Desde Londres

A diferencia de Francia, en el Reino Unido hubo un claro ganador y hay un nuevo gobierno en funciones que cuenta con una abrumadora mayoría parlamentaria. Pero la contundente victoria laborista el jueves contó con un gran aliado: el sistema electoral británico. Con un 34% de los votos, el laborismo conquistó un 64% de los escaños parlamentarias. Gracias a estas reglas electorales, la ultraderecha de Nigel Farage salió tercera con un 16% de los votos y solo un 1% de los diputados (cinco en total).

El líder laborista Sir Keir Starmer, sus ministros y diputados se mostraron conscientes desde que asumieron el viernes del déficit democrático que significa una absoluta mayoría parlamentaria que no representa el número de votos obtenidos en unas elecciones en las que además hubo una abstención de casi el 40% de los votantes. Los laboristas saben que el principal peligro que enfrentan hoy no son los conservadores, que están deshechos y groggys a pesar de ser la principal fuerza de oposición, sino el Reform UK de Farage que salió a celebrar el resultado como si hubiera ganado la copa del mundo.

Con el tono arrogante, desenfadado y populachero que lo caracteriza, Farage no se ha cansado de repetir que ellos son hoy la alternativa de gobierno y que van a tener desde el día uno al laborismo en la mira. Para Farage los más de cuatro millones de votos que conquistó con solo dos años de existencia partidaria son un primer peldaño para las elecciones de 2029.

Que solo hayan logrado cinco diputados en las 650 zonas electorales del Reino Unido, se debe al sistema uninominal de votación, bautizado “first past the post”: el que gana en una zona aunque sea por un voto se lleva el escaño y deja al resto sin representación parlamentaria. Pero el peligro sigue allí. Con ese sistema de locos los conservadores ganaron una abrumadora mayoría parlamentaria hace cinco años y el laborismo de izquierda de Jeremy Corbyn, que obtuvo en 2019 medio millón de votos más que Starmer, quedó reducido a 202 diputados, el peor desempeño electoral laborista en décadas.

Si a estas extravagantes reglas electorales, se le suma que en todo el mundo democrático hay una extraordinaria fluidez de amplios sectores de los votantes debido al debilitamiento de los lazos de pertenencia partidaria y la labilidad ideológica, se ve que los laboristas no pueden dormirse en los laureles. Con solo cinco diputados en la Cámara de los Comunes, el Reform UK salió segundo en 103 circunscripciones: en 93 de ellas detrás del laborismo, desplazando a los conservadores y respirándole en la nuca al partido de Starmer.

El voto joven

Una de las pruebas que exhibió el eufórico Farage para sus pretensiones a futuro es que gracias a su dominio de las redes sociales tuvo un enorme impacto en los menores de 18 años. Los contenidos de Farage en Twitter/X se vieron 40 mil millones de veces: sus twits llegaron a producir más de nueve millones de interacciones. “Dominamos totalmente los medios sociales, sea X, Face Book, Instagram o Tiktok”, se jactó Farage en una conferencia posterior a la elección.

El análisis muestra que en particular en Tik tok, tan popular con la llamada Gen Z (de 11 a 26 años), el partido de Farage aventajó claramente a los laboristas y los tories. En su cuenta personal tiene casi un millón de fans. “Todo esto no se convirtió todavía en votos porque muchos tienen 17 años y no tienen derecho al voto, pero el proceso está en marcha”, se ufanó Farage.

El líder de Reform UK se nutre de hipérboles, no en vano fue el alma mater del Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, “único modo de salvaguardar la independencia británica”. Las encuestas son más medidas respecto a este supuesto fenómeno joven. Un sondeo de JL Partners mostró el crecimiento de Reform UK, pero todavía lo colocó detrás del laborismo entre los de 16 y 17 años. Según la encuestadora además, una buena parte del voto protesta de esta franja de adolescentes fue hacia los verdes. Otra encuesta del conservador Lord Ashcroft muestra que entre el grupo de 18 a 24 años, solo el 8 por ciento votó a Reform que quedó en este grupo etario en quinto lugar después de los verdes y los liberal-demócratas.

