La escena es tan real que tenemos la sensación de estar en el aula de una universidad pública. Ella nos mira y se dirige a nosotrxs como si fuéramos sus alumnxs y ese rol que nos adjudica va a ser un elemento fundamental para que el conflicto se desarrolle. Sabemos que una clase tiene mucho de teatral y este dato es la esencia misma de Pundonor pero lo que desconcierta es que Claudia Pérez Espinoza comienza hablando de Michel Foucault, entonces suponemos que la teoría va a ocuparlo todo, que va a ganarle al teatro y que, tal vez, la obra encuentre en esa exposición una forma perfomática.

Pero quien está al mando de esta obra desde la actuación, la escritura y la dirección es Andrea Garrote, una persona que inició su trabajo en la escena de Buenos Aires en los años noventa como una de las integrantes de la llamada Nueva dramaturgia, un rótulo que sirvió para definir a una generación que buscó impregnar de teatralidad una textualidad que recuperaba la palabra como una zona alejada del realismo. Un campo de posibilidades estéticas e imaginativas donde la acción no siempre se correspondía con el fluir de imágenes y artificios del lenguaje. 

En ese marco, Andrea produjo una escritura que enmarcada en un aparente formato realista, se hacía cargo de las transformaciones simbólicas y retóricas de la época mientras proponía una actuación avasallante, con una profundidad y una impronta alocada que no le escapaba ni a la identificación ni a la comedia.

Lo que hace Andrea Garrote en Pundonor es unir el pensamiento con la materialidad de la escena para contar un drama íntimo, un dolor que deviene en episodio confusional y que, por esa razón, se ha hecho público. Lo que se actualiza todo el tiempo en Pundonor (una obra que Garrote estrenó en el 2018 en el Cultural San Martín y que no para de inaugurar cada año una nueva temporada en las salas de Buenos Aires y de España) es ese lugar de la tecnología que se manifiesta como un mecanismo de control, un dispositivo político que permite instrumentalizar en escena la teoría de Foucault para que esta información no quede en un nivel discursivo sino que se convierta en parte de la estructura de este monólogo.

Andrea Garrote interpreta a Claudia Pérez Espinosa: una profesora universitaria, Doctora en Sociología, que vuelve al aula después de tomarse unos meses de licencia.

Todo es político

“En su libro La promesa de la política, Hannah Arendt nos enseñaba a volver a pensar la política como una forma de vivir entre nosotros y ahí entendés que todo es político. Las redes sociales y la viralización como mecanismo punitivo y de control es una situación política”, explica Garrote, todavía sorprendida por el recorrido que ha hecho Pundonor. “Era una obra para una sala chiquita porque nadie iba a venir a ver una clase de Foucault, esto no le va a interesar a nadie, pensaba. Me parece absurdo estar en el sexto año de funciones”, dice a LAS12

Si Michel Foucault cambió nuestra manera de ver el mundo cuando desarrolló la idea de un poder productivo que se manifiesta en red y que puede ser ejercido por distintas personas en situaciones concretas, lxs alumnxs de Claudia Pérez Espinoza son una prueba contundente de esta teoría. Con sus teléfonos celulares la grabaron en una clase donde la profesora tuvo un percance del orden del olvido que conviene no revelar. Ese día lxs jóvenes estudiantes la convirtieron en una especie de paria, una excluida del sistema durante un tiempo. 

Esta clase que ocupa la trama completa de la obra, marca el regreso de Claudia al aula y su oportunidad de defenderse, de reconstruir esa vida que tenía antes de quedar ensombrecida, cuando le arrebataron su pudor. “El celular genera esta posibilidad de registrar lo que decís y sacarlo de contexto”, interviene Andrea: “Son códigos de una generación nueva, por eso Claudia dice: Brindemos por los obsoletos, nos auto declaramos obsoletos porque somos de otra generación, no entendemos bien los códigos y por esa razón estamos más frágiles”.

De hecho que ella quiera dar explicaciones, argumentar y esto resulta un poco inútil porque sus alumnxs no necesitan de la argumentación, ellxs recurren a la explicitación de la imagen...

--¿Por qué quiere abrir su corazón? Porque ella es una persona optimista. Es lo que me pasa a mí, más allá de que puedo ver que el mundo que se viene es apocalíptico, siento que hay que mantener, en lo inmediato, cierto optimismo. La vida sigue, entonces ella, que ya pasó por su etapa de depresión, no se deja vencer.


La fragilidad de las almas

Si bien nosotrxs como espectadorxs ocupamos el lugar de lxs alumnxs tenemos una diferencia fundamental con ellxs: no sabemos qué es lo que pasó cuando comienza la obra. Claudia se refiere todo el tiempo al episodio que provocó el conflicto pero como nosotrxs lo desconocemos, nuestro interés por saber es el que mantiene la intriga y construye el presente escénico. “La teatralidad se acrecienta con los equívocos, con los errores, con algo que quiero aclarar y no puedo. Si está todo claro es menos teatral” reflexiona Andrea. 

“En España lo presentamos con profesores de la Universidad Complutense que hacen un Festival de Foucault y las artes. Yo, por supuesto, trataba de aclarar que no sé más de Foucault que lo que puse en la obra y uno de ellos me hablaba del concepto de la heterotopía. Es un concepto que Foucault toma para referirse a la posibilidad de que un espacio sea dos espacios a la vez. Este profesor decía que entró a un teatro y sintió que estaba en un aula y de pronto se acordó que estaba en un teatro y creo que la idea del aula se da, no por la representación escenográfica sino porque el público se siente tratado como un alumno. De hecho pasa que a veces se ponen a tomar apuntes”.

