Recorte del crédito para inversión productiva
Otra para los bancos
El Banco Central está desarmando la normativa para facilitar el acceso a financiamiento para inversión productiva, desregulando uno de los segmentos del mercado de crédito propicio para la industria y, especialmente, para las pymes.
Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central, facilitó que las entidades presten menos a la industria.Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central, facilitó que las entidades presten menos a la industria.Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central, facilitó que las entidades presten menos a la industria.Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central, facilitó que las entidades presten menos a la industria.Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central, facilitó que las entidades presten menos a la industria.
Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central, facilitó que las entidades presten menos a la industria. 
Imagen: DyN

Hace exactamente cinco años, el Banco Central instruía a las entidades financieras a establecer una línea especial de créditos en condiciones razonables para el financiamiento de inversiones productivas. Se trató de una de las pocas medidas que lograron direccionar una parte de los fondos prestables del sistema hacia el sector productivo, logrando que las pymes, cuya vida y crecimiento dependen estrechamente del acceso al crédito, pudieran contar con una herramienta de financiamiento más económica y accesible. 

La medida se enmarcó en la disputa por el uso del ahorro privado como herramienta esencial para el desarrollo productivo nacional. Desde 1977, cuando el gobierno de facto puso en vigencia la Ley de Entidades Financieras, la tasa de interés quedó liberada al criterio del mercado y los bancos recuperaron la facultad de prestar según su conveniencia económica. Así es que, a pesar de alguna normativa puntual para direccionar el crédito, el sistema financiero ha logrado ganancias extraordinarias y desvincularse del objetivo de desarrollo nacional. 

Dada la vigencia de esa norma y de la permanencia de un sistema financiero basado en la rentabilidad privada en detrimento del crecimiento y el desarrollo nacional, la Línea de Financiamiento para la Inversión Productiva resultaba ser una medida tendiente a promover la inversión y sostener el nivel de actividad de la economía real, con directa repercusión sobre el nivel de empleo privado.

Siguiendo firmemente con su programa ortodoxo y liberalizador (con las excepciones necesarias para atender al interés de los grupos económicos vinculados al poder real), el gobierno viene desarmando con mucha sutileza la normativa para facilitar el acceso a financiamiento para inversión productiva, desregulando uno de los pocos segmentos del mercado de crédito que eran propicios para la industrial y especialmente para las pymes. 

A partir de la llegada de la nueva dirección del BCRA, se cambió el tipo de requerimiento de la Línea de Financiamiento a la Inversión Productiva (renombrada Línea de financiamiento para la producción y la inclusión financiera). A partir del año pasado, los bancos dejaron de estar obligados a prestar un monto de dinero resultante de aplicar un porcentaje sobre el volumen de depósitos de un determinado mes, sino a mantener un saldo de financiaciones comprendidas, o sea, un volumen de crédito vigente.

Con la reciente Comunicación A6259, el BCRA está avanzando en las modificaciones la normativa relativa a la implementación, que permite cubrir el 100 por ciento de los últimos cupos con descuento de cheques. Esto sin dudas recortará recursos que podrían estar destinados a proyectos de inversión que requieren plazos de repago mucho mayores. Otra modificación es que ahora los bancos pueden acreditar como fondos prestados en concepto de la línea, aquellos que la entidad haya prestado a una pyme, sin importar la tasa y las condiciones a la que lo hizo (no está muy claro cómo se hará la verificación de estos padrones por parte de la autoridad monetaria).

Siendo que ahora los bancos tienen más mecanismos para cumplir la normativa y eludir la obligación de prestar a tasas más bajas de las que podrían hacerlo mediante las líneas de crédito tradicionales, el cambio de dirección en la normativa favorece aún más a los bancos que ya venían haciendo un extraordinario negocio, el que por cierto se ha convertido en una verdadera fiesta gracias a la política monetaria que está desarrollando la actual presidencia del BCRA.

Aunque la Línea de financiamiento para la producción y la inclusión financiera está formalmente renovada hasta fin de año, en el ambiente de las finanzas ya descuentan que este mecanismo para el financiamiento de inversión productiva tiene corta vida. Mientras tanto, los bancos siguen especulando con los cupos a prestar, puesto que no será simple determinar el monto de dinero que finalmente se destine a nuevos préstamos para impulsar la inversión real y la generación de empleo. 

El efecto de una caída en el financiamiento de la actividad productiva y su impacto sobre el nivel de actividad, profundizará la crisis que están atravesando las MiPyMes que, junto con la apertura comercial fuertemente provocada en algunos sectores, aumenta el problema de la desocupación y esfuma las perspectivas de recuperación económica.

Todo guarda mucha coherencia con la orientación política que le está imprimiendo el gobierno de Cambiemos a la economía nacional. Pero resulta llamativo el empeño que se pone en desalentar la producción y la reactivación del aparato productivo, porque si bien el argumento de una política antiinflacionaria estricta y fuertemente ortodoxa podría explicar el permiso a la especulación financiera en detrimento del nivel de actividad económica y del desarrollo de la economía real, cercenar una línea de financiamiento a la producción con orientación MiPyME, tiene más coherencia sólo en el marco de un proyecto para desarticular el aparato productivo nacional y rearmar el esquema de poder en torno a los grupos económicos concentrados.

La Argentina que propone Cambiemos esconde un propósito de exclusión que ya se evidencia en varios indicadores sociales y económicos. Recortar el acceso al crédito para inversión productiva es avanzar en ese camino.

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