En Argentina, la cúpula del poder político se concentra en varones que, además, detentan un considerable nivel educativo –aunque ello no implique, como se observará, una mejor formación– y que en el pasado han ocupado altos cargos en empresas privadas, señala la investigadora Paula Canelo. Doctora en Ciencias Sociales, socióloga y docente universitaria, Canelo coordina –junto a Ana Castellani– el Observatorio de las Elites Argentinas en el Instituto de Altos de Estudios Sociales (Unsam), en el que realizaron, entre otros estudios, uno detallado sobre el gabinete que acompaña la presidencia de Mauricio Macri.

–¿Qué tareas realizan en el Observatorio de las Elites Argentinas? 

–Se trata de una agrupación de investigadores, becarios y personal de apoyo que alimentan con diversas investigaciones un sitio web (radicado en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Unsam) accesible a todo público. Una plataforma que actualizamos de modo permanente con nuevos aportes. En este sentido, más allá de la comunicación de nuestras investigaciones en papers, jornadas y congresos, pensamos que es fundamental contar con un espacio capaz de democratizar las condiciones de acceso al conocimiento en temas como los abordados. La creación del Observatorio de las Elites Argentinas obedece a una coyuntura particular: el triunfo de la alianza Cambiemos en diciembre de 2015 que llevó a Mauricio Macri a la presidencia.

–¿Por qué las investigaciones centradas en el gabinete del Gobierno surgieron en esta coyuntura y no en etapas previas?

–Comparto el punto de vista de Juan Carlos Torre –uno de los sociólogos más importantes que tiene el país–, que señala que “todos los intereses de investigación surgen por una insatisfacción”. 

–¿Y qué insatisfacción existía a fines de 2015?

–Más allá de las convicciones políticas o ideológicas que pueda tener cada miembro del equipo, la insatisfacción radicaba en que comenzábamos a ser gobernados por una fuerza política de la que sabíamos muy poco. Intuíamos que se trataba de la primera vez que la elite política argentina se superponía con la económica; que empresarios y gerentes de las grandes empresas privadas locales se convertían en elite política; y que una transformación de esta naturaleza se producía con tal magnitud y extensión. Tanto que actualmente hay por lo menos un CEO en cada cartera del gabinete nacional, y los CEOs representan nada menos que el 31,3 por ciento del total de cargos jerárquicos del gabinete. Es muy llamativo el peso que tienen en la Jefatura de Gabinete de Ministros, ya que representan el 69,6% de los altos funcionarios de esa dependencia. Desde los inicios del actual gobierno existió una distribución muy estratégica de los cargos jerárquicos del gabinete. 

–¿Cómo definiría a las “elites”?

–Pueden ser comprendidas de dos modos. Por un lado, se ubican las elites “por posición”: quiénes, efectivamente, ocupan los sitios jerárquicos asignados. Por caso, se trata de examinar quiénes son los secretarios del presidente, los ministros, sus secretarios y los subsecretarios. Por otra parte, existe otro modo de concebir las elites, “por función”, lo que implica relegar a un segundo plano el sitio que ocupan para preocuparse por el poder político que detentan. Por ejemplo, en nuestro análisis de la cúpula de cargos designados por Macri cuando accede al Poder Ejecutivo, si bien todos los ministros tienen igual jerarquía, tanto la Secretaría General de Presidencia como la Jefatura de Gabinete de Ministros concentran dosis de poder diferenciales. Aquí, las figuras de Marcos Peña, (Gustavo) Lopetegui y (Mario) Quintana son centrales.  

–¿Cómo se investiga el perfil sociológico del gabinete de Macri?

–En principio, trabajamos con lo que se denomina “gabinete inicial”, es decir, con las primeras designaciones que realizó el Gobierno apenas asumido. Desde aquí, examinamos características de la cúpula que incluye al presidente, sus secretarios, los ministros, los secretarios y los subsecretarios, y analizamos el perfil sociológico de estos 384 funcionarios, que ocupan 387 posiciones jerárquicas. De cada uno de ellos, relevamos propiedades sociales, educativas y profesionales. Nos interesamos por un total de 87 variables y las agrupamos en una base de datos, aunque para este estudio en particular nos concentramos en un puñado de dimensiones. 

