Bill Plympton, crayones y rayones sin manchones
“Quiero que la gente pueda ver variedad”
De los míticos separadores de MTV a videoclips para Kanye West, este animador crucial construyó desde la independencia, rechazando hasta a Disney, para generar una estética única y provocadora.

“Me gustan Pixar, Dreamworks y Disney, y de hecho creo que hacen trabajos excelentes; el problema es que todos tienen la misma apariencia, las mismas ideas, los mismos personajes”, sacude Bill Plympton, uno de los animadores más importantes de las últimas décadas. Desde el borde de la hoja, erigió una prestigiosa carrera y hasta se dio el gusto de confrontar a los grandes popes de la industria: “Hace 20 años le dije que ‘no’ a Disney”. ¿Por qué? “Porque había muchas restricciones. Por ejemplo, si hacía un film por mi cuenta, iban a quedarse con los derechos, y no lo consideré justo. Además tenía un estudio en Nueva York, estábamos haciendo The Tune y no quería que nadie se fuera, no quería despedir a nadie, así que les dije que no”. Y así comienza una historia de coherencia: Bill Plympton es, en esencia, un independiente. “Esa vez le dije que no a un millón de dólares.”

Plympton es famoso en todo el planeta por aquellas animaciones lisérgicas y dementes que hacía para la época dorada de MTV. Esos separadores fueron los que le darían una impronta underground a un canal que, en sus noventeros años mozos, desbordaba originalidad. ¿Cómo olvidar ese clip dibujado en lápiz en el que a un hombre se le hinchaba la cara y el sello del canal le salía por las orejas? Asimismo, es conocido mundialmente por su película Your Face, que obtuvo una nominación al Oscar, por la apertura del episodio 16 de la temporada 28 de Los Simpson y por los videoclips que dirigió para Kanye West (Heard ‘Em Say) y Weird Al Yankovich (Don’t Download This Song y TMZ).

Su última película, Revengeance, con premier latinoamericana en el Fantaspoa brasilero, comprime una sátira de la idiotización gringa y deviene en un anárquico y satírico comentario político pre-Donald Trump. En efecto, Plympton siempre fue un artista alternativo, un lúcido majareta que desde su Torre de Babel –casi siempre de costado, nunca del todo al centro– utilizó su corrosividad para pintar –con crayones y a los rayones– a la sociedad norteamericana. “Trato de romper con esas barreras que son como persianas que no te dejan ver la variedad, quiero que la gente pueda ver variedad”, dice.

Hace unos días, Plympton visitó Argentina en el marco de la Bit Bang Fest, un festival que le rinde tributo a la animación, los videojuegos y las artes digitales. Fanático del ilustrador local Oscar Grillo, en su paso por Buenos Aires flasheó con Ayar Blasco (Ay, qué cool, de Chimiboga, le sacó mil sonrisas), vendió su artwork a sus seguidores y comió con el dibujante Lucas Nine, hijo de Carlos, su gran amigo.

“La primera ilustración que vi en mi vida fue en una revista: una pelea entre una anaconda y un león. Era bastante atemorizante y me dio mucho miedo”, recuerda Plympton, nacido en Portland en 1946. Con su estilo puro y poético, cree que es más poderoso contar una historia sólo con imágenes que utilizando palabras. “Bueno, también hago películas sin diálogos porque no soy buen escritor. Además es más barato hacer una película sin diálogos porque los actores son muy caros”, comenta.

De hecho, lejos de los bríos de las cifras exorbitantes, sus últimos proyectos fueron financiados a puro crowdfunding: “Creo que son el futuro porque a Hollywood no le interesan las ideas nuevas; pero a la gente sí, a los fanáticos sí, entonces ellos se convierten en los productores de Hollywood y son la mejor manera de financiar estos proyectos”.