Egotrip, Luto y la argentinidad
Aguante la ficción
La novela de Germán Maggiori sobrevuela el fracaso de la clase media a 200 por hora. La de Edgardo Scott expone el fascismo pequeñoburgués.

Egotrip (Germán Maggiori, Edhasa) Desde el título de su última novela, Maggiori sugiere un viaje por el centro del individuo. Edgardo Caprano, tipo normal, de clase media, bastante fracasado primero, desahuciado después, acaba por rendirse ante los impedimentos de un mundo que lo lleva al colapso; de estafas, deudas y crisis que lo empujan al escape. Este viaje descarnado a 200 por hora sin marco de contención ni prevención para el lector se vuelve un viaje –físico– como excusa de uno más profundo –dentro de sí– en el que se inscribe en largas tradiciones: la novela iniciática, la novela de viajes, la novela de introspección. Con una prosa corrosiva y frondosa –el autor suele declararse de impronta arltiana, de fracasos épicos–, alusiones constantes a la cultura pop actual, el escenario cotidiano de fondo y una pregunta: ¿cuál será el punto de quiebre de nuestra existencia? En tiempos de Twitter, donde todos somos un poco fracasados –fracasados espectaculares, diría Homero Simpson– y experimentamos el quiebre de nuestros egos, Egotrip es una búsqueda hacia adentro para reconvenirse con el afuera: la ruptura definitiva de la autosuficiencia.

Luto (Edgardo Scott, Emecé) Scott también se nutre de Arlt. De la violencia, a la que considera el elemento distintivo de los argentinos. Y el foco en la argentinidad tiene correlato en su segunda novela, donde se tejen los prejuicios –o juicios reforzados post facto– de Chiche, un comerciante de Lanús que queda viudo durante un robo. A ese comienzo abrasivo, demoledor, a ese asesinato narrado como una pieza de relojería, se le suma el luto, la sucesión de elementos posteriores en los que parece que no pasa nada pero se cuece todo. En donde el lenguaje, la idea de los otros, los temores previos y los adquiridos, se suman para configurar un paisaje social determinado: el conurbano que se vacía, la inseguridad como suma de casos aislados, la construcción del pequeñoburgués asustado o el fascista experiencial que odia a los negros. Scott parte de un recuerdo –la muerte de la esposa del comerciante que tenía su local frente al negocio de su madre– y construye una trama que denota, a la vez, vértigo y paciencia: hasta que todo sucede.