Homo Español

Desde Barcelona

UNO Rodríguez –en vísperas de sucesivos 12 de octubre– siempre pensó en (re)flexionar sobre el asunto. En el Ser o No Ser Español. En el inexacto “España es la nación más antigua de Europa” y en los patafísicos “España es una gran nación. Primero porque lo es y segundo porque es la nuestra” y “España es un gran país que hace cosas importantes y tiene españoles” y “España es una gran nación y los españoles muy españoles y mucho españoles” de Mariano Rajoy, hombre que no es un jefe de estado sino alguien sin estado de jefe. Inpresidente quien también alguna vez recomendó vía tuit la lectura de un libro titulado (no es broma, el libro existe) 1785 motivos por los que hasta un noruego querría ser español. 

Y olé. 

Pero Rodríguez fue dejando pasar el asunto como quien posterga el visionado de una serie diciéndose/mintiéndose que, en todo caso, la verá cuando acabe esperando, secretamente, el que la cancelen por falta de rating. Pero España que –como rimó Machado y cantó Serrat– ni siquiera es una sino dos: una muriendo y otra bostezando. Y listas para, según la que te toque o elijas, helarte el corazón... 

DOS ...o, como de un tiempo a esta parte, incendiarte el cerebro con sus tracatraca –otra vez Machado– “de charanga y pandereta” y su “espíritu burlón y alma inquieta”. Y Rodríguez –muriendo con cada bostezo, su corazón ya está frappé desde hace tanto, casi independizado de sí mismo– vio no hace mucho esa edición limitada de panderetas con forma de España. Obra del estudio de diseño AA y realizadas con la ayuda del crowfunding (Rodríguez sigue sin tener del todo claro si eso del crowfunding es una buena idea o una forma cool-fashion del clásico “págame las copas que estoy sin pasta, ¿sí?”) y lo cierto que son un bonito objeto apto tanto para celebrar la histórica irresponsabilidad folklórica o proponer flamantes “panderetazos” de protesta por el estado de las cosas de un país en constante sólida disolución. Así, de tanto en tanto –no se atreve a decirse que cada vez menos seguido pero sí se anima a pensar que con cada vez menos conciencia de ello– Rodríguez se acuerda de que es español antes que europeo o terrícola. O tal vez sea que resulta imposible escapar al síntoma o estigma o bendición, quién sabe. 

Ahí va y viene ese himno nacional sin letra (al que de tanto en tanto intenta ponérsela sin resultado porque siempre se impone ese janoviano y gritado y primal “lólolololololó”). El slogan poco claro (perto tan preciso) del Spain Is Different. Y el “España va bien” de Aznar y la España multi-inasible de Sánchez como “nación de naciones”. Y la España del “Pequeño vals vienés” de Federico García Lorca y del “Take This Waltz” de Leonard Cohen. La España que quieren reconquistar los yihadistas y la España de esos turistas cada vez más numerosos entendiendo al país como parque temático. La España negra y la España multicolor y la España de las discotecas de Ibiza y la de las tabernas de La Mancha. La España de La Celestina y la de Corín Tellado. La España pagana y la España en la que la entromediadora Iglesia goza de buena salud cortesía del dinero público. La España que aguantó cuarenta años de dictadura y dictador muerto en su camita (al que demasiados todavía extrañan y lloran) y la España donde no hay partidos de ultraderecha. La España de la “recuperación económica” y de los contratos basura. La España de siesta larga y tendida y la España insomne y sonámbula de las autonomías. La España del Quijote y la de Marcial Lafuente Estefanía. La España de Buñuel/Berlanga/Almodóvar donde se filmaron los mejores spaghetti-westerns. La España que según Donald Trump (o “Trun”, según Rajoy) “es un país muy histórico” y la España de la Infanta Cristina mascullando en tribunales ese “Qué ganas tengo de que acabe esto para no volver a pisar más este país”. La España que no acoge refugiados pero sí repartió exiliados. La España que ahora padece dolor/irritación/preocupación de/por la rota y bipolar Catalunya. La España del San Fermín for export de Hemingway deviniendo en San Fermín real y, ahí, el eco de las palabras espectrales pero vivísimas de la degustadora de toreros Ava Gardner: “Me gusta España porque tiene los mismos defectos que yo”. 

TRES  Ahora, mañana del 8 de octubre, el español y catalán y defectuoso Rodríguez a solas –su familia ideológicamente fracturada– y como un solo hombre, en la marcha para que la defectuosa Catalunya no se separe de la defectuosa España. No nos une el amor sino los defectos, será por eso que (parlem, hablemos) mejor compartir proyectos, piensa. Y es que Rodríguez no tiene ganas de irse a ninguna parte. 

Mientras tanto, en Sitges, en el festival de cine fantástico, los niños de Stranger Things cancelaron su visita a último momento porque sus padres consideraron que la situación en Cataluña “era un poco peligrosa para ellos”. 

El espanto y la espantada y... 

CUATRO ...cosas más extrañas. Y no tanto. Porque, sí, apareció el tema del dinero que aprisiona y la fuga de capitales de los que nadie puede independizarse y de lo que puede llegar a pasar si... Y muchos iluminados de pronto en el apagón. Y tantos encandilados despiertan a oscuras como saliendo de un hechizo deshecho. Y el 11 de octubre por la noche (Rodríguez no lo sabe aún pero yo sí lo sé, porque soy quien amasa la materia de sus sueños) Rodríguez volverá a tener su sueño recurrente. Del mismo modo en que otros sueñan que vuelan o que caen, que van desnudos por la calle o que regresan al colegio para un examen al que no estudiaron, Rodríguez de tanto en tanto sueña con que Amancio “Citizen Zara” Ortega lo compra. Y atención: no es una amarga pesadilla, es un dulce sueño. Ser ofrecido a y comprado por Amancio –ser zarificado a este dios mortal– es la expresión definitiva del Spanish Dream, piensa Rodríguez. Ser una –otra– de las muchas propiedades del magnate gallego que comenzó como humilde camisero de puerta en puerta y hoy es una suerte de conquistador colono que no se mueve mucho de su Galicia natal pero va sumando rascacielos en todas esas metrópolis extranjeras donde por estos días se cuestionan y se decapitan estatuas de un tal Cristóbal a quien se celebra y se condena este 12 de octubre. 

CINCO El chiste es viejo pero no muere: el término y práctica de la colonoscopía está inspirada en el apellido de Colón y en lo que su “descubrimiento” significó para los nativos del Nuevo Mundo. Así, ahora, el Día de la Raza como absoluta incorrección política y de ahí que se le retoque el nombre. Así, en España Día de la Fiesta Nacional coincidiendo con el cumpleaños de la Virgen modelo Del Pilar e incluyendo regio desfile militar. Mientras en el resto del mundo lo han rebautizado con piruetas correctas y políticas del tipo Día del Encuentro de Dos Mundos, Día del Respeto a la Diversidad Cultural, Día de los Pueblos Originarios y hasta (como en una pirueta de historia alternativa estilo Philip K. Dick) Día de la Descolonización. 

Y Barcelona también tiene un Colón. Al final de la Rambla por la que ahora camina Rodríguez desconcentrándose. Allí, el navegante en lo alto de una columna. La estatua, cabe apuntarlo, señala en sentido contrario a América y hacia el Mediterráneo porque, explican, “no se hubiese entendido el que señalase hacia América, tierra adentro”. Digamos, entonces, que Colón señala hacia casa, con ganas no de salir sino de volver. O de ni siquiera irse: porque, por supuesto, están los que afirman que Colón nació en Catalunya y no en Génova.

Lo que nos lleva a... 

(Continuará...)