Opinión
Las falacias de una reforma

El Gobierno ha anunciado tres reformas de alto impacto en la vida de los trabajadores y las trabajadoras bajo el argumento de impulsar la producción y el empleo. Se trata por un lado de la reforma tributaria y laboral, que se complementan para abaratar costos empresariales y flexibilizar las normas que rigen la relación laboral, y por el otro de la reforma previsional, que buscará convertir a las y los jubilados en la variable de ajuste para cerrar los números de las cuentas fiscales.

¿Puede una reforma basada en estos ejes favorecer a los trabajadores?

Repasemos los argumentos. El objetivo declarado de la reforma tributaria es abaratar costos para mejorar la competitividad argentina. El supuesto es que reduciendo ciertos costos las empresas locales van a estar en mejores condiciones para competir con las empresas del mundo y se van a ver estimuladas a modernizarse, aumentar la producción y el empleo. Asimismo esto incentivaría la radicación de compañías extranjeras en el país. En ese sentido la reforma propone reducir el impuesto a las ganancias que pagan las empresas y bajar los aportes patronales. Según el ministro Dujovne la menor recaudación producto de estas rebajas en el fisco en general y en el sistema de seguridad social en particular sería compensada por la mayor recaudación derivada del impulso a la actividad económica que la reforma generaría.

También en la línea de la creación de empleo el gobierno inscribe la reforma laboral. La misma es muy abarcativa y profunda. Desde el principio incluso redefine el concepto de trabajo dejando atrás la legislación histórica que marca la existencia de una relación asimétrica entre empleador y trabajador, para poner a ambas partes en igualdad de condiciones con “derechos y deberes recíprocos”.

Entre las principales modificaciones se destacan: (1) la reducción de indemnizaciones eliminando ingresos no corrientes del cálculo (aguinaldo, horas extra, comisiones por ventas, etc); (2) desdibuja el límite horario de la jornada laboral ya que ahora se podrán trabajar hasta 10 horas sin pago de horas extra, cambiando horas de otros días (el llamado “banco de horas”); (3) favorece la tercerización al eliminar la responsabilidad de las empresas que subcontratan trabajadores a través de una empresa tercerizada y (4) regulariza formas de contratación basura al legitimar la persistencia de monotributistas de manera permanente y de jóvenes bajo nuevas formas de contratación sin convenios colectivos ni aportes a la seguridad social.

La historia de la aplicación de este tipo de políticas ha sido contraria a los objetivos que el gobierno pregona. En la década de los ´90 el país experimentó rebajas de aportes patronales, bajas en las indemnizaciones y nuevas modalidades más flexibles de contratación pero la tasa de desempleo se incrementó de 6,5% a 17,4% entre 1991 y 2001. Esto no significa necesariamente que estas medidas hayan sido las que destruyeron el empleo pero nos marcan que existen otros factores mucho más relevantes para explicar la evolución del trabajo, como el dinamismo del mercado interno, y que el pretexto de quitarles derechos a los trabajadores para beneficiarlos con la creación de nuevos puestos no parece contar con evidencia empírica.

Si dejamos la historia de lado y le damos otra oportunidad al argumento del gobierno, podríamos discutir la idea con la que piensan incentivar la inversión para recuperar el crecimiento económico. Su visión es que la misma se genera creando un clima de negocios amigable y con normativas favorables a los empresarios. Por eso no sorprende que los lineamientos de esta reforma se encuentren en sintonía con lo planteado por el Fondo Monetario Internacional o la OCDE. El caso mexicano puede ser paradigmático en este sentido: tras la implementación de reformas el país registró un boom de inversiones extranjeras pero a cambio de convertirse en uno de los países con menor salario de la región y registrar una de las mayores cargas horarias por trabajador del mundo. ¿Esas son las inversiones que queremos atraer a la Argentina? ¿Benefician o perjudican a quienes trabajamos en este país?

Las reformas tributaria, laboral y previsional, sumadas al acercamiento a los organismos internacionales y la búsqueda de tratados de libre comercio constituyen un cocktail a partir del cual el macrismo quiere redefinir la economía argentina. Resulta bastante evidente quiénes serán los ganadores y perdedores que proyecta esta política.

* Economista - Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas. 

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