La noche que la Selección Argentina debutó en la Copa América no fue la única ganadora. En el Mercedes Benz Stadium de Atlanta, la iglesia Más que Vencedores (MQV) nacida en Paraguay, ya había metido un gol de taquito y con sotana antes del 2 a 0 a Canadá. El ignoto pastor Emilio Agüero Esgaib cerró su breve bendición al torneo con un fuerte “amén” que escucharon 72 mil personas en la cancha y varios millones más en 190 países. Ni el Papa Francisco, futbolero como es, convoca tanta audiencia cuando reza el Ángelus en El Vaticano. La desusada ceremonia dejó patitiesos a los hinchas presentes que no entendían muy bien el porqué. La religión había colocado un pie en templo ajeno, sin su feligresía habitual ni la liturgia neopentecostal que caracteriza a esta expresión de la fe, con bastante penetración en Estados Unidos.

¿Qué hacia ese hombre alto de lentes, barbado y vestido de saco y corbata micrófono en mano? ¿Quién le había habilitado el escenario para gozar de un minuto de efímero revuelo? El personaje predica en Asunción, maneja varios santuarios en su país y hasta uno en el Gran Buenos Aires que se levanta en Burzaco. Es un excampeón de karate y kickboxing –ésas eran sus especialidades– que tuvo más suceso en las artes marciales que el conseguido como pastor hasta la apertura de la Copa. Pero su relación con el presidente de la Conmebol, Alejandro Domínguez, tan hincha de Olimpia como él, le permitió ampliar los límites de su discreta grey paraguaya.

El antiguo “luchador de Cristo” y exarquero de Sportivo Luqueño ocupó por un instante el centro del escenario. Como los viejos predicadores de la Iglesia electrónica a principios de la década del ’80 en EE.UU.

El pastor en su versión peleador.

Agüero Esgaib no tiene vínculos solo con el poderoso dirigente del fútbol sudamericano. A Domínguez suele vérselo en su templo. También compartió con él la inauguración de las obras en abril pasado del remodelado estadio olimpista Osvaldo Domínguez Dibb. Su relación con el ala más conservadora del Partido Colorado que lidera el expresidente Horacio Cartes y su apadrinado Santiago Peña, el actual mandatario, ha sido reflejada por medios paraguayos. “El señor es mi pastor, nada me puede faltar”, dice un salmo de la Biblia.

“Para aquel que cree, todo es posible. Estas palabras nos alientan a no desanimarnos y creer en grande. Amén”, cerró el predicador de Cristo en el estadio de Atlanta mientras Messi y sus compañeros hacían sus últimos movimientos precompetitivos. Su momento de gloria pastoral no era el de un improvisado.

En enero de 2019, Agüero Esgaib bendijo la boda de Juan Pablo Cartes (el hijo mayor de Horacio) y la brasileña Evelyn Glovacki, en el hotel Belmond Copacabana Palace Río de Janeiro. Al año siguiente, el predicador de la Conmebol fue uno de los oradores del conversatorio Defensa de la Vida y Familia, prioridades máximas en el Paraguay, que se desarrolló en un salón de la Asociación Nacional Republicana (ANR), el nombre legal del Partido Colorado.

El luchador de Cristo es un ultramontano de pura cepa. Cuando no tenía la tribuna que le brindó la organización de la Copa América solía despacharse a gusto contra las políticas de género: “Ahora vemos una promiscuidad sexual en toda la sociedad, una degeneración y una cauterización de la mente, principalmente en Europa”.

Más que Vencedores (MQV) consiguió lo que ni las iglesias católicas ni otras expresiones evangélicas pudieron. Pisar la misma cancha que los campeones del mundo antes de un partido oficial por un torneo continental. Jamás hubieran soñado algo semejante ni los más optimistas de sus misioneros cuando nacieron en 2001 en un local comercial sobre la avenida Pettirossi de Asunción. En la página oficial de MQV se menciona una anécdota de aquella época: “Recuerdo que hacíamos panchos con una mayonesa de ajo increíble que preparaba mi mamá. Creo que esa salsa fue uno de los grandes evangelistas que atraía a los jóvenes en aquel entonces”.

De aquella siembra a esta cosecha, es evidente que Agüero Esgaib y sus feligreses han dado un paso adelante gracias a sus vinculaciones político-deportivas. “Lo que más me emocionó fue ese ¡Amén! que se gritó en el Estadio con 72 mil almas al terminar la bendición. Fue transmitida en 190 países. Un mensaje de paz, concordia y perdón. Mucha gente agradecida por ese tiempo. Pero entiendo que a muchos no les haya gustado”, tuiteó después del partido el representante de Cristo y sobrino del diputado cartista, Yamil Esgaib. Todo queda en familia.

Esta iglesia neopentescotal tiene muy claro el impacto multiplicador de los medios. Sabe que de ellos depende la captación de almas vírgenes y la difusión de sus textos bíblicos: “A lo largo de los años nos hemos aliado a grandes cadenas de televisión y radio con programas propios y, permanentemente, a través de nuestros pastores sentamos postura respecto a nuestra fe y principios en debates e invitaciones a diversos programas, especialmente en medios paraguayos”, dice MQV en su web oficial.

La Conmebol le dio una mano adicional con la invitación a predicar en el lujoso Mercedes Benz Stadium. Ni siquiera reparó en el estatuto de la FIFA que establece en el artículo 4, inciso 2, que “se declara neutral en materia de política y religión. Se contemplan excepciones en los casos que afecten a los objetivos estatutarios de la FIFA”. Podría pensarse que, como la bendición de la Copa sucedió en Estados Unidos, no hubo pecado o, como se lee en el reverso de cualquier dólar: “In God we trust”. En Dios confiamos.

Al pastor de los hombres más poderosos del Paraguay hasta lo tradujeron al inglés. Fue un audaz experimento para unir a la pelota con la biblia y que el rebaño quedara cautivo mientras se rezaba una oración. Si Agüero Esgaib bendijo a la Copa, el fútbol también lo consagró a él.

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