Enojate, hermana
Para vos, capo

Esta nota está escrita para que se la pases a ese machirulo que nunca lee mis columnas y que siempre cree que las pibas abusadas son unas boludas despechadas. Pasale esto. Vamo’ a hacerlo llorar. Hola campeón, ya sé qué estás pensando, que no son víctimas esas mujeres irracionales que se quejan tanto, que nadie les hizo nada, que sólo quieren arruinar gratuita y arbitrariamente la vida de un buen tipo, de un músico que no quiere problemas, de un futbolista que es la promesa de tu equipo. Siempre se trata de jóvenes mujeres, que como respuesta a un desaire del galán, toman la maquiavélica decisión de ensuciarlo, aunque su plan signifique el constante ataque de los medios, las redes, los posibles abogados y la opinión pública en general. Las chicas lo hacen igual, porque les gusta la cámara ¿Eso pensás, no? Lógico. Esta es la teoría que esbozan los tipos como vos, los maltratadores, los que han vivido denigrando mujeres, viendo en ellas meros agujeros, cachos de carne con agujeros. Pero qué seguido están hablando ahora, ¿no campeón? ¿Y ahora vas a tener que tratarlas como personas a estos cachos de carne agujerados? No podés creerlo, van a tener que hacerlo, preguntarle el nombre, la edad, fijarte si ella está a gusto donde está. ¿Cuándo se les fue de las manos? Sucedió finalmente, se te avivaron las pibas. Y no, ya no recurrimos tanto a la policía, es real, porque sabemos que no sirve, porque sabemos que vos sos la policía y la policía sos vos, campeón. Las pibas tenemos otras armas ahora: otras pibas y las redes. Ahora nos estamos cuidando, nos estamos uniendo, nos estamos creyendo. Nos contamos, nos compartimos y nos bancamos, porque estuvimos ahí. Porque sabemos lo fácil que te la hace pasar mal un tipo con un gramo de poder.    

Hace un par de años disfruto muchísimo escuchando a los dinosaurios del entretenimiento, vetustos capocómicos o actores de cuarta, llorando en los medios, “es que ya no hay códigos”, porque ahora las minas de las que se aprovecharon toda la vida generación tras generación, pueden hacer capturas de pantallas. Tenemos herramientas y vamos a usarlas, ¿no es maravilloso, machi? ¿Te jode si te digo “machi”?

Cambian los tiempos, las modas, tu celular es tu oficina, bárbaro viejo. Pero tus preguntontas de machirulos siguen igual: ¿Por qué se quedan ahí las chicas? ¿Pero por qué no se defienden? ¿Por qué no se lo sacan de encima? ¿Por qué no gritan? Por que a las chicas al nacer nos vendan los ojos, nos educan para confiar y complacer a los varones en un mundo donde los abusadores son supuestamente monstruos salvajes en el medio del bosque a los que no te vas a encontrar si te portás bien, pero si te animás y te sacas la venda, los tenés ahí nomás, los abusadores están: son tu mejor amigo o el amigo de tu novio, tu ídolo, tu médico, tu profesor, tu tío o lo más nefastamente cercano que te puedas imaginar. Y aun así no paran tus preguntontas, machi ¿Por qué están hablando las chicas? Cuando alguien abusa de vos la angustia pasa, en parte, por haber perdido el control de tu cuerpo y vida por un momento, denunciar es recuperar ese control, por eso las chicas hablan, aunque saben que la opinión pública siempre está para destruirlas. Hablan para recuperar el poder sobre ellas mismas, no hablan para hinchar las bolas, lo hacen para defenderse de aquel momento en el que no pudieron defenderse. Y vamos a seguir hablando machi, hasta que caigas vos, porque solo un maltratador defiende a un maltratador.