Valerian y la ciudad de los mil planetas, de Luc Besson
El amor en los tiempos del CGI
Pese a lo fofo de su historia humana, la nueva del director de El Quinto Elemento tiene mérito por su crisol 3D de razas y su “austeridad” comparada con los tanques sci-fi.

El director francés Luc Besson se fanatizó por el cómic Valérian et Laureline cuando tenía diez años y masticó durante cinco décadas su idea de llevarlo a la pantalla grande, algo que acaba de logra con Valerian y la ciudad de los mil planetas, ahora en cartelera. Mientras tanto, el también guionista y productor construyó su firma con la creación de universos como los de El profesional, Lucy o El Quinto Elemento, y a través de esas obras pareció confesarse fanático de la ciencia ficción pochoclera.

“Me encantó el hecho (en el cómic de Valerian) de que exista una historia chica dentro de otra más grande. La pequeña se trata de un hombre y una mujer, y de si él conseguirá a la chica. Eso no es ciencia ficción, eso provoca quedarse mirando la tele y preguntarse si la va a conquistar o no”, ilustró Besson para explicar su empeño en describir universos complejos con narrativas simples. “Esto lo hace algo muy humano, ellos realmente se ven como nosotros. Pero alrededor de ellos hay miles de alienígenas, ellos viven en el siglo 28.”

A pesar de haberse ganado el amor del público, la crítica general destrozó la película por el mismo método que él defiende. La “pequeña historia” de Valerian nunca termina de definir la dinámica entre los personajes, al punto de que no se entiende por qué el personaje de Bubble (interpretado por Rihanna) comparte la cartelera con los protagonistas si sale a duras penas en 15 minutos de película.

La inconexa relación entre todos los integrantes del ecosistema se justifica con la idea de que el Mayor Valerian (Dane DeHaan) y la Sargento Laureline (Cara Delevigne) son impunes a las leyes, los rangos militares o el protocolo entre especies. Esta disonancia entre el funcionamiento del universo y el dúo principal es una falta grave que crea dos narrativas opuestas que no terminan ni de coexistir ni de ganarse el cariño del público.

Quienes sí se roban la pantalla son las razas alienígenas que se presentan a lo largo de dos horas de película, y que terminan mostrando más personalidad que todos los personajes humanos en conjunto. Gracias al diseño de la vida en Alpha, la ciudad de mil planetas, la experiencia de Valerian se convirtió en imprescindible para los amantes del género galáctico. Los diseños, la caracterización y el impecable 3D son el fin que justifica una historia olvidable.

“Más allá de lo que piensen de la película, porque son libres de odiarla y bienvenidos a amarla, me siento como si fuera un pequeño equipo de tercera división que llegó a la final”, se atajó Besson en su conferencia de prensa en Argentina. “Porque estoy enfrentándome a Marvel, DC Comics, los estudios gigantes norteamericanos –NdR: con su productora, Europa Corp–. Producir una película como Valerian en 3D, con 200 millones, no es fácil. No lo digo para sensibilizarlos, sino para que reconozcan este hecho. No es lo mismo ese viaje cuando jugás en tercera división.”

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