Este viernes 1 de septiembre se cumple un año del intento de magnicidio de la actual vicepresidenta y dos veces presidenta de la Nación. Cristina Fernández de Kirchner. Y por si fuera necesario agregarlo: la persona en torno a la cual ha girado la política argentina en la, al menos, última década y media. Lo que sigue es un intento de describir la experiencia vivida en ese anochecer que podría haber sumido en las sombras a nuestro país hasta infinitos confines. De hecho, más de una vez me he encontrado considerando que todavía no se extrajeron las conclusiones, no tanto de qué hubiera pasado si..., sino, antes bien: ¿cómo fue posible que llegáramos a semejante instancia (borde del abismo, léase) tras cuarenta años de democracia?

Quizás el reciente triunfo en las Paso de un candidato fascista, misógino y negacionista brinda una pista sobre la urgencia que nuestra democracia atraviesa desde ya hace un tiempo y que el pasado 1 de septiembre se hizo manifiesto con ese atroz intento. Como muestra de los tiempos lógicos[1] que una persona requiere para asimilar un estímulo de semejante magnitud (instante de ver, tiempo de comprender y momento de concluir) , aquí van algunas líneas sobre aquella experiencia.

Instante de ver

Estar sentado a los pies de la cama después de un día de trabajo. Poner la tele, cruzar algunas palabras con tu pareja. Sonreír al ver una vez más el apoyo a Cristina en la puerta de su casa. ¡Ya llega! Disfrutar esa muestra de amor, verla bajar del auto, su encuentro con la gente. Los libros que le acercan para que estampe su firma. ¿Cómo te llamás? El gesto de asentimiento y allí la vice, dos veces presi, que estampa su dedicatoria.

De pronto, instante de ver: un forcejeo, el primero que advertimos luego de cinco noches presenciales y otras tantas por tele. Se armó quilombo, algo feo está pasando. 

--Un hombre con un arma, dice el cronista. ¿Será un cuchillo? piensa uno que no quiere, no puede, rechaza lo que ya estaba de alguna manera anunciado. El cronista insiste -- un hombre con un arma. Habrá sido una confusión, decimos. Cristina sigue, termina su ronda, se despide de pie apoyada en el auto e ingresa a su casa. El cronista dice: intentaron dispararle. Estoy en mi casa. Cristina está viva. Cristina está en su casa. Pero la tele insiste: intentaron dispararle. Y entonces: la imagen. Esa imagen. La pistola a diez centímetros de su rostro, se escucha el clac del gatillo. Instante de ver. Un tipo con un arma quiso matar a Cristina. Estoy en mi casa. Cristina está viva. Está en su casa. Pero ya nada será igual en este país. Me acuesto, me paro, camino, veo la tele. El revólver se me incrusta en el cerebro. No lo puedo creer. No puedo, no quiero darme cuenta. Cristina podría estar muerta. Ay de este país. Ay de mi familia. De mi hijo, de nuestros hijos ¿Es cierto esto? ¿Es real?

Tiempo para comprender

Un tipo puso una pistola a diez centímetros del rostro de Cristina. Una pistola de verdad. Una pistola con cinco balas. Y el tipo gatilló a diez centímetros del rostro de Cristina. Y el tiro no salió. ¿Es que algo, alguien, no sé qué... se apiadó de nosotros? ¿Tenemos cabal idea de las consecuencias de asesinar a Cristina? Se escucha la palabra magnicidio. Intento de magnicidio. Se escucha: “el peor episodio desde el retorno de la democracia”. Habían avisado. Hace varios años que están avisando.

Sin ir más lejos, en marzo del año pasado cuando la Honorable Cámara de Diputados se aprestaba a debatir el acuerdo que el Poder Ejecutivo convino con el Fondo Monetario Internacional por la ominosa deuda contraída durante el desgobierno de Mauricio Macri, un grupo de personas atacó a piedrazos el despacho de la vicepresidenta de la Nación mientras ella se encontraba en ese espacio acompañada de su hijo Máximo Kirchner, la senadora Anabel Fernández Sagasti y el senador Oscar Parrilli. El audio del video que CFK publicó horas después del atentado no podría ser más explícito respecto de las motivaciones para matar a Cristina: “Paradójicamente fue mi despacho el que atacaron. El despacho de quien hizo frente a los fondos buitre, quien mantuvo fuera del país al FMI, cumpliendo el legado de mi compañero Néstor Kirchner, y que además construyó con su decisión el Frente de Todos, que permitió derrotar a Mauricio Macri”; para luego coronar el párrafo con una duda retórica que lo dice todo: “Paradójicamente o intencionalmente”.

Por cierto, un segundo video que deja al descubierto la escandalosa demora de la intervención policial (veinte minutos) y las manchas de pintura roja en el marco de la ventana, dispuestas para facilitar el destino de las pedradas, ya no requieren retórica alguna. Es la misma policía que 27 de agosto de 2022 cargaba balas de plomo durante la represión contra el pueblo a metros de la casa de la vice.

Los días anteriores al atentado anunciaban la violencia en ciernes. Primero: el trasnochado e infame alegato del fiscal Luciani. Luego: “Pena de muerte para Cristina”, dijo un diputado de la oposición, “son ellos o nosotros” agregó otro, empeñado en ver quién es más desquiciado y brutal. Después las vallas y la represión. “Cagalos a palos”, le instaba Patricia Bullrich a Larreta. Odio virulento, incitación a la violencia, difamaciones y mentiras que los medios de comunicación se encargaban de ampliar para crear un sentido común demencial. Y luego: el intento de magnicidio de la vicepresidenta de la Nación. A Cristina le gatillaron un arma cargada con cinco balas a centímetros del rostro. 

En un fallo que quedará en los anales de la infamia judicial, en diciembre de 2022el TOF 2 dictaba la sentencia por la cual CFK resultaba condenada a seis años de prisión e inhabilitación de por vida para ocupar cargos públicos. Como es de público y notorio conocimiento, el juicio fue una completa farsa de principio a fin. Cada una de las acusaciones fue demolida por los abogados de la defensa que, a su vez, probaron de manera contundente las mentiras expuestas por los fiscales en sus alegatos. Hasta los propios testigos aportados por la acusación desmintieron los cargos.

Momento de conclusión

Tal como más arriba sugería, quizás el primer lugar obtenido en las Paso por Javier Milei nos permite llegar al Momento de conclusión respecto del intento de magnicidio. La desmesura, violencia y desvarío del candidato de LLA no es más que la barbarie de JXC a cielo abierto. Muchas veces hemos cantado “Si la tocan a Cristina qué quilombo se va a armar”. Bien, ya es tiempo de despertar entonces. Nuestro quilombo no es el odio, ni la violencia, ni las mentiras. Sino el acercamiento al prójimo; la palabra; los argumentos; la ayuda; la escucha y la convicción. El quilombo (para el Poder) es una nación más justa. Esa firmeza que, no por serena, es menos efectiva y operativa a la hora de poner el cuerpo --aunque sea con el celu en la mano-- para que el 22 de octubre la democracia tenga razones para sonreír y saber que este país todavía guarda un lugar para que nuestros hijos e hijas vivan con dignidad y felicidad en la Patria que los vio nacer.

Sergio Zabalza es psicoanalista. Doctor en Psicología por la Universidad de Buenos Aires.

 

 

[1] Jacques Lacan ( 1945) , “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada”, en Escritos 1, Buenos Aires, Siglo XXI, 1988.