La final de Wimbledon de 1980 recreada en la película del danés Janus Metz
Cuando el tiempo se detuvo en Londres
Los héroes de aquella epopeya tenística, el sueco Björn Borg y el estadounidense John McEnroe, le dan vida a un duelo que quedó marcado por esa final. Ambos representaron dos estilos de juego bien diferentes.
Borg, el ganador, saluda a McEnroe, de espalda, luego de un encuentro memorable.Borg, el ganador, saluda a McEnroe, de espalda, luego de un encuentro memorable.Borg, el ganador, saluda a McEnroe, de espalda, luego de un encuentro memorable.Borg, el ganador, saluda a McEnroe, de espalda, luego de un encuentro memorable.Borg, el ganador, saluda a McEnroe, de espalda, luego de un encuentro memorable.
Borg, el ganador, saluda a McEnroe, de espalda, luego de un encuentro memorable. 

La final de Wimbledon de 1980 es considerada por muchos como el mejor partido de la historia del tenis. Sus protagonistas, el sueco Björn Borg y el estadounidense John McEnroe consumaron una rivalidad histórica desde 1978 hasta 1981, con siete victorias para cada uno en sus 14 enfrentamientos. Ese duelo particular que quedó marcado en los anales es reflejado en el film que se estrenó el jueves último: “Borg-McEnroe: La Película”. Y en él se puede observar las diferentes personalidades que poseían cada uno, pero sobre todo, el poco espacio que tenían para disfrutar la gloria deportiva que ambos estaban atravesando. La exigencia que se imponían no les permitía entender lo que ocurría a su alrededor. 

La batalla tenística que desplegaron en el césped del All England Club de Londres, el 6 de julio, con triunfo 3-2 para el sueco, fue algo que los marcó a los dos. Borg comenzó a analizar el retiro de la actividad con seriedad, y McEnroe se convenció que comenzaba su era en el circuito. 

El tenis tuvo pocas veces un contraste tan marcado y evidente: Borg, de 24 años en ese momento, era calmado y elegante, con un estilo de fondo de cancha y revés a dos manos; McEnroe, de 21, fue el paradigma del ataque, el enojo y la ira como principios, lo que se dice “el tenis jugado a los gritos”. A partir de esos componentes, su rivalidad era conocida como “Fire and Ice” (fuego y hielo).

Los siete match point que no pudo aprovechar Borg en el cuarto set, con la resolución del parcial a favor de McEnroe, le imprimieron un dramatismo extremo al encuentro. El público no podía controlar sus nervios, pero sorpresivamente fue el estadounidense nacido en Alemania (en la ciudad de Wiesbaden) el que logró mantenerse en cuadro, para que su furia no lo desbordara. Cuando todos esperaban otro repertorio de mala conducta de parte de McEnroe, teniendo en cuenta que arribaba después de una semifinal escandalosa ante Jimmy Connors, llena de insultos al umpire y a los jueces de línea, su corrección fue otro de los puntos que causó asombro.

Si el resultado final hubiera sido a favor de McEnroe, el número uno del ranking habría sido para él. Pero como Borg terminó levantando la Copa, el escalafón se mantuvo inalterable. Para el sueco significaba ganar ese Grand Slam por quinta vez consecutiva, algo inédito. Un año más tarde se volverían a enfrentar en esa misma cancha, pero el festejo sería para McEnroe. De todas maneras, la final de 1981 no se pareció en nada a la anterior.   

Borg estaba convencido que todos querían su derrota ese año, para que no pueda alcanzar la quinta corona. Sin embargo, su condición de favorito se fue agigantando mientras se desarrollaba el torneo. El resultado final fue 1-6, 7-5, 6-3, 6-7 (16-18), 8-6. El estadio explotó con el último punto a favor del sueco. En la premiación, McEnroe había logrado algo difícil: el respeto. La gente se puso de pie para aplaudirlo cuando fue a recibir su trofeo. El, con los ojos humedecidos, alcanzó a dar las gracias.

El día después de la consagración, Borg y McEnroe se encontraron en el aeropuerto de Londres, en busca de otros destinos, y se saludaron primero con timidez, y luego el estadounidense le pidió permiso para abrazarlo. “Pensé que me ganabas”, le dijo el sueco. “Lindo partido”, respondió McEnroe. A partir de ese día nacía una gran amistad.

Los dos pudieron conjugar tanto la convivencia al punto que Borg terminó siendo el padrino de bodas de McEnroe. Borg se terminó retirando de la actividad muy joven, a los 26 años, en la época que McEnroe era el claro dominador. El lanzamiento de la película en el país los encuentró en Praga, República Checa, donde se disputó la Laver Cup, y ellos fueron los que capitanearon los dos equipos.

El corto, filmado en Suecia, Londres, Mónaco y Nueva York, cuenta con una particularidad: Leo Borg, el hijo menor de Björn, de 13 años en la actualidad, interpretó al personaje de su padre en su infancia. La producción remarcó que el chico se presentó casualmente al casting sin saber la temática de la película. Y que en ningún momento dio a conocer que era el hijo de Borg... Igual a su padre.