentores en uno de los pocos instrumentos que, al sonar en soledad, es capaz de brillar casi como una orquesta tanto por sus matices expresivos como sus variaciones rítmicas.

El asombro en el cuerpo. Soy todo yo, ha dicho Benny en una entrevista reciente, tocando las teclas y sintiendo la vibración física que regresa a través de la madera. “El tiempo de Green es firme como una roca. Su actitud reflexiva, inquisitiva, centrada en la melodía y emocionalmente transparente”, escribió el crítico Ted Panken en la revista Downbeat. En el disco hay perlas como la trepidante “Soulful Mr. Timmons”, el juguetón “Jackie McLean” y una versión exquisita de balada introspectiva de “Ruby My Dear”. Benny llega por primera vez a Argentina para presentarse a solas con el piano y dar gala de su dominio solitario, reposado: dos noches consecutivas en Bebop Club. Un lujo para cualquier melómano: la carrera de Green, quien tocó con popes del jazz como Art Blakey, Oscar Peterson y Freddie Hubbard, y talentosos músicos de la última escena, como Christian McBride, Carl Allen y Cécile McLorin Salvant, sintetiza una mirada contemporánea y refrescante sobre el american songbook bajo un sonido tan clásico como moderno, tan impresionista como ligado al post bop.

“Para ser honesto, estuve en Argentina a fines de los ’80, acompañando a Betty Carter. ¡Era bastante más joven! Pero esta es mi primera vez como líder y por eso estoy muy entusiasmado. El tango es la referencia más importante que tengo de Argentina, de hecho me gustaría escuchar algún concierto en vivo. Es una música que ha dado la vuelta al mundo”, dice Benny desde Estados Unidos, amablemente, en uno de sus escasos parates fuera de su atención en el piano. Dice que la pasa muy bien con el instrumento, que en sus últimos años sintió una conexión especial como cuando era niño, a los siete años, y empezó con la guía de su padre saxofonista.

“Cuando comenzó la pandemia vi la oportunidad de enfocarme a estudiar y preparar música para tocar solo, buscar el repertorio que más me gusta tocar, encontrar mis versiones. Sigo preparando los conciertos con esa idea”, adelanta el pianista, que en Argentina tocará con el trompetista Mariano Loiácono como único invitado. Es un momento de la carrera donde desea “profundizar” su contenido. Reconoce que pasó por “altos y bajos” –por decir, estuvo un tiempo sin grabar cuando se dio cuenta que no quería complacer más el aplauso de la audiencia siendo el niño mimado de una corporación discográfica–. En el repaso retrospectivo, fue el llamado de Art Blakey el que cambió su vida. “Yo era un fan de los Messengers, los había escuchado en vivo en el Keystone Korner de San Francisco, así que imaginate. Fueron años repletos de aprendizaje y de experiencias. Tengo grandes recuerdos de las giras, Javon Jackson, Robin Eubanks, grandes amigos hoy, todos tenemos la marca de los Messengers”.

Hace poco, curiosamente, Benny publicó en las redes un sentido posteo sobre las enseñanzas de su maestro. “Si no te escucho cometer ningún error, voy a sentir que no lo estás intentando realmente”, le dijo a Benny cuando se unió a los Messengers, una de las verdaderas escuelas del jazz norteamericano, incluso tanto como sus años de formación en Berkeley, California. “Hoy, al reconciliar mi vida, y los errores que he cometido que no pueden ser revocados, me gusta considerar el estímulo de Art Blakey”, piensa ahora Benny. “Él estaba para recordarnos que cada vez que ponemos un pie en la música, Dios nos está dando la oportunidad de limpiar el desastre que hicimos la última vez”.

No es el único al que homenajeó en público. Antes que hablar de pianistas destacados de las últimas décadas, Benny siente una enorme deuda con la tradición. Y una gratitud con aquellos pianistas que tal vez fueron eclipsados por los grandes nombres, como el caso de Barry Harris, fallecido en 2021. Escribió sobre él: “Barry es la encarnación de la nobleza. Sirve el amor a través de la música con honor por un lenguaje que heredó de sus creadores. En medio de tiempos siempre cambiantes, Barry nunca recurrió a nada para sentirse como él mismo. Sabe que la música que ama es lo más grande en la Tierra para él y está en una misión eterna para recordar al mundo algo bueno y duradero. Los maestros siempre permanecen humildes ante sus héroes a lo largo de sus vidas”.

A Benny no le gusta que lo denominen como uno de los mejores músicos de jazz. Dice que sigue buscando en las raíces, en los secretos de sus grandes maestros. Los nombra: Earl Hines, Walter Bishop, Walter Davis Jr, Hank Jones, Monk y Kenny Barron, “con quien tuve la suerte de tocar hace poco unos conciertos a dos pianos, fue una locura”. Es imposible, asume, citar los discos que más lo conmovieron. Hasta hoy, escucha hasta el hartazgo: otra de sus lecciones predilectas. No comparte la posición de quienes no oyen a otros para no dejarse influenciar. “Me identifico como un nerd de la escucha. He escuchado tanto que lo único que puedo decir es que mientras más música uno escucha más aprende”, suelta, y se reconoce amante de la cultura afroamericana.

Por fuera de cualquier tendencia, hábil intérprete y notable sembrador de los frutos del gran árbol jazzístico, Benny Green se identifica con el bebop y el post-bop, o sus variantes de nombres, neo-bop, hard-bop. “Pero me gusta escuchar todas las vertientes que el jazz ha dado y absorber música de diferentes lugares”, concluye. “Cecil Taylor solía ir a escuchar a los pianistas de Bebop a los clubes… ¡y después era Cecil Taylor! La música está en constante movimiento y uno no puede encerrarse en un casillero. Voy siguiendo mi instinto para llevar la música hacia donde siento, y ahí van mis experiencias, mis años de tocar, la música que escucho, las horas de estudio. Hoy, cuando toco el piano, se siente vasto, como el océano, la tierra y el cielo unidos”.


Benny Green toca el jueves y viernes, a las 20 y 22.45, en Bebop, Uriarte 1658.