RECUERDOS MORTALES - 5 puntos

(Sleeping Dogs; EE.UU./Australia, 2024)

Dirección: Adam Cooper.

Guion: Adam Cooper y Bill Collage.

Duración: 110 minutos.

Intérpretes: Russell Crowe, Karen Gillan, Marton Csokas, Tommy Flanagan, Thomas M. Wright.

Estreno en salas de cine.

El neozelandés Russell Crowe está atravesando un momento de su carrera en el cual los pequeños papeles en grandes producciones se alternan con roles protagónicos en películas de corte popular y escala mediana. A sus recientes participaciones como espantador de demonios en El exorcista del Papa y el de operador de drones militares en Rescate imposible se le suma el expolicía con Alzheimer que lleva adelante la trama de Recuerdos mortales (Sleeping Dogs es el menos genérico título original). 

Dirigida por el debutante Adam Cooper, se trata de uno de esos films que recubren el viejo truco del whodunit con los trazos del policial procedimental, aunque con una vuelta de tuerca (ya utilizada en decenas de casos): la identidad real del asesino permanece en secreto hasta los últimos minutos de proyección, corolario de la investigación del protagonista, que en esta ocasión se complica por su condición médica, que le ha hecho perder no sólo los recuerdos más lejanos sino también los del día anterior.

Roy Freeman es presentado en su casa, engalanada con pegatinas de todos los colores que lo ayudan en el día a día. “Tu nombre es Roy Freeman”, “El baño está por allá” y “Recuerda tomar las pastillas” son algunas de esas frases-recordatorio. Convenientemente para él y, sobre todo, para el guion, Roy está participando de un proyecto neurológico experimental que parece estar dando buenos resultados. En ese trance esperanzado, la llamada de una persona ligada a un caso del pasado –un joven negro condenado a la silla eléctrica– lo pone en plan investigativo, como en los viejos buenos tiempos. El muchacho dice ser inocente, que la confesión ante Roy y su compañero fue forzada y que por favor trate de salvarle la vida. Siguiendo la recomendación de la terapeuta, Roy deja por un momento los crucigramas y rompecabezas y pone manos a la obra en la pesquisa, una manera de mantener la mente en actividad y, quizá, salvarle la vida a alguien.

Recuerdos mortales se abre a un extenso flashback que narra una posible versión de los hechos pretéritos: el homicidio de un famoso psiquiatra, su relación con un joven estudiante y una brillante asistente, y otros personajes secundarios que comienzan a completar un posible puzle. Que no será lo que aparenta, desde luego, como esa bella joven interpretada por Karen Gillan (Nebula en Guardianes de la galaxia), construida a imagen y semejanza de las femmes fatales de otrora. 

Rutinaria, aplicada a fórmulas probadas mil veces aunque relativamente efectiva para el espectador neófito en el terreno del policial amnésico, Recuerdos mortales es un producto olvidable, elevado unos centímetros por la presencia de Crowe, que en esta etapa madura arrastra grácilmente su enorme cuerpo por el cuadro, en este caso con un rostro que mezcla la desesperanza con el hastío. El asesino no es el mayordomo, pero puede adivinarse tiempo antes del desenlace.