Desde Londres

Entre algoritmos, tiktok, Instagram, entrevistas y debates mediáticos, los británicos mantienen sus tradiciones. Los dos partidos lanzaron sus campañas en autobuses que trasladan a sus candidatos y pesos pesados por todo el Reino Unido para pregonar sus propuestas cara a cara con el electorado. Sucede en todas las campañas y no va a dejar de ocurrir en esta por más era digital en que vivamos.

Los vehículos de doble piso están pintados con los colores partidarios y llevan una consigna breve para simbolizar lo que sucederá si son electos el 4 de julio. Los laboristas no tuvieron que romperse la cabeza para la consigna que cubre su autobús pintado de estricto rojo. Es la que han usado con éxito partidos opositores de derecha e izquierda en todo el mundo: “Change” (cambio). Los conservadores le tuvieron que poner más seso y “focus groups” con un resultado discutible. El autobús tory, pintado con el clásico azul partidario, reza: “Clear plan. Bold Action. Secure future” (Plan claro. Audaz acción. Futuro seguro)

Una de las grandes diferencias en estos “Magic Bus Tours” que llevan a los candidatos a las principales circunscripciones del país es que en el laborista viajaron el día de su lanzamiento el líder Sir Keir Starmer, la número dos partidaria Angela Rayner, la portavoz en temas económicos, Rachel Reeves y otras figuras de primer nivel en una clara señal de unidad partidaria después de 14 años en la oposición.

En el de los conservadores, en cambio, brillaban las ausencias: ningún miembro del gabinete de Rishi Sunak, ninguna de las figuras conocidas del partido. Un nombre histórico de los conservadores, el ex primer ministro David Cameron, hoy canciller, estaba de vacaciones en Italia. Otro, Michael Grove, que ocupó en estos 14 años de gobiernos conservadores casi todos los cargos, había anunciado previamente que no se presentaría como candidato en las elecciones. Tampoco estaban las figuras que se postulan para reemplazar a Sunak y que, evidentemente, no quieren adosar sus caras a la derrota.

Perdidos en la noche

Las encuestas de estas dos semanas de campaña no han variado un ápice los números de los dos últimos años. Los laboristas le llevan una ventaja de unos 20 puntos a los conservadores: Starmer tiene entre el 42 y el 44 por ciento, Sunak entre 24 y 28. Analistas y encuestólogos coinciden que es un margen prácticamente imposible de revertir en las próximas cuatro semanas. En el mejor de los casos, Sunak podrá evitar una derrota catastrófica impidiendo que el laborismo se alce con una aplastante mayoría absoluta en el parlamento.

El peculiar sistema electoral británico juega esta vez en contra de los conservadores. En el Reino Unido no se elige al primer ministro sino al diputado que representará a la zona donde están registrados los votantes. Hay 650 zonas electorales: los diputados del partido que gana más escaños nombran a su líder como primer ministro. Tampoco hay representación proporcional. El que gana la zona aunque sea por un voto se lleva el escaño: el resto se queda con las manos vacías. Es un sistema que favorece gobiernos con fuerte mayoría en el parlamento que no reflejan la diversidad política de los votantes. En los 80 Margaret Thatcher gobernó con mayorías absolutas que ignoraban al 60% de la población que rechazaba su agenda neoliberal.

Un sistema así afecta inevitablemente la campaña. Los buses se centran en las llamadas zonas marginales, donde la diferencia de votos entre los candidatos partidarios es mínima. Los conservadores están poniendo muchas fichas en áreas donde históricamente consiguieron importantes mayorías, pero que hoy, con 21 puntos de desventaja en los sondeos, se ven frágiles frente a laboristas o liberal-demócratas. En el puerta a puerta que hacen los militantes - otro clásico de las campañas electorales británicas - a los conservadores les cuesta responder la pregunta inevitable: ¿qué pueden prometer después de 14 años de gobierno y caída del nivel de vida?

El actual ministro de finanzas Jeremy Hunt es uno de los tantos en problemas. Como están las cosas su triunfo por 8817 votos hace cuatro años no es ninguna garantía en su circunscripción tradicionalmente conservadora en South West Surrey. El pesimismo es evidente. Unos 78 conservadores anunciaron que se retirarían de la política obligando al partido a improvisar candidatos dispuestos a enfrentar lo que parece un inevitable guillotinazo.

Debate televisivo y democracia

Al primer ministro le quedan pocas balas en la recámara para una remontada que, como están las cosas, asombraría a británicos, encuestólogos y el mundo. Una de esas cartas son los dos debates televisivos en confrontación directa con Starmer. El martes fue el primero. En la última semana será el segundo.

El debate esta semana mostró el aspecto caricaturesco que tiene la democracia cuando el sistema se reduce al voto, el impacto de consignas abstractas y los cada vez más presentes algoritmos. Ninguno de los partidos presentó aún su plataforma programática, pero por sus declaraciones públicas es posible ver que las diferencias son pocas y solo siguen existiendo porque los conservadores no hacen más que correrse continuamente a la derecha mientras los laboristas no se mueven del centro.

En la cadena televisiva ITV el martes los dos candidatos apostaron a sobredimensionar estas mínimas diferencias que no van a cambiar radicalmente la vida de nadie. El formato televisivo tampoco les daba mucho margen. Sunak y Starmer tenían 45 segundos (¡ni siquiera un minuto!) para responder las preguntas que le hacía el público o la moderadora Julie Etchingham.

Uno de los puntos interesantes fue la centralidad del gasto público y el tema tributario. El público exigía mejoras en salud, educación, vivienda, transporte, pero parecía recular cuando se mencionaba la necesidad de subir impuestos para financiarlos. Cosa curiosa no se aplicaba la misma vara al aumento del gasto en defensa.

El laborismo de Starmer se comprometió a mantener el sistema nuclear Trident que cuesta el equivalente a unos 15 mil millones de dólares anuales. Los conservadores, por su parte, van a aumentar en un 2,5% el gasto en defensa. Nadie – ni del público, ni la presentadora – les preguntó si ese gasto no implicaba un aumento impositivo.

Tampoco se habló de la enorme desigualdad tributaria que permite a multimillonarios y multinacionales pagar mucho menos impuestos que el resto de los británicos. La tasa corporativa británica del 25% es la más baja de los países del G7. Pero a este porcentaje nominal hay que restarle el dinero que se fuga vía paraísos fiscales y los más de 200 mil millones de dólares que reciben de exoneraciones tributarias. Ninguno de los dos candidatos postuló que el financiamiento que necesitan urgentemente los servicios públicos no tiene que venir de un aumento impositivo a la mayoría sino que se puede lograr concentrándose en esa minoría privilegiada que ha convertido al Reino Unido en uno de los países más desiguales del mundo desarrollado.