El plan de Farage es devorarse al Partido Conservador, sea a través de una fusión o convirtiéndose en el líder carismático después que pocas figuras de peso sobrevivieran a la masacre electoral de la semana pasada. Acá tampoco las tiene todas con él. Según varios medios británicos, la única dirigente conservadora que se inclinó por un acercamiento a Farage fue la ex ministra Suella Braverman, una especie de Patricia Bullrich británica.

En el grueso de los 121 diputados a lo que quedó reducido el partido conservador (perdió 251 escaños), predomina la idea de mantener una identidad propia y guardar la máxima distancia posible con Reform UK. “No podemos seguir hablando de inmigración y nada más. Somos algo más que eso”, dijo un diputado “senior” al he Guardian que no reveló su nombre (nadie quiere asomar la cabeza entre los conservadores)

¿Qué hacer?

Más allá de la interna conservadora, si se autodestruirán o lograrán salir de la crisis, la realidad es que el Reform UK es una fuerza ascendente. ¿Qué hacer con Farage que, además de a un sector joven, atrae a conservadores decepcionados y sectores de la clase trabajadora desclasada del norte, amante de los chivos expiatorios, antieuropea, antiinmigrantes, a veces directamente xenófoba?

Hay dos estrategias a la vista. La económica es que el Reino Unido vuelva al crecimiento y que en estos cinco años de gobierno pueda ir resolviendo gradualmente el descontento con más inversión, empleo y mejora en las condiciones laborales. El gobierno arrancó con todo. En apenas cuatro días, Keir Starmer viajó a Gales, Escocia e Irlanda del Norte para mostrar que está dispuesto a gobernar para todo el Reino Unido tal como anunció en su primer discurso el viernes.

La ministra de Economía del Reino Unido Rachel Reeves anunció este lunes las bases de un plan con toques keynesianos para construir unas 300 mil casas por año, algo que estimulará la actividad económica, el empleo y sería un principio de solución al problema de la vivienda, uno de los que más desvela a los británicos con los precios de alquiler y las hipotecas por los cielos. Pero Reeves se comprometió también a ajustarse a estrictas reglas fiscales para bajar la deuda pública que roza el 100% del PBI y representa más de 10 mil millones de libras mensuales en intereses.

La nacionalización de los ferrocarriles o la creación de una compañía estatal de energía limpia son planes progresistas con resultados a mediano plazo. La urgencia de la población es ver mejoras claras en los servicios públicos, en especial salud y educación, descalabrados luego de 14 años de austeridad conservadora. El enigma es cuánto tiempo le darán los británicos al nuevo gobierno.

La otra estrategia para contrarrestar a la ultraderecha es política. El ex primer ministro Tony Blair, presentó este martes un documento de trabajo preparado por su Institute for Global Change en el que plantea pelear a la derecha en su propio terreno. “Tenemos que ser conscientes sobre cómo opera la ultraderecha. Ellos no inventan el agravio y malestar. Ellos explotan algo que existe. Si queremos evitar que crezcan políticamente, tenemos que lidiar con estos agravios. Necesitamos controles con la inmigración como dijo Keir Starmer. Eso no quiere decir que dejemos de celebrar todos los beneficios que aportan los inmigrantes. Pero necesitamos reglas claras. Cuando no hay reglas claras, alimentamos prejuicios”, señaló Blair que tiene su propia vara mágica para muchos problemas: la Inteligencia Artificial.

El gobierno eliminó el Plan Ruanda de los conservadores, un acuerdo por el que las personas que pedían asilo eran enviadas al país africano hasta que se procesara su solicitud. En vez plantea la creación de una unidad patrullera marítima que controle el ingreso en precarias lanchas de los inmigrantes.

Los desafíos son enormes. El Servicio Nacional de Salud tiene una lista de espera de más de siete millones de personas, incluso para casos graves como oncología. El minimalismo laborista puede mejorar un poco las cosas a corto plazo con solo acabar con la negligencia conservadora, pero para solucionar los problemas de fondo se requerirá audacia, coraje e imaginación para buscar alternativas de crecimiento económico redistributivo que solucione los graves problemas de los servicios públicos y cierren las puertas a un incontenible ascenso de la ultraderecha.