Desde que explotó su potencial en la elite en aquella segunda parte del año 2008, Juan Martín Del Potro se encargó de exhibir una cualidad que trasciende al tenista promedio de nuestro país: la constancia en lo más alto. Salvo Guillermo Vilas, un prototipo de la vigencia, pocos han logrado romper con la máxima no escrita del tenis que sostiene que lo más difícil no es llegar sino mantenerse.

Además de un estilo de juego que sale del molde argentino, cuyo sostén histórico es el tenis sobre polvo de ladrillo, el tandilense posee una mentalidad difícil de comparar con cualquiera de los jugadores que hayan salido de esta tierra. Talentosos de la talla de Guillermo Coria y Gastón Gaudio, por caso, no consiguieron cimentar el protagonismo entre los mejores durante un tiempo considerablemente prolongado. David Nalbandian, aquejado por las lesiones, quizá pudo haber sumado algún puñado de gloria más en su fructífera carrera, que culminó con sólo 31 años.

Del Potro, sin embargo, se adjudicó dos grandes conquistas deportivas a lo largo de su trayectoria. Cuando gozó de buena salud física, peleó mano a mano y les ganó a los más encumbrados con relativa frecuencia; y cuando su cuerpo le quitó casi tres temporadas de competencia por operaciones en las muñecas, se reinventó y se sobrepuso con resiliencia para volver a luchar bien arriba.

Tras un brillante regreso en 2016, que finalizó con la gloriosa final de la Copa Davis en Zagreb, el ex 4° del mundo inició la nueva temporada en Delray Beach, en febrero, y no encontró la consistencia y la regularidad para volver a deslumbrar. Los jugadores fuera de serie, no obstante, exhiben lo mejor de su repertorio cuando tienen grandes motivaciones y persiguen objetivos concretos.

Delpo llegó al US Open como 28° del mundo y 47° en la carrera a Londres. Tenía sólo 18 victorias en el año. Gracias al aporte de su nuevo entrenador Sebastián Prieto, alcanzó las semifinales, redefinió sus metas y comenzó así un sprint final que lo llevaría a ganar 20 de los últimos 25 partidos. Volvió a meterse entre los cuatro mejores en un certamen de Masters 1000, en Shanghai; ganó otra vez el título en Estocolmo; y cayó en la final de Basilea ante Roger Federer.

Luego de haber quedado a las puertas de ingresar al Masters de Londres –cayó con Isner en cuartos de París, donde se consagró Jack Sock (ver aparte)–, este lunes será el 11° del ranking ATP y quedará a las puertas del selecto grupo que jamás debió abandonar. Gracias a este desenfrenado final de temporada también se convirtió en el tercer argentino que gana al menos 20 títulos ATP, detrás de José Luis Clerc (25) y Guillermo Vilas (62). Con 384 triunfos totales, además, relegó a Nalbandian (383) como el segundo jugador con más victorias en el circuito mayor, sólo superado por Vilas (958).

En contraste con el alucinante final de Del Potro, fue Diego Schwartzman quien asombró a propios y extraños con una temporada de ensueño. El Peque, que trabaja con Juan Ignacio Chela como coach, alcanzó este año ocho cuartos de final, tres semifinales y una final en el nivel ATP. Con una solvencia sostenida de enero a noviembre, a diferencia de Delpo, se coló entre los ocho mejores en el Abierto de Estados Unidos y en los Masters de Montecarlo y Montreal, torneo en el que logró su primer éxito ante un jugador del Top 10 (Dominic Thiem). Con una tenacidad impresionante, se ganó el respeto de los rivales y emergió como uno de los mejores devolvedores del circuito.

Parte de su crecimiento en el máximo nivel se puede explicar con su cantidad de victorias. Luego de conseguir 17 el año pasado, cuando terminó en el puesto 52 de ATP, sumó nada menos que 39 triunfos, uno de los registros más altos de esta temporada, que le valen finalizar por primera vez dentro de los 25 mejores del planeta.

Con este soporte, seguramente Schwartzman encontrará la motivación para aspirar a bajar su ranking en 2018. Asentarse entre los primeros 20 no suena descabellado para un tenista con semejante poder de superación. El trabajo, la dedicación, la humildad y la perseverancia compensan su metro 70 de estatura para pelear de igual a igual con la mayoría de los jugadores del circuito.

Sus aspiraciones serán distintas que las de Del Potro, quien tendrá la oportunidad de descansar sin el trajín post final de Copa Davis y realizar una pretemporada acorde para iniciar el año temprano, en la gira de Australia, por primera vez desde 2014. Lo hará a tiro del Top 10, con el plus de los mejores y con una base importante de confianza para edificar un 2018 conforme a sus expectativas.

EFE
Peque Schwartzman, su constancia lo llevó al grupo de los 25 mejores.