–¿Cuáles?

–El sexo, la edad, el lugar de procedencia, el nivel educativo y su trayectoria socio-ocupacional, es decir, qué cargos habían ocupado previamente, tanto en el sector público como en el privado. Teóricamente los estudios clásicos sobre elites nos indican que se trata de propiedades que describen muy bien cómo están compuestas: su tendencia a establecer determinados aliados sociales y políticos; sus grupos de sociabilidad, las redes que integran y sus heterogeneidades; sus niveles de especialización educativa (grado, posgrado) y profesional respecto a los cargos públicos que ocupaban, para por ejemplo conocer el modo en que gestionarán la cosa pública, además de sus concepciones sobre la política y el Estado.

–¿Y qué diferencias advirtieron respecto al perfil sociológico de las distintas carteras?

–Por ejemplo, que los funcionarios reclutados para el Ministerio del Interior, en general, son hombres que cuentan con una trayectoria política previa, experiencia en el sector público y provienen de las fundaciones vinculadas al Pro. Trayectorias que nos muestran nuevas formas de hacer carreras políticas: si en el pasado era necesario militar en alguna universidad, en la actualidad hay que participar en ONGs como un antecedente válido y reconocible para ocupar un cargo alto en este Gobierno. Por otro lado, a pesar de tratarse de una fuerza política nueva, las mujeres solo representaban el 22.6 por ciento del total de los cargos jerárquicos. Además, se concentran en áreas que tradicionalmente son consideradas “femeninas” como desarrollo social, ambiente, y educación. Por lo tanto, es un gabinete muy masculino contra lo que se podría esperar. 

–Es decir que el “techo de cristal” para las mujeres también permea al Gobierno.

–Exacto. Hay 55 mujeres que ocupan el rango de subsecretarias, pero sólo hay 13 secretarias y 3 ministras. Se observa cómo la mayoría de las que ocupan las cúpulas se distribuyen en la porción inferior. Otra cuestión interesante es que el gabinete de Macri posee un alto nivel educativo: el 75 por ciento posee algún título universitario, y el 42 por ciento posee títulos de posgrado, generalmente maestrías. No obstante, ello no indica necesariamente que los funcionarios estén mejor formados. 

–¿Eso qué indica, entonces?

–El alto nivel educativo de este gabinete podría mostrar cómo el acceso a un título universitario se ha transformado en una credencial necesaria, que no sólo habilita a los individuos a acceder a un cargo jerárquico en un gobierno sino que también se promueve como requisito para conseguir empleo en Argentina. Desde este punto de vista, a pesar de que Macri ha criticado la educación pública, nuestra investigación demuestra que la mayoría de sus funcionarios ha realizado sus estudios de grado en universidades públicas y en carreras “tradicionales” (el 31 por ciento en ciencias económicas, el 30 por ciento se formó en derecho, el 16 por ciento en ingenierías, y el 9 por ciento en ciencias humanas y sociales, entre otras). Del total, el 42 por ciento posee estudios de posgrado, y en estos casos sí, la mayoría fueron realizados en instituciones privadas. Por último, producto del análisis de la trayectoria ocupacional, encontramos que más del 30 por ciento de los funcionarios designados por Macri ocuparon puestos de alta o medio/alta gerencia en el sector privado. Ello confirma la idea que se sostenía previamente desde los medios de comunicación cuando auguraban, en plena asunción, la conformación de una “CEOcracia”. 

–¿De qué manera sus estudios sobre el perfil de los administradores del país podrían servir para analizar las políticas públicas que ejecutan?

–Pienso que aún estamos en el umbral de comprender al fenómeno Pro  (Cambiemos es una alianza con socios bastante diferenciados), y que todavía se ha escrito muy poco al respecto. Además, el blindaje mediático que tiene el Gobierno no contribuye a su comprensión. Por ello, son vitales los abordajes rigurosos y sistemáticos, que no se reduzcan a la chicana política, sino que permitan mostrar la naturaleza de este fenómeno político y respeten las reglas del método científico con datos concretos. 

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