Claudia defiende la presencia frente a la virtualidad y de este modo Pundonor adquiere una estructura duelista. Sus alumnxs, por el contrario, no hablan. No solo porque la materialidad de la escena se asienta en un monólogo, si este episodio fuera real ellxs tampoco recurrirán a la palabra porque su enunciación se expresa en la evidencia de la reproducción de la imagen.

“Cuando trabajaba en los ensayos era determinante la voz. Cuando encontraste una voz ese ritmo te lleva. Es un modo sensible, de pensamiento y de asociación”, dice. Claudia resiste desde un comportamiento afectivo que es la sustancia del trabajo pedagógico y sus alumnxs están atentxs por capturar el espectáculo que sus trastornos emocionales pueden suscitar en cualquier momento. “Hay cosas que sé ahora, porque una no sabe cómo va a ser el material”. Y en Andrea los comentarios sobre este trabajo devienen en un recorrido por su biografía, en el descubrimiento de algunas situaciones que la llevan a dialogar y a diferenciarse del personaje de Claudia. “Yo dejé la carrera de Letras porque decía quiero hacer teatro que es más divertido. Era muy joven y me sentía frustrada dentro de lo académico”. 

Y vuelve a las lecturas como ese arsenal que hizo posible la escritura de esta obra “El libro de Marshall Berman Todo lo sólido se desvanece en el aire tiene un prólogo (escrito por el autor) que me fascina más que el libro". Allí él critica a Foucault porque las ideas de Sartre, del intelectual militante, quedaron obsoletas con la aparición de los estructuralistas. Por eso Claudia dice: "Yo hubiera podido ser militante y no pude porque me pasé la vida dando clases sobre estos estructuralistas que nos dicen que estamos jodidos. Hubiera vivido una vida más divertida”. Andrea Garrote se refiere a esa noción foucaultiana que nos señala que el poder y la resistencia son lo mismo. Lo que equivale a sostener que cada conquista, que cada movimiento alternativo, siempre será capturado por el dispositivo de poder.

En esa actuación que se anuda con un procedimiento intelectual, ella también negocia brindando un poco de su intimidad a sus alumnxs, ofreciendo su drama como el remanente de un universo simbólico caduco. “El teatro es, por suerte, un espacio de enorme libertad, una está amparada con un personaje, pensado más lúdicamente para no trabajar con arquetipos. Un personaje, por más que te cause empatía, puede no coincidir en todo con vos. Hay muchas cosas del personaje de Claudia que me parecen re tontas, cosas que a ella le importan y a mi no me importarían. Hay escenas donde me río como actriz, más allá del personaje, me siento casi hermana de esa señora que no lo soy”.

Identificación y reflexión

Pundonor tiene un mecanismo que nos permite implicarnos pero, al mismo tiempo, podemos pensar en lo que ocurre. Es una obra que propicia tanto la identificación como la reflexión dentro del presente escénico. Andrea Garrote entiende que la historia requiere de la inmediatez del drama, de la peripecia, del desarrollo de una situación en el marco de un espacio donde ocurre el pensamiento, donde la filosofía se expresa auriculada con la anécdota. Entre sus lecturas que aparecen solapadas o manifiestas dentro de sus trabajos surge el nombre del filósofo francés Alain Badiou que es también dramaturgo y ha producido una serie de ensayos sobre teatro. 

Badiou tiene una bella frase donde asegura que “El teatro piensa”, también considera que es una de las pocas artes que puede generar comunidad. Andrea recuerda una charla que el filósofo francés dio en Buenos Aires cuando recién comenzaba este siglo, en el Centro Cultural Ricardo Rojas. Cuenta con entusiasmo que le propuso a su amigo Rafael Spregelburd (codirector de Pundonor) suspender la clase que daban juntos por esa época y llevar a sus alumnxs a escuchar como Badiou, en un gesto romántico y político aseguraba que era en el teatro donde las conductas humanas podían encarnar los temas filosóficos de su tiempo.

¿Cómo fue el proceso de escritura de esta obra? Te lo pregunto porque ocurren muchas cosas a la vez.

--Yo quería hacer un monólogo, empecé a leer para ver y a buscar materiales. Estaba fascinada con adaptar textos de Hebe Uhart pero había que ponerle el cuerpo. Entonces me di cuenta que lo tenía que escribir yo. Lo que necesitaba era encontrar un presente escénico, un riesgo, que algo se jugara ahí y eso tiene que ver con cómo una va dando la información. Yo tenía algunas imágenes como la de esa mujer bien vestida que se deja caer en la calle, solamente para llamar la atención y después se para y dice: Está todo bien. Necesitaba eso, una situación equívoca donde vos podes decir: Es una persona capaz, funcional pero le ocurre esta situación del orden de lo confusional. Claudia dice que delinquir y hacer uso arbitrario del poder está dentro de lo racional pero lo que a ella le sucedió está en otra categoría y eso es lo que la condena. Ella podría haber dado la clase de Foucault y no mencionar lo que pasó pero sería como ir a ver un amigo después que pasó algo terrible y no hablar del tema. No puede dar la clase si no se explica porque necesita crear ese lazo amoroso que tiene con el alumnado y creo que eso es lo que más emociona al final cuando ella dice: Yo los quiero. Es un espacio querido y eso a mí me pasa, yo siento que el espacio de mis clases, más allá que cambie la gente, tiene un aura.

Pundonor se presenta los martes a las 20 en el teatro Metropolitan Sura