Celina Abud

Nos vemos

En Alguien con quien hablar, Celina Abud presenta tres nouvelles sutilmente enlazadas por la mirada de los otros y un sesgo autobiográfico.

Si realmente somos como los demás nos ven, entonces ¿qué quedará de uno en los otros cuando ya no sean parte de nuestra vida? Tal vez, íntima, secretamente, no buscamos nunca reencontrarnos con alguien sino recuperar algo de lo que fuimos o creíamos ser. Mucho de esto se desprende de ¿Hace cuánto que no nos vemos?, primera de las tres nouvelles que conforman Alguien con quien hablar de Celina Abud, donde por medio de un elaborado trabajo en la construcción de registros se narran, desde distintos personajes, momentos y  etapas en la vida de Florencia, una joven que pareciera no tener nada extraordinario más allá de su belleza pero de quien lentamente se irá develando su verdadero atractivo a partir de las miradas que tienen sobre ella una serie de hombres que pasaron por su vida. Y también una mujer, Virginia, su amiga con la cual tuvo una experiencia demasiado sutil como para ser significativa. “Vamos, arriba esos ánimos que esta no es la chica que yo besé aquella nochecita de verano hace tantos años, le dije a Florencia, y ella se rio por primera vez en toda la tarde.” Entre fiestas, bares y música, donde la seducción no resulta tanto un juego como un modo de escape, están las citas rememoradas por un hombre ligeramente despechado por la incomprensión, un encuentro con un amigo de la infancia donde el amor era sinónimo de inocencia, relaciones intensas pero breves con jóvenes  que no pueden abandonar la adolescencia y otros que ya han experimentado divorcios y paternidades sin haber cuestionado los cánones establecidos. 

Estos son apenas algunos de los temas que aborda Celina Abud para que se ponga en funcionamiento el juego de espejos, o dicho de otra manera: no hay modo de hablar sobre algo sin que al mismo te definas a vos mismo, en el sentido más amplio del término, tanto cultural como ideológicamente. Ahora el humor y la ironía surge para resignificar muchos lugares comunes, como es el caso de Fabio, por ejemplo, que durante una cita dice: “Si te sirve de consuelo, yo acabo de terminar una relación. Y entonces, por alguna razón, me puse a hablar sobre Mariela. Salimos como por tres años, pero éramos muy distintos. Imaginate que convivir era todo un tema, además de que le gustaba muchísimo Lus Miguel, tenía trastornos alimentarios”. En Las agujas, segunda nouvelle, cambia de tono y de estructura narrativa para contar la historia de Adrián y Martín, dos amigos que con la excusa de reunirse para escribir una tesis universitaria sobre Comunicación, hablan de mujeres, citan a Leonard Cohen o a Fishbone, mientras elaboran todo tipo de teorías en relación a los tatuajes y los cambios en los vínculos sociales mediados por las nuevas tecnologías. “¿Y sabés qué pienso? Que podríamos hacer una comparación de nuestro tema de tesis con el de los tatuajes. Que el consumo no lineal de los medios es la única forma de seguir un producto audiovisual pensado en capítulos en tiempos en lo que todo se tira y se olvida, y que marcarse con una aguja es de lo poco que queda para siempre.” 

Entre el plano de lo académico y lo cotidiano en la vida personal de los personajes, Celina Abud logra dar un pequeño giro en la trama para recordarnos que es cierto aquello de que uno teoriza como quiere pero vive como puede. Finalmente, en Alguien con quien hablar, la historia asume un tono autobiográfico para que la trama gire alrededor de una joven que un día encuentra en el ascensor de su edificio una cruz esvástica. “Mi antipatía hacia ese símbolo excedía mi origen semita, pero me propuse restarle importancia porque era insignificante y porque, además, su autor había perdido el rumbo al punto de terminar en la zona de la ciudad menos apropiada para ser un nazi. A partir de ese momento,  la incógnita crece a la par que se reitera  la provocación; pero a la narradora no le interesa tanto descubrir quién está detrás de esos mensajes sino ir más allá, al centro mismo del símbolo. Celina Abud vuelve a invertir la lógica de lo esperado y sin dejar de lado el humor, recorre parte de su vida familiar luego de visitar a Damián Karo, un rabino nada convencional con el que mantiene conversaciones entrañables sobre el nazismo y el judaísmo. Periodista de profesión, seguirá investigando hasta dar con un libro de un autor argentino que le deparará más de una sorpresa sobre sí misma. Alguien con quien hablar sorprende por su diversidad temática y despliegue narrativo, redondeando un gran comienzo